lunes, 22 de mayo de 2017

Infografía: 7 consejos para mejorar tu trabajo social, y tal...

Durante este curso bloguero he estado abordando una serie de cuestiones, relativas a la disciplina, que me apetecía mucho resumir en una infografía. Aquí está. Con ella despido el blog hasta septiembre. Como siempre, aprovecharé el verano para leer de aquí y de allá. Espero que las lecturas traigan nuevas reflexiones a trabajo social y tal y sobre todo espero que en septiembre nos reencontremos aquí. Sin ti este blog pierde su utilidad.

¡Feliz verano!

PD. De regalo incluyo dos enlaces: el primero es un artículo de Silvia Navarro que seguro te encantará y el segundo es un libro de la Universidad de Deusto, un ladrillo con muy buena pinta (debes registrarte en la página de Deusto para descargarlo).

Imágenes por cortesía de http://www.freepik.es/

sábado, 20 de mayo de 2017

Un vaso es un vaso y un plato es un plato

Imagen vía www.iloveclicks.es

Esta es mi cuarta y última entrada relativa al empobrecimiento del trabajo social en el marco de los servicios sociales actuales. La primera sirvió de introducción, en la segunda me referí al deterioro del trabajo social de casos y en la tercera describí cierta obsesión por la calle como concepto. Cierro el asunto con un tema que tenía pendiente abordar desde hace tiempo: las técnicas.

La técnicas se definen, según la socióloga francesa Madeleine Grawitz, como Procedimientos operativos rigurosos, bien definidos, transmisibles, susceptibles de ser aplicados de nuevo en las mismas condiciones y adoptados al género de problema y de fenómeno en cuestión. Las técnicas son concreciones de los métodos científicos, o dicho de otro modo, son los procedimientos válidos para la obtención de los fines del método en cuestión, por eso no pueden separarse del método científico ni del paradigma al que sirvan, de lo que se deduce que deben estar en consonancia con aquellos.

La idea central de mi argumentación es la que sigue: Existe una importante confusión con respecto a las técnicas, ya que se las posiciona en un lugar que no les corresponde básicamente por dos cuestiones, una, a causa de los requerimientos de nuestros mandos, obsesionados con aliviar la presión asistencial, dos, debido al Síndrome del Aprendiz de Brujo.

Las técnicas forman parte del acervo disciplinar de cada profesional, por lo que no parece adecuado que sea el sistema, en este caso de servicios sociales, el que nos dicte qué técnicas tenemos que aplicar en tal o cual situación. Así, si las técnicas forman parte del repertorio de la profesional no es de recibo que se nos exija sustituir una entrevista individual por una entrevista grupal con el solo objetivo de aliviar la presión asistencial. Lo digo así de rotundo. Debemos ser las propias profesionales las que tengamos el control en el manejo de una u otra técnica, lo que no es incompatible con nuestra obligación como empleadas públicas de optimizar la gestión. Yo soy la primera en utilizar sesiones informativas grupales cuando se trata de convocatorias de subvenciones, informaciones de tipo administrativo, etc. sin embargo, insisto, la decisión debe ser cosa nuestra.

En segundo lugar está el Síndrome de Aprendiz de Brujo, denominado así por Silvia Navarro.
El “síndrome del aprendiz de brujo” viene provocado al confundir los fines con los medios, al activar procesos, procedimientos y mecanismos que acaban perdiendo de vista los fines para los que fueron creados y que, llegados a un punto, no podemos dirigir ni controlar porque ellos han tomado el mando de la nave y empujan nuestras prácticas a su merced, después de vaciarlas de todo aquello que les confiere alma, que las conecta con los principios y valores que las sostienen, con la vida, con las personas.  
Las técnicas, per se, no son buenas ni malas, se usan adecuada o inadecuadamente, y desde luego no generan por sí solas un cambio en las personas atendidas. Pondré un ejemplo: Una entrevista por sí sola no mejora una dinámica familiar disfuncional, pero una entrevista bien realizada es un gran apoyo en el proceso, en el que el paradigma y la capacidad relacional del profesional son los verdaderos protagonistas.

Como decía al principio, las técnicas no pueden separarse del método científico ni del paradigma al que sirvan, y es que no es lo mismo observar, pongamos por caso, desde la perspectiva narrativa que conductual como tampoco es lo mismo entrevistar ni diagnosticar. Por todo ello, aplicar tal o cual técnica debe partir de un marco epistemológico de referencia, de una intencionalidad terapéutica y debe aplicarse en concordancia con lo anterior. Las técnicas, en sí mismas son sólo eso, técnicas. Resumiendo: Un vaso es un vaso y un plato es un plato.

(Madre mía, yo citando a Rajoy...)

Celia Cruz y Jarabe de Palo
A lo loco

lunes, 15 de mayo de 2017

Confesiones de una abuela cebolleta

La vida es un suspiro, una ráfaga de viento, un segundo, un puñado de arena que se escurre entre tus dedos. Ayer era una joven trabajadora social militante en el partido de la rabia contra las injusticias de la sociedad y hoy, tras levantarme de la siesta, me doy cuenta de que soy una abuela cebolleta. Así, a lo bestia.

Ayer recibí un correo electrónico (término que las abuelas cebolletas utilizamos para llamar al correo electrónico) en el que se me enviaba un enlace a la penosa noticia de que el alumnado de la Facultad de Trabajo Social de Zaragoza ha tenido la iniciativa de recoger ropa para las personas sin hogar. Fue leer el correo y cabrearme como una mona (expresión que las abuelas cebolletas utilizamos para decir que la noticia me rayó bastante).

Pensaba escribir una entrada en la que volcar toda mi rabia, o incluso explicar el por qué de mi indignación, pero mi admirado compañero bloguero Pedro Celiméndiz debió sufrir el mismo ataque de cólera que yo así que, cabreado como un mono, escribió la entrada El Trabajo Social ha muerto, un título provocador llamado a la movilización, aunque hay quienes esto de las ironías no lo tienen claro, como el Philomeno de Alejandro Robledillo. Es normal porque parece ser que las figuras retóricas, mejor dicho, las ironías, también son cosa del pasado, como los bolis de cuatro colores o los diarios de campo. Cosas de trabajadoras sociales abuelas cebolletas. Como los enfados. Enfadarse hoy día es casposo.

La prueba de ello es que mientras un grupo de trabajadoras sociales mayores ¡de 40 años! nos horrorizábamos ante la iniciativa del alumnado, otro grupo de compañeras jóvenes se sorprendían de nuestra reacción y comentaban en redes sociales que el trabajo social está más vivo que nunca, que fuera de los servicios sociales se están dando experiencias maravillosas de emprendimiento. No digo yo que no. Es más, digo que sí. Sostengo que hay algunas personas maravillosas con proyectos de autoempleo magníficos y mediáticos (en el mejor sentido del término) haciendo otro trabajo social al margen de los servicios sociales con mucha inteligencia. Personas que, por si fuera poco, son las primeras en salir a la calle a reclamar derechos de ciudadanía y se buscan la vida sin pretender vivir de papá sistema público de servicios sociales versión privatizada.

Es necesario el trabajo social en ejercicio libre, como lo es el trabajo social en otros servicios públicos fuera de los servicios sociales (justicia, educación, salud, prisiones...), lo aclaro porque no quisiera que mi lenguaje caduco diese lugar a confusiones. Lo he defendido siempre. Hay vida fuera de los servicios sociales, he defendido toda mi vida profesional. Y más debería haber.

Dicho esto, esta abuela cebolleta cabreada como una mona también afirma que no solo hay muertos escondidos en el armario de lo público. Muertos que, por cierto, somos nosotros los primeros en sacar a la luz. Algo huele mal en el ejercicio libre también. Lo he podido constatar y hasta aquí puedo leer, que no es esta una entrada para la guerra sino para el desahogo de una vieja.

Esta vieja, desde su desvencijada silla de enea, os recuerda con voz trémula que si se escriben blogs de trabajo social es porque los autores, todos, creemos que podemos cambiar la realidad o al menos aportar algo, cada uno desde nuestro punto de vista. Si creyésemos, literalmente, que el trabajo social ha muerto algunos nos habríamos retirado al interior de nuestra vieja casa, arrastrando los pies con nuestra silla de enea en mano para después cerrar tras de nosotros la puerta de la opinión.


Esta vieja que suscribe ruega que seamos capaces de distinguir lo positivo de lo proactivo, que no se ganaron batallas ofreciendo un ramo de flores al enemigo con una sonrisa. Y es que esta vieja se siente como Homer Simpson cuando dice que es un hombre mágico y vive en la casa de la gominola en la calle de la Piruleta. Esta vieja lee con sus ojos miopes a Raffaelle Simone y asiente con sus también arrugados ojos aún capaces de sentir emoción cuando en su libro El Monstruo Amable explica el concepto de la carnavalización de la vida a la que nos ha condenado el neoliberalismo. Estar enfadada es carca, dice Simone, entre otras cosas. Heme aquí, pues. Con todos ustedes, una carca, o en neolengua, una rancia.

Esta abuela cebolleta os señala, jóvenes, con dedo tembloroso para recordaros que no fue una sonrisa, sino la lucha solitaria de Clara Campoamor la que consiguió el sufragio femenino en España. No fue una sonrisa, sino la valentía de Rosa Parks, sentada desafiante en un asiento de autobús para blancos la que abrió las puertas a los derechos civiles en Estado Unidos. No fueron sonrisas, sino disturbios y sangre en Stonewall los que dieron lugar a los derechos LGTBI y al posterior y carnavalizado Orgullo Gay de hoy. No fueron sonrisas sino carreras delante de los grises y cárcel, mucha cárcel, las que contribuyeron a lo que hoy llamamos democracia que no lo es pero se le parece un poco. No fue la sonrisa de la diputada Ana Diamantopoulou la que consiguió que el Parlamento Europeo reconociese la figura del acoso sexual, sino su lucha tras el mismo acoso sexual que ella padeció de joven. No fue la sonrisa de Berta Cáceres la que salvo a su pueblo de la construcción de una presa que hubiese acabado con la vida de sus habitantes, fue su activismo y le trajo la muerte.

No basta con creer que las cosas son mejores de lo que son para que sean mejores de lo que son. Es una mentira. Tampoco basta con sonreír. Ni con ser optimistas, ni positivos. No conozco un solo ejemplo de la historia en el que las sonrisas, la diversión o las parrandas hayan traído avances sociales. Muy al contrario, son armas de distracción masiva, así que yo me quedo con la caspa y me despido muy cabreada con la iniciativa de Aragón y dos citas, una, del rancio Ernesto Ché Guevara para compañeras casposas como yo:
No somos familia, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante.
Y otra de Chimamanda Ngozi Adichié, joven escritora y feminista, para jóvenes trabajadoras sociales:
Estoy rabiosa. Todos tendríamos que estar rabiosos. La rabia tiene una larga historia de propiciar cambios positivos.

viernes, 12 de mayo de 2017

Tipos de magia

Esta es mi segunda entrada relacionando la debacle de los servicios sociales con el empobrecimiento del trabajo social como disciplina. En la entrada de la semana pasada ofrecí mi punto de vista sobre la deriva del trabajo social de caso; tal es la cosa que hasta yo misma confundí la imagen de Mary Richmond con otra Mary, de apellido Titensor. Mis disculpas a ambas o más bien a sus descendientes y mi agradecimiento a Maite Esnaola por sacarme del error.

Asociados a la debacle de los servicios sociales, observo la emergencia de dos seudoparadigmas del trabajo social actual, al menos en España. Uno es el trabajo social cuñaoque describí hace un tiempo. Consiste, en resumen, en la asunción de discursos seudocientíficos ligados ¡oh, sorpresa! a modelos neoliberales. Por otra parte, también constato otra tendencia a la que he bautizado trabajo social perroflauta, basado en una incomprensible obsesión con la calle como concepto.

Esta manía con la calle se traduce en dos mantras: El primero, que hay que estar más en la calle y menos en el despacho, y el segundo, que hay que hacer trabajo social comunitario en detrimento del trabajo social de casos. Total, que como decía en la anterior entrada, el trabajo social de casos es el chivo expiatorio o, en términos técnicos, es víctima de un epistemicidio disciplinar en toda regla. Epistemicidio es un término de Boaventura de Sousa Santos que descubrí gracias al magnífico artículo del (igualmente) Foro de Servicios Sociales de Madrid.

A pesar de que estar en la calle y hacer trabajo social comunitario se parecen como un huevo a una castaña, ambas cuestiones guardan algo en común: Atribuirles un cierto tipo de magia, cosa muy propia de estos tiempos postmodernos que a algunas nos ha tocado padecer. Pareciera que con salir a la calle o con reunirse con colectivos sonarán las trompetas de Jericó. Nada más lejos de la realidad. Me explico.


Salir a la calle per se no produce absolutamente nada, de la misma forma que hacer visitas a domicilio tampoco produce nada en sí mismo. En román paladino: Como trabajadora social, perfectamente puedo pasarme toda la jornada laboral en la calle realizando una praxis de lo más asistencialista, puede que más que en despacho. Es más, un trabajo social callejero mal enfocado, sobre todo en el medio rural, es una vía directa al paternalismo porque existe un riesgo muy importante de convertirnos en el término viejuno-pero-no-tanto fuerza viva del pueblo (como el cura y el médico), muy reconfortante para nuestro ego a la vez que un obstáculo para la construcción con las personas de proyectos de autonomía.

Aunque me adelanto a la próxima entrada, la praxis profesional no la determinan los escenarios de la intervención como tampoco la determinan los niveles del trabajo social, sino la perspectiva teórica, la destreza en la comunicación, la capacidad en la relación de ayuda, el compromiso ético y, en definitiva, nuestra manera de entender el trabajo social. Que no digo yo, subrayado y con negrita, que los escenarios no sean importantes, lo que afirmo con rotundidad es que no lo son hasta el punto de configurar un hacer asistencialista o un hacer emancipador.

Vayamos ahora a la cuestión del trabajo social comunitario. Me resulta muy triste que una de las fortalezas del trabajo social como disciplina, esto es, la construcción clásica de niveles en trabajo social ahora venga a ser una debilidad. El trabajo social se sustenta sobre la idea de la interacción de los problemas individuales y sociales, Jorge Conde dixit. No es admisible entonces desvestir a un santo para vestir a otro. Hay que hacer trabajo social grupal y comunitario, mas no a costa del trabajo social de casos porque cada uno de estos niveles tiene su propia utilidad, es decir, persigue fines distintos. Y eso, en sí mismo, sí que es estupendo.

Soy de las que creen firmemente en el trabajo social comunitario, sin embargo, considero urgente alejarnos de esa visión naif del trabajo social comunitario si no queremos darnos de bruces con la realidad: En España la sociedad está tensionada, cada día más fragmentada, es víctima de un proceso creciente y escandaloso de desigualdad social y, a todo esto, gobernada en la mayoría de los territorios por el Partido Popular ¿Hacer trabajo social comunitario en el marco de ESTOS servicios sociales? Adelante, lo digo sin ironía. Ni siquiera voy a entrar a valorar qué trabajo social comunitario cabría desplegar.

Eso sí, seamos conscientes de lo que nos vamos a encontrar fuera y, no menos importante, de la acogida que vamos a recibir dentro. El conflicto social nos demanda, debemos lanzarnos sí, con dos salvavidas: Uno, el conocimiento científico de la comunidad sujeto de nuestra intervención y dos, un sólido andamiaje teórico-conceptual, o en palabras de Bibiana Travi:
Una destacable coherencia interna entre los principios filosóficos, los marcos teóricos, la concepción de los sujetos y  la participación política (...) insumos (...) para producir el  proceso de ruptura.
Sugiero, por lo tanto, manejar con cuidado esto del trabajo social comunitario, más allá de lo mágico, para ello la formación se antoja imprescindible. Por mi parte, recomiendo empezar por clásicos como Saul Alinsky y no tan clásicos como Marco Marchioni y, si queremos metodología, es útil el libro de Fernández García y López Peláez, y de postre un artículo de Pirla y Julià, Comunicar lo comunitario, porque da pistas para la reflexión.

Una confesión para finalizar: El párrafo de Bibiana Travi en realidad se refiere a las pioneras del trabajo social. Qué cosas.

Hoy, un clásico
A Kind of Magic
Queen

domingo, 7 de mayo de 2017

Matar a la madre

La debacle de los sistemas de servicios sociales está dando lugar a una preocupante distorsión en el papel de las trabajadoras sociales y, en consecuencia, a un importante empobrecimiento profesional. Sobre esta afirmación me propuse escribir la semana pasada una serie de entradas con el objetivo de aportar soluciones, hoy traigo la primera.

Creo que todas estamos de acuerdo en que, en palabras de Pedro Celiméndiz, los servicios sociales se han convertido (con excepciones) en una gestoría de prestaciones. Esta problemática es generada, como es obvio, por la crisis económica combinada con los recortes sociales, sin embargo también se debe al deslizamiento de contexto provocado por las propias profesionales que, con un martillo como única herramienta, tendemos a tratarlo todo como un clavo. 

Trataré de explicarme mejor. Para ello voy a partir de la entrada de mi compañero Nacho Santás en su blog Pasión por el Trabajo Social titulada la entrevista y el síndrome de estocolmo, más concretamente de un párrafo que suscribo y comparto aquí:
La entrevista individual, empleada con quien realmente no tiene motivación para protagonizar un cambio, se convierte (nos pasaría a cualquiera) en “dar la chapa”: una pérdida de tiempo por ambos lados y para el propio Sistema.
Efectivamente, dar la chapa no debería ser el cometido de las trabajadoras sociales de atención primaria ¿Por qué se produce entonces la intervención individual chapística? A mi juicio, se dan cuatro aspectos que interrelacionan entre sí:
  1. Perversión de las ayudas económicas, condicionadas erróneamente al logro de objetivos impuestos por el sistema, en lugar de tratarse de objetivos marcados por la persona atendida (No entraré aquí en el importante asunto de si las ayudas económicas deben ir o no acompañadas de proyecto de intervención o condicionadas al cumplimiento de objetivos)
  2. Establecimiento de contextos de intervención inadecuados.
  3. Actitudes profesionales paternalistas.
  4. Escasa formación psicoterapéutica en muchas profesionales del sistema.
En mi opinión, el trabajo social de casos se ha convertido en el chivo expiatorio de los males del sistema de servicios sociales: Se le culpa de restar tiempo para otras cuestiones, se le culpa del abandono de los otros niveles del trabajo social (grupal y comunitario), se le culpa de posicionamientos acomodaticios en despacho, etc... ¡Pobrecito mío!

Esta miopía hacia el trabajo social individual-familiar redunda en un menosprecio que desemboca en el empobrecimiento profesional del que hablaba. Por ello, la solución no puede ser matar al padre (en este caso a la madre) sino recuperar el trabajo social de casos, pero el de verdad, no la gestoría de prestaciones ni la charla sacerdotal ¿Cómo se hace esto?

Mary Richomnd (creo)
En primer lugar, lo evidente: Como profesionales es imperativo exigir al sistema desde lo corporativo que nos descargue de presión asistencial, no obstante, también debemos liberarnos del síndrome Gollum, del que ya he hablado en otras ocasiones, consistente en querer toda la demanda para nosotras. Aquellos actos administrativos que no requieran valoración diagnóstica ni intervención deben ser asumidos por personal administrativo, pongo por caso la tramitación del título de familia numerosa.

En segundo lugar, animo al aprendizaje acerca de los contextos profesionales de cambio. A mí me han ayudado a mejorar ostensiblemente el trabajo individual-familiar. Afortunadamente en España contamos con dos autoridades en la materia, como son Josefa Cardona y José Francisco Campos, de la Universidad de las Islas Baleares. De hecho, la tesis doctoral de Cardona lleva por título La Definición del contexto de intervención en el trabajo social de casos. Tienen además artículos muy interesantes, aquí enlazo uno de ellos.

En tercer y último lugar, formación, formación y formación. Para que las personas atendidas puedan protagonizar un cambio es necesaria la motivación, cierto, por eso existen modelos que precisamente nos orientan hacia la adquisición de la motivación necesaria para afrontar cambios. Se me ocurre a bote pronto el modelo transteórico, cuya aplicación a los servicios sociales de atención primaria podría ofrecer buenos resultados, ya que una de sus patas es precisamente la Entrevista Motivacional de Miller y Rollnick, de tipo conductual.

Hay otros modelos de corte humanista, modelos no directivos basados en Carl Rogers y, por supuesto, el universo sistémico, cuya rama narrativa está de rabiosa actualidad. Los modelos feministas juegan también un papel fundamental en el giro hacia intervenciones que rompan con las dinámicas patriarcales, en fin, que hay perspectivas para todos los gustos, lo importante es formarse e intervenir con criterio.

Abogo, por tanto, por una recuperación del Trabajo Social de Casos con mayúsculas ¿Que le resta tiempo a otros niveles del trabajo social? Esa, amigas, es otra historia. Me la reservo para la semana que viene.

Lukas Graham
Mama said

lunes, 1 de mayo de 2017

Los servicios sociales, crujiendo en la ciaboga ¿Y las remeras?

Ciaboga es una palabra que no conocía. Es una maniobra marinera consistente en dar la vuelta en redondo a una embarcación de remos, moviéndolos de un lado en sentido contrario a los del otro. El otro día la descubrí en una entrada de Fernando Fantova titulada Los servicios sociales, crujiendo en la ciaboga. Un interesante símil el de la embarcación y los servicios sociales que me ha hecho pensar en el esfuerzo que debe suponer la maniobra para las remeras.


Imagino que a los crujidos del barco les acompañarán los quejidos de las remeras: La crisis económica y los recortes han dado lugar a una demanda masiva de prestaciones. Los requerimientos y exigencias de los mandos y jefaturas en la línea de achicar agua son allanados por la escandalosa y a la vez archisabida indefinición del sistema.

Quejidos en el hacer y catatonia profesional en el pensar al vernos convertidas, impotentes (o quizá no), en gestoras de prestaciones económico-sociales. Porque los servicios sociales se han convertido en eso, en gestorías de prestaciones (salvo excepciones). Una debacle, la de los sistemas de servicios sociales, que está dando lugar a un no menos preocupante empobrecimiento profesional . Esa es la idea central de mi argumento, subrayado y en negrita.

Me encuentro entre las profesionales que piensan que, de un tiempo a esta parte, los servicios sociales hacen más mal que bien al trabajo social, lo digo así, sin paliativos. Al menos yo, como profesional del trabajo social, me siento dentro del sistema como una de las damas regordetas del cuento de la cenicienta, intentando que mi también regordete pie entre en un zapato jodidamente pequeño e incómodo que además no me gusta nada. En realidad siempre tengo la sensación de que abulto demasiado y no encajo del todo en ningún sitio, pero ese es otro tema.


A riesgo de convertirme en el repelente niño Vicente, mi perspectiva acerca del devenir del trabajo social en nuestro país no es, lamentablemente, demasiado positiva. Observo mucha superficialidad en los análisis, caracterizados en su mayoría por una insoportable mezcla entre trabajo social y servicios sociales. Los análisis que afortunadamente no incurren en esa confusión ofrecen variadas conclusiones; algunas las comparto plenamente, otras las comparto con matices y un buen número las considero simplemente ocurrencias. Debo confesar que las ocurrencias, recién leídas, me enfadan, aunque después keep calm and caigo en que son el resultado de estos tiempos de adanismo en el que parece que toda solución a un problema pasa por matar al padre

Resumiendo, como de lo que se trata aquí es de remar, o sea, (*) menos samba y más traballarreflexionaré en tres entradas cortitas alrededor de temas claves para evitar el empobrecimiento profesional, peligroso para el propio sistema, más aún para nosotras como profesionales del trabajo social, estemos dentro o fuera de él. Porque hay vida fuera, a dios gracias, y más debería haber (qué manía tenemos con meter todo bajo el paraguas de los servicios sociales...)

Hoy es 1 de mayo. No tengo previsto matar al padre aunque se merezca una buena paliza, así que animo a salir a la calle y manifestarnos con los sindicatos. Sobran los motivos para las dos cosas.

Hoy traigo una canción preciosa de Luis Pastor acompañado de Bebe: Aguas Abril
He puesto una versión con subtítulos por si eres de latinoamérica, es que 
el acento extremeño, como el andaluz, no siempre resulta fácil. 
Como todo lo bueno, o casi.

(*) Las amigas de Brasil me perdonen la broma.

viernes, 21 de abril de 2017

Saber femenino, vida y acción social


Acabo de terminar el segundo libro de Silvia Navarro Pedreño Saber femenino, vida y acción social. Su primer libro, Redes sociales y construcción comunitaria, fue un descubrimiento, y es que me encanta el universo tan particular que Silvia consigue crear al escribir y, sobre todo, que lo haga en el marco del Trabajo Social. He ido pues leyendo sus relatos con devoción mariana. Por fin llegó el segundo libro. Un parto complicado (nunca mejor dicho) ya que le ha llevado cinco años escribirlo.

Leer a Silvia requiere sosiego y concentración tanto por el contenido como por la forma. Tiende puentes con otras autoras y otras ideas, enlaza cuentos, introduce personajes y relatos de aquí y de allá y evoca paisajes a modo de metáfora. El cuidado con el que utiliza las palabras y las frases hace que imponga su propio ritmo, pausado. Más allá de esto ¿De qué va el libro? Pues básicamente se trata de un análisis feminista de la acción social en particular y la vida en general, distribuida en cuatro partes: La otra historia, el otro saber, Una revolución paciente y silenciosa, Vida artesana y En la acción social el sur también existe.

Me han parecido especialmente reveladoras la primera y segunda parte, dedicadas al feminismo (quizá porque sus posicionamientos en lo referente a la acción social ya los conocía a través de sus relatos). Propone en estas dos partes una nueva manera de pensar y hacer partiendo del feminismo de la diferencia. La tercera recoge un análisis alternativo de las organizaciones y la cuarta se centra sobre la acción social propiamente dicha.

En definitiva, se trata de un libro que, desde tesis postmodernas, aporta una mirada violeta al trabajo social de nuestro país y es, en palabras de la autora, una llamada urgente a lo insurgente, a reaccionar y reinventarnos, a restaurar una esperanza en lo improbable. Qué inspirador y qué necesario ¿Verdad?

Ibeyi
Stranger / Lover

viernes, 14 de abril de 2017

La trampa de la pobreza en servicios sociales

La pobreza es la imposibilidad de pensarte distinto
Martín Caparrós


Acabo de leer en el blog del SIIS una interesante entrada titulada Las ayudas sociales ¿Trampa o trampolín?, en la que se analiza un estudio de la Unión Europea sobre los sistemas de ayudas sociales en Europa y su influencia en los procesos de exclusión social. Sugerente la última parte de la entrada, que cito textualmente (aunque animo a su lectura completa desde el enlace):
La última parte del estudio se dedica a estudiar en qué medida percibir ayudas sociales durante un periodo constituye un factor de riesgo para llegar a percibir prestaciones económicas en el futuro. Parece claro, indican los autores, que recibir ayudas un año determinado aumenta considerablemente el riesgo de hacerlo también durante el siguiente. Este hecho sugiere que podría haber personas ‘dependientes’ de la asistencia social. No obstante, los autores señalan que, en este contexto, es necesario tener en cuenta el perfil de quienes de manera repetida recurren a las prestaciones económicas: si estas personas reúnen características tales como, por ejemplo, tener un nivel educativo bajo, o ser madre o padre monoparental, no se podría hablar de facto de una dependencia. La dependencia a largo plazo de los sistemas de protección social se produce, según los autores, cuando el propio sistema provoca, de alguna manera, esa supeditación (el subrayado es mío).
¿Provoca el sistema, de alguna manera, la supeditación de las personas empobrecidas a las ayudas sociales? Parece claro que, de alguna manera, sí. Como sabemos, el sistema de bienestar social español se sostiene sobre la creación y diferenciación entre prestaciones contributivas, es decir, aquellas a las que tenemos acceso tras haber cotizado a la Seguridad Social y asistencia social para aquellas personas que, por diversas razones, no lo han hecho.

Entre las diversas razones para no acceder al mercado laboral  la trampa de la pobreza juega un papel muy importante. La trampa de la pobreza es, como también sabemos, un mecanismo auto mantenido que provoca que la pobreza persista. Si persiste de generación a generación, la trampa comienza a perpetuarse si no se toman medidas para romper este círculo. La ciudadanía en general apenas es consciente de esta realidad, pero es más preocupante el hecho de que, nosotras, las profesionales de la intervención social a veces pasamos por alto esta problemática, que incide muy negativamente en procesos de acompañamiento hacia dinámicas de autonomía.

Pondré tres casos míos, brevemente, a modo de ejemplo:
  1. Familia compuesta por cuatro miembros: Padre con discapacidad, perceptor de pensión no contributiva (25 años de vida laboral), madre con obesidad mórbida sin discapacidad reconocida y dos niños.
  2. Hombre de 46 años, perceptor del salario social, que es admitido en programa de contratación para personas en exclusión de la Junta de Andalucía, con un contrato de 1 mes.
  3.  Anciana de 81 años con pensión no contributiva y en situación de dependencia con grado II que convive con su hija soltera de 52 años, en desempleo.
En el caso 1 hablamos de una familia con dependencia crónica de los servicios y en proceso de exclusión social severa. Nuestra estrategia: La discapacidad del marido no le impide trabajar y además tiene una vida laboral extensa, la esposa no puede trabajar por su obesidad. Compaginar la pensión no contributiva con empleos intermitentes para él mejoraría ostensiblemente sus ingresos y haría que el marido se reincorporase al universo contributivo.

La estrategia de la familia: Nos ha costado un mundo conseguir la pensión no contributiva (cierto) y no podemos permitirnos perderla. Mi marido no puede trabajar porque se la quitarían (cierto) así que yo, la esposa, iré alternando empleos del ayuntamiento (que de ahí no me echan) con ayudas de los asuntos sociales.

¿Qué elección será la más adecuada para ellos?

El caso 2 se refiere a un hombre que ha estado esperando el salario social 9 meses, durante los cuales ha sobrevivido mal, con empleos irregulares y ayudas de los servicios sociales. Tras 9 meses esperando el salario tiene que elegir entre un contrato de un mes no renovable o 6 meses de salario social.

¿Qué elección será la más adecuada para él?

El caso 3 ilustra como la Ley de Dependencia tampoco escapa a la trampa de la pobreza: Lo deseable es que la hija pueda acceder al mercado laboral ya que cuando fallezca su madre no tendrá derecho a ninguna prestación y debe imperiosamente cotizar si quiere tener una jubilación más o menos digna. Entretanto la madre disfrutaría del servicio de ayuda a domicilio para que apoye durante la jornada laboral de la hija, sin embargo ¿Cómo dejar pasar la Prestación Económica por Cuidados en el Entorno familiar con 360 euros de ingresos para dos personas? Una prestación, la PECEF, que no genera cotizaciones gracias al famoso decreto de 2012 made in Rajoy.

¿Qué elección será la más adecuada para ellas?

Aunque, pensándolo bien ¿No será que las preguntas están mal formuladas? Cuando la supervivencia es el objetivo, cuando la solución se convierte en problema, la pregunta es ¿Hay posibilidad de elegir?

Hoy es 14 de abril, Día de la República. Uno de los valores centrales del ideal republicano es, en palabras de Raventós y Domènech, el concepto de libertad, que pivota sobre la idea de vivir sin permiso, es decir, no tener que pedir permiso a nadie para vivir, gozando de una base material independiente de existencia a la que ahora llamamos Renta Básica. Una medida de justicia conmutativa, un derecho histórico derivado del proceso de desposesión capitalista que comenzó ya en el siglo XVIII. Robespierre, consciente de todo esto, se proponía universalizar la libertad incorporando a los pobres a la República, sí, Robespierre, el de la guillotina. Qué cosas...



La leyenda del tiempo
Chip Wickham por Camarón de la Isla

jueves, 6 de abril de 2017

Tragar o no tragar

El pasado 24 de marzo ocho activistas de distintos colectivos de Euskadi iniciaron una huelga de hambre con el lema No Tragamos y el objetivo de que el gobierno vasco rectifique en su actual política de recortes a la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). Sus reivindicaciones son compartidas por un amplio sector de la ciudadanía y además cuentan con el apoyo de diferentes instituciones que se han sumado a la protesta. Transcribo aquí sus nombres con la disculpa anticipada por si alguno lo he escrito incorrectamente o me olvido de alguien:

  • EKAIN-REDES PARA LA INCLUSION SOCIAL: CONGD EUSKADI: Coordinadora de ONG de Desarrollo de Euskadi, EAPN EUSKADI: Red Europea de lucha contra la pobreza y la exclusión social en Euskadi, GIZATEA: Asociación de Empresas de Inserción del País Vasco, HARRESIAK APURTUZ: Coordinadora de ONG de Euskadi de Apoyo a Inmigrantes HIREKIN: Asociación de entidades de iniciativa e intervención social de Euskadi, REAS EUSKADI: Red de Economía Alternativa y Solidarias.
  • COLECTIVOS SOCIALES: Argilan-ESK, Argitan (Centro Asesor de la Mujer, Barakaldo), Asociación de Trabajadoras de Hogar de Bizkaia, Baietz Basauri!, Berri-Otxoak (Barakaldo), Brujas y Diversas, Danok Lan (Galdakao), Elkartzen, Mujeres del Mundo, Posada de los Abrazos/Besarkatuz, PAH Bizkaia-Kaleratzerik EZ!; SOS Racismo; Erletxea (Punto Información y Agitación Social, Irún); Plataforma de Afectad@s por Lanbide de Gipuzkoa.
  • AGRUPACIONES DE PENSIONISTAS: Pentsionistak Martxan Bizkaia; Arabako Pentsionistak Lanean, Gipuzkoako Duintasuna Elkarteak.
  • SINDICATOS: ELA, LAB, CCOO, UGT, ESK, STEILAS y CGT.
Unas semanas antes del 24 de marzo, concretamente el día 8, Paco Vega, un malagueño de 64 años comenzaba una huelga de hambre reivindicando la puesta en marcha de una renta básica para Andalucía, tal y como establece el Art. 23.2 de nuestro Estatuto de Autonomía: Todos tienen derecho a una renta básica que garantice unas condiciones de vida digna y a recibirla, en caso de necesidad, de los poderes públicos con arreglo a lo dispuesto en la ley.

Lo que el Estatuto de Autonomía para Andalucía promulga no es una Renta Básica propiamente dicha sino una Renta Mínima, bien es verdad. Al margen de esta importante puntualización, el drama: Andalucía es una comunidad con 8.411.205 habitantes y 1.120.000 personas en paro según datos de la Encuesta de Población Activa de Andalucía del cuarto trimestre de 2016. O dicho de otro modo: Ocho millones y medio de personas y un millón ciento veinte mil parados. Otro dato: Andalucía lidera la tasa de pobreza por renta y producto interior bruto en España: un 29,3%, según EAPN Madrid. Ejemplos entre muchos otros que podríamos citar: Desigualdad, pobreza infantil, abandono escolar... cifras para la vergüenza que señalan con el dedo el fracaso de los sucesivos gobiernos del PSOE.

Para paliar la carencia de ingresos en Andalucía la mejor herramienta disponible es un Programa de Solidaridad de los Andaluces en tal estado de catatonia que el Defensor del Pueblo Andaluz, acosado por la hemorragia de quejas ciudadanas, ha amonestado a la Consejería en numerosas ocasiones. Es más, el Defensor del Pueblo acaba de solicitar una regulación transitoria en tanto se aprueba la nueva Ley de Renta Básica de Andalucía, solicitud basada en el informe especial que este órgano presentó el pasado diciembre.

La nueva Ley de Renta Básica es una vieja reivindicación, aunque de unos pocos colectivos sociales de esta comunidad: EAPN Andalucía, Zambra-Baladre, Plataforma de Afectados y poco más, sin embargo para las instituciones sociales relevantes no pasa de ser una moda. En consecuencia, tampoco es un asunto relevante para la ciudadanía. Es paradójico pero explicable que este subdesarrollo secular que padecemos en Andalucía rara vez se traduzca en alguna movilización ciudadana, al contrario que en Euskadi. En Euskadi no tragan. Aquí tragamos. Todos excepto Paco Vega. El 11 se reúne con la Consejera. Veremos...

jueves, 30 de marzo de 2017

El maldito régimen de concurrencia competitiva

El régimen de concurrencia competitiva es una vía para acceder a prestaciones y subvenciones en diferentes áreas de la administración. En Andalucía cada año la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta abre una convocatoria de ayudas públicas, tanto institucionales (para corporaciones locales y entidades de iniciativa social) como individuales, que suele causarnos no pocos quebraderos de cabeza a las profesionales. Estas ayudas se reparten atendiendo a la modalidad mencionada, de ahí el título de la entrada.

Hace un tiempo debatí sobre prestaciones económicas en twitter y salió a colación este tema. Me comprometí, tras tachar esta convocatoria de nefasta, a explicar por qué a las profesionales nos da tantos problemas el régimen de concurrencia competitiva, así que aprovechando que se ha abierto el plazo voy a ello. Debo hacer dos matizaciones previas: En primer lugar, la crítica se sitúa desde el plano de la intervención social y dirigida a la modalidad individual, aunque sería bien interesante poder analizar esta convocatoria con datos macroeconómicos y analizar también la modalidad institucional; si alguien se anima, suerte con la Consejería...

En segundo lugar, la convocatoria genera problemas relacionados con la modalidad de concesión, pero también por cuestiones relacionadas con trabas burocráticas; en mi malévola opinión estas trabas no son accidentales, empezaré por estas últimas. Hay tres modalidades en la convocatoria individual:


Las ayudas a las que se puede acceder están casi todas asociadas a conceptos que hace muchos años deberían estar fuera del sistema público de servicios sociales: Prótesis dentales en el caso de personas mayores, prótesis y órtesis variadas para personas con discapacidad. No tiene sentido que estas cuestiones no estén cubiertas o al menos sufragadas por salud, pero es que para colmo la nueva modalidad de jóvenes lo que cubre es una serie de gastos relacionados con la formación académica. No tiene sentido tampoco que educación no asuma estas ayudas.

La convocatoria se abre cada año en un período distinto (algunos años se ha abierto en agosto) y permanece abierta durante un mes. Apenas se publicita y el trámite es cuasi telemático. Curiosa excepción al decimonónico proceder de la Junta de Andalucía que ni se inmuta al requerir documentación que ya obra en su poder o simplemente que no debería requerir. Debo confesar que las corporaciones locales no le van a la zaga ¡Y eso que la ley de administración electrónica es de 2007!

Tanto los requerimientos de documentación como la relación de solicitudes aprobadas o denegadas no se notifican a las solicitantes, y es los delegados / as saben que firmar una resolución pidiendo papeles o denegando un recurso no es cosa de broma y menos en períodos electorales. Se cuelgan en la página web, en el BOJA y ¡alehop! Una página web, por cierto, solo apta para hackers, doy fe. Minucias todas ellas comparadas con los problemas que genera el régimen de concurrencia competitiva. 


De entrada, es muy difícil hacer entender a la gente el concepto concurrencia competitiva; lo primero que te preguntan es ¿Pero tengo derecho o no?¿Y cómo sé si me va a llegar a mí el dinero?. Lo segundo que te preguntan es ¿Cuánto me van a dar? Preguntas todas ellas muy raras, como se puede observar, para las que los profesionales no tenemos respuesta porque la cuantía que se aprueba varía y no suele ser el total, lo que nos lleva a vivir una y otra vez la siguiente casuística digna del día de la marmota: 
Persona con discapacidad que solicita ayuda para un audífono que cuesta 2.000 €, le aprueban 300 € pero debe justificar los 2.000. Como la persona no tiene el dinero para hacer frente a la compra del audífono, no puede enviar la factura y la Junta le pide que devuelva el dinero después de haberle aprobado la solicitud. Y ya para hacer la croqueta, tenemos la modalidad gente en situación de pobreza que está cobrando el salario social, cree que es una mensualidad del salario (porque viene de la misma entidad) y se lo gasta ¡Arsa y olé! ¡Si es que es mejor que no lo soliciten! (Pero explícaselo tú a la persona sorda que necesita el audífono y piensa ¿y si me lo pagan?...)
¿A que son odiosos la convocatoria de ayudas públicas de la Junta de Andalucía y el puñetero régimen de concurrencia competitiva? ¿A que sí?

Maui
La noche perfecta

domingo, 26 de marzo de 2017

Diez apuntes a propósito del Día del Trabajo Social

He vivido una semana inolvidable con motivo del Día Mundial del Trabajo Social. Las diferentes actividades en las que he participado, las conversaciones distendidas entre compañeras y el hecho de poder conocer personalmente a amigas de las redes me han supuesto un importante crecimiento personal y profesional; como colofón, los días en Lleida, que quedarán grabados en el alma.

En la actividad organizada por Agora Treball Social
(Espero no haber parecido una abuela cebolleta)

Emociones aparte, de todas estas experiencias me traigo algunas ideas que expongo aquí con el objetivo de compartir la reflexión y contribuir al debate:
  1. Es crucial trazar una ruta compartida por la que queramos transitar como profesionales. Silvia Navarro lo explicó muy bien en Lleida: Si no sabemos hacia adonde queremos ir, en el mejor de los casos seremos barco a la deriva, y, en el peor, serán vientos ajenos a nosotras los que marquen el rumbo de nuestra nave. 
  2. Es importante aumentar nuestra conciencia acerca de qué paradigmas sociopolíticos orientan las sociedades actuales y actuar en consecuencia (sea para apoyarlos, sea para enfrentarnos a ellos, sea para modificarlos): El trabajo social actual, como el resto de ciencias sociales (y las ciencias en general), es producto de la sociedad posfordista y su devenir como disciplina es, en gran medida, víctima de las contradicciones de un modelo de bienestar que se sustenta sobre el workfare y que, digámoslo sin rodeos, ha fracasado. 
  3. Urge recuperar lo relacional como eje sobre el que pivotar nuestra acción profesional: Aparcar la gestión en pro de la intervención basada en lo relacional es garantía de supervivencia. Lo curioso es que nos agarramos a la gestión, en una suerte de síndrome Gollum que no acabo de entender. Luis Barriga señalaba que esto se debe a que la intervención pura y dura navega por el proceloso mar de la incertidumbre y resulta muy ansiógeno para las profesionales, que preferimos, en el fondo, la certidumbre de los papeles.
  4. Es imprescindible incorporar -de una vez- el feminismo al trabajo social: Si el trabajo social persigue la trasformación social, no tiene sentido seguir legitimando con nuestra praxis dinámicas patriarcales. Incorporar la perspectiva feminista es, por otra parte, pagar una deuda que las trabajadoras sociales tenemos con nuestras predecesoras. (El último libro de Silvia Navarro es referencia obligada, lo traeré próximamente al blog)
  5. Tender puentes entre la teoría y la práctica es fácil si es lo que queremos realmente: Seamos honestas ¿No será que no nos interesa confluir porque estamos más cómodas cada una a la suya? Y es que ¡Mira que es fácil! Hay mil caminos por descubrir si existe interés por recorrerlos. En esta línea aplaudo la iniciativa de la Complutense De Marrones, Dilemas y Conflictos Éticos. Me hubiese encantado poder asistir, pero tendré que conformarme con verla por youtube
  6. Es necesario mirar de frente a los movimientos sociales y ofrecer propuestas desde el trabajo social: Los movimientos sociales constituyen auténticas herramientas de participación ciudadana, y por ello la búsqueda de alianzas es impepinable. No podemos obviar que son espacios maravillosos desde los que desplegar trabajo social comunitario, a pesar de la problemática de los escraches, que debe ser abordada con seriedad por las administraciones y es que no es admisible dejar a las profesionales a los pies de los caballos. Desde luego yo no quisiera ponerme en la piel de las compañeras que hayan sufrido esta canallada ¡Los escraches, en todo caso, a la clase política, señores!
  7. Los espacios horizontales de intercambio de ideas son muy enriquecedores: En todas direcciones. Los congresos, jornadas y seminarios actuales funcionan bien como transmisores de conocimiento, pero si lo que se persigue es el intercambio y el enriquecimiento mutuo existen otros formatos en los que debatir desde posiciones de igualdad. Esa fue la apuesta de Ágora Treball Social en Lleida para el Día Mundial y doy fe de que fue todo un éxito.
  8. Las jóvenes tienen mucho y bueno que decir: Si se les deja espacios, claro. Congresos como el de Almería, organizado por la Universidad y dirigido especialmente a jóvenes investigadoras, son, en mi opinión, todo un acierto. Escuché comunicaciones que me dejaron boquiabierta. Aquí me voy a permitir ser tajante: O somos capaces de ofrecer a la gente joven espacios en el que tengan cabida o la ruptura que estamos padeciendo entre una generación de trabajadoras sociales y otras (que está ahí aunque no la queramos ver) se acrecentará. 
  9. Generar estados de opinión, una asignatura (aún) pendiente: A través de la escritura en medios de comunicación locales, de la participación en programas de radio, de TV. Por otras vías, el arte (de eso saben mucho Israel Hergón y Alejandro Robledillo), lo que sea ¡Salgamos a opinar! ¿A qué esperamos?
  10. Perder el miedo es vivir mejor: Mi última reflexión en este decálogo que me he sacado de la manga es, más que una reflexión, un motivo para la esperanza. Parece que vamos perdiendo, por fin, los miedos. Solas no podemos, con amigas sí. El miedo a objetar cuando nos ordenan acciones que vulneran nuestro código deontológico aminora si contamos con el apoyo colegial y constato un buen avance por parte del Consejo en esa línea. Por otra parte, hay compañeras que nos abren el camino para la reivindicación: el Foro de Servicios Sociales de Madrid, las Plataformas Valencianas de Dependencia o en Defensa del Trabajo Social, la Red Canaria en Defensa de los Servicios Sociales, Ágora Treball Social, Llei D´Engel, gente de Cantabria, de Galicia, de Euskadi y muchas otras de las que me olvido y espero sepan perdonármelo. Desde Andalucía sigo a estas plataformas con mucha admiración y envidia, todo hay que decirlo, pero Andalucía es harina de otro costal. Dedicaré una entrada a ello.
No puedo cerrar esta entrada sin agradecimientos, perdóname el momento autobombo, pero no sería bien nacida si no soy agradecida: A Óscar Cebolla, por incluirme en su dibujo (un honor que no merezco), al Colegio de Trabajo Social de Galicia por pensar en mí para entrevistarme, al Colegio de Trabajo Social de Cataluña, delegación de Lleida, a la Universidad de Lleida y a Ágora Treball Social por su calurosísima acogida y por hacernos pasar unos días inolvidables en Cataluña (una tierra fantástica, oscurecida por demasiadas interferencias políticas y mediáticas) a las compañeras que se me han acercado en las distintas actividades para hablar de este blog, y al blog mismo, porque gracias a tí, Trabajo Social y tal de mi alma, he conocido a gente maravillosa y la que me queda por conocer...

Dedico esta entrada a Alba Pirla, una trabajadora social de los pies a la cabeza, catalana y rumbera por los cuatro costados.

El Garrotín de Lleida es una mezcla de Garrotín clásico
y rumba catalana, que se canta sobre la base de un estribillo que se repite
una y otra vez y estrofas que son improvisadas por quien se anima a ello.
El Garrotín de Lleida es una maravilla porque gira en torno a la participación colectiva.
Traigo hoy una muestra de Garrotín de Lleida y de Garrotín clásico, que es un
palo del flamenco, propio, sobre todo, de Cádiz. Que lo disfruten...

martes, 21 de marzo de 2017

Promoviendo comunidades y entornos sostenibles


¿Qué significa trabajar hacia comunidades y entornos sostenibles? ¿Es un lema adecuado para el Día mundial del trabajo social? Estos interrogantes me vinieron, así, a bote pronto al ver el cartel del evento. Tras recibir, como el resto de mis compañeras, el encargo de la #BlogoTSfera he decidido responderlos a mi manera.


De entrada, confieso que me sorprendió encontrar en el lema el término sostenible, un vocablo que me enoja cada vez que lo leo porque suele usarse, junto con muchos otros, por la neolengua neoliberal, aunque ni tan neo es la una como la otra porque desde Reagan y Thatcher los gobiernos, parapetados tras la sostenibilidad, perpetran recortes sociales, destruyen derechos alcanzados en el pasado y avanzan -intencionadamente- hacia sociedades cada vez más desiguales.

Me puse entonces a leer el argumentario de este día para no dejarme llevar por el prejuicio. La Agenda Global del Trabajo Social establece:
El lema de este año es "Promoviendo comunidades y entornos sostenibles", referido al tercer pilar de los compromisos de la Agenda Global del Trabajo Social y Desarrollo Social y cuya duración es de dos años, siendo 2017 el primer año para su celebración.
La agenda global del trabajo social asimismo contempla cuatro ejes
  • Promoción de la equidad social y económica.
  • Promoción de la dignidad y la valía de las personas.
  • Trabajar hacia la sostenibilidad ambiental.
  • Fortalecimiento del reconocimiento de la importancia de las relaciones humanas.
Respiré aliviada al comprobar que la sostenibilidad se refiere en este caso al medio ambiente; sin embargo, igual cabría preguntarse si la sostenibilidad ambiental pudiera resultar un objetivo un tanto naïf para el trabajo social. Mi respuesta: Lo es y no lo es.

Lo es si contemplamos la problemática medioambiental como un fenómeno concreto, particular y deslabazado de otros asuntos vitales para el bienestar como es, a priori, el trabajo social o la desigualdad social, así en general. La tendencia actual a separar y compartimentar las áreas de conocimiento ofrece muchas ventajas: Permite estudiar con minuciosidad un fenómeno y colocar en las agendas políticas y mediáticas cuestiones muy concretas (como los servicios sociales).

Por contra, encierra también sus efectos perversos, en mi opinión: Uno, que obviamos la perspectiva macro de por qué suceden las cosas y dos, que las reivindicaciones se fragmentan, como ocurre con las mareas, entre otros colectivos sociales. Conste que, con matices, estoy muy a favor de las mareas.

Leamos ahora estas dos noticias. La primera: En marzo del año pasado asesinaron a Berta Cáceres, activista hondureña defensora del medio ambiente. La campaña emprendida por Cáceres había logrado que el constructor más grande de presas a nivel mundial, la compañía de propiedad estatal china Sinohydro, retirara su participación en el proyecto hidroeléctrico. La Corporación Financiera Internacional, institución del Banco Mundial que invierte en el sector privado, también abandonó la iniciativa. 


Berta Cáceres
Imagen: El Heraldo de Honduras

La segunda, hace unos días, el 13 de marzo: 46 personas murieron sepultadas por una montaña de basura en Etiopía. No apareció en los medios, claro, porque es fácil deducir de dónde vienen y qué hacen allí esas malditas montañas de basura, lo mismo que es fácil deducir que no mataron a Berta Cáceres por impedir la tala de un baobab. Ambas tragedias son producto de un sistema capitalista que apisona el bienestar de las personas si obstaculiza el crecimiento exponencial de los beneficios empresariales.

El medio ambiente es clave para el bienestar de las comunidades y un impedimento para los fines del mercado, Berta Cáceres lo sabía muy bien y por eso la mataron. Esta realidad es tan sangrante que Noam Chomsky ha llegado a afirmar que los pueblos indígenas están salvando el planeta de un desastre ambiental, en artículos como este.

Así pues, aunque a día de hoy dudo sobre si es posible hacer frente de manera positiva a las causas de la opresión y la desigualdad, tal como establece la Agenda Global de Trabajo Social, me sumo al objetivo de la sostenibilidad medioambiental y, por supuesto, al resto de ejes de la agenda global y felicito a las instancias implicadas por señalar el deterioro medioambiental como problemática corresponsable del alarmante crecimiento de la desigualdad.

Os deseo a todas un feliz y reivindicativo día del trabajo social (compatibles son ambas cosas) y dedico esta entrada a las cuarenta y siete personas fallecidas sobre las que he escrito, con la rabia de saber que a estas horas habrán muerto por defender el medio ambiente o padecer un medio ambiente insalubre muchas más.

A contra blues
Black Canvas

Contra es una preposición que viene muy a cuento...

miércoles, 8 de marzo de 2017

Un #8M de vergüenza ajena


Hoy, día 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, no pretendía escribir. Me proponía hacer el paro y acudir a los actos programados sin más, pero un incidente acaecido ayer en la página de facebook de la Plataforma en Defensa del Trabajo Social me ha empujado a hacerlo, y es que me dejó un regusto de vergüenza ajena e indignación que no logro sacudirme de encima.

En resumen, las integrantes del grupo asistimos atónitas a una demostración de cuñadismo sin parangón por parte de dos trabajadores sociales -una de ellas mujer- a través de la defensa de tesis neomachistas tales como el importante número de denuncias falsas por parte de las mujeres y también el número de hombres que son maltratados a manos de mujeres. Afortunadamente hubo compañeras que pararon el despropósito con argumentos, compañeros que se echaron las manos a la cabeza y una intervención posterior por parte de las personas administradoras de la página.

Lidia Falcón suele decir en sus charlas que es demasiado vieja como para ponerse a explicar el ABC del feminismo cada vez que se reúna o cada vez que intervenga sobre el particular. Salvando las distancias, yo también voy cumpliendo años y la paciencia, como a Lidia Falcón -o a Meryl Streep- me va menguando, así que no me voy a detener en contraargumentar ninguna de las dos barbaridades, que deberían ser objeto de chanza y regodeo si no fuese por la sangre que esconden. En este sentido, nadie tendría que rebatir semejantes disparates en un contexto no me atreveré a decir científico, al menos sí profesional. Sin embargo, hubo que hacerlo, lo que califico como muy grave.

Es muy grave que se atente contra uno de los principios generales del Código Deontológico, que promulga la superación de categorizaciones derivadas de esquemas prefijados. Afirmar que existe un número importante de denuncias falsas es una categorización derivada de un esquema prefijado introducido sibilina y eficazmente por el lobby carca, que va en contra de cualquier evidencia científica. No diré lobby cristofascista, la mejor definición a mi juicio sobre la caspa de este país, no se me vaya a ofender nadie.

Esto sucede porque existe una corriente cada vez más relevante dentro del trabajo social imbuida del ideario neoliberal, digámoslo de una buena vez, que ha reemplazado la ciencia por seudociencias que no dudaré en nombrar en mejor ocasión y por posverdades como defender la existencia de maltrato hacia los hombres como realidad sociológica, una posverdad en toda regla, ya que no importa las veces ni los medios con los que se argumente que no es una realidad científica. Da igual, sigue grabada a fuego en el imaginario de muchos, y lo peor, de muchas profesionales.

La sustitución del pensamiento científico tradicional por las seudociencias cumple una importante función de cara a promover un auge del trabajo social desideologizado. En palabras de Luis Barriga, un trabajo social amenazado

por los peligros de la ausencia de ideología, esto es, de direccionalidad en la intervención social. Así, el Trabajo Social se podría acabar convirtiendo en sirviente de lo “situacional” (un Trabajo Social reactivo; a salto de mata) y entrar en una espiral de activismo institucionalizado. Parapetados en la neutralidad científico-técnica (cuya existencia es muy discutible) no podemos hacer una intervención profesional dirigida en última instancia hacia la justicia social. Sela Sierra no dijo: algunas acciones; dijo: toda acción.

(...) En nuestras intervenciones profesionales, ¿toda acción tiene una intencionalidad última hacia la transformación social?; o dicho de otro modo: ¿Cuántas de nuestra acciones profesionales no sólo no van dirigidas hacia una mayor justicia social sino que coadyuvan a perpetuar determinadas situaciones de injusticia y desequilibrio sociales?

Un trabajo social sin la brújula de esquemas conceptuales referenciales operativos es un trabajo social desnortado, ya lo formuló brillantemente Teresa Zamanillo. Esa ausencia de ECRO tiene como consecuencia lo que Silvia Navarro describe como el síndrome del aprendiz de brujo

El «síndrome del aprendiz de brujo» viene provocado al confundir los fines con los medios, al activar procesos, procedimientos y mecanismos que acaban perdiendo de vista los fines para los que fueron creados y que, llegados a un punto, no podemos dirigir ni controlar porque ellos han tomado el mando de la nave y empujan nuestras prácticas a su merced, después de vaciarlas de todo aquello que les confiere alma, que las conecta con los principios y valores que las sostienen, con la vida, con las personas. No sé si siempre los fines justifican los medios, de lo que estoy convencida es que jamás los medios deberían perder de vista los fines, ni tan siquiera atreverse a ponerlos en jaque.

No nos engañemos, no existe un trabajo social al margen de la ideología. Lo que ocurre es que el pensamiento neoliberal ha ganado la batalla epistemológica, haciéndonos creer que ciencia e ideología nada tienen que ver, es más, que son antagónicas, con la misión de que sus adalides hayan ido deslizando la suya, una ideología reaccionaria que sobrevuela el pensamiento científico actual, parapetada tras una máquina del fango que escupe neutralidad, objetividad, sentido común, gestión, política ineficaz sin alternativa, tecnocracia, mamandurrias que anulan de las ciencias cualquier atisbo de mirada crítica hacia el sistema actual.

No es cierto tampoco que en el seno del trabajo social no existan paradigmas que nos guíen. Claro que existen, lo trágico es que en la mayoría de los casos no somos conscientes de que lo hacen. Y el resultado es bien palpable: profesionales del trabajo social hablando de las denuncias falsas de las mujeres, del maltrato hacia los hombres, de los pobres que malgastan, de las putas por elección, de los trabajadores absentistas, de los gitanos fraudulentos, de las abuelas cuidadoras porque las mantiene jóvenes y de Rita la Cantaora ¿Que hay muchas denuncias falsas por maltrato? ¿Que hay hombres que sufren maltrato? ¡Que no me toquen las palmas que me conozco!

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Dentro? ¡Fuera!


Hoy vengo con cuerpo de jota. El otro día debatí en twitter sobre si las prestaciones económicas deberían salir de servicios sociales. Estábamos en el ajo @nachosantas @hendrix_bcn @luiegeas @mimanro y servidora como única representante del género femenino (esto me cabrea). Nacho se tiró a la piscina en un acto de valentía que le honra y escribió la entrada ¿Dentro, fuera? en su blog Pasión por el Trabajo Social. Como es de suponer por el título de la mía, mi perspectiva es diferente, así que he decidido ser valiente también y mojarme.

Espero que el hilo argumental sea comprensible y entretenido. Llegaré a una conclusión, tú déjame cuerda y sobre todo lee primero la muy recomendable entrada de Nacho, la discrepancia es sana y estoy segura de que él así lo cree. Aunque tendrás tu propia opinión formada, verás que ambas entradas te aportarán algo o eso esperamos.

En primer lugar, me parece un debate importante el de las prestaciones económicas porque nos guía, querámoslo o no, hacia el meollo de la cuestión: el objeto de los servicios sociales, que es, a mi juicio, por donde deberíamos comenzar (y acabar). Es evidente que definir los servicios sociales tiene que ver con la redefinición de las políticas sociales en general, pero es evidente también que si llegase ese momento alguna postura deberíamos mantener desde dentro con respecto a qué queremos ser. Supongo que todas abogamos por un cambio de paradigma en servicios sociales, sea el que sea ¿Verdad?

En segundo lugar, para poder defender ese cambio de paradigma, insisto, no podemos para bien o para mal perder de vista el objeto en ningún momento, ni el nuestro ni el del resto de sistemas. Es decir, no se trata de pensar sobre qué sistema puede hacer mejor o peor tal cosa, sino de quien debe hacerlo y después exigir que se haga con calidad y todo lo demás, por ello no comparto ningún argumento que gire en torno a si esta pata de la política social está más o menos preparada o es más o menos cercana. Si no se está preparado, exíjase, y si no es cercana, acérquese. Que cada palo aguante su vela. Lo contrario nos lleva por un camino que nos aparta del algo para todas y nos conduce al todo para algunas. Soy consciente de lo políticamente incorrecta que es esta afirmación, lo que pasa es que no escribo para ser correcta.

Es verdad que puede haber materias que exijan la concurrencia de varias administraciones, en ese caso ya están inventadas sobre el papel las políticas intersectoriales o puede haber cuestiones transversales de las que deberían ocuparse las políticas comunitarias. Nunca me cansaré de recomendar el libro de Fernando Fantova Diseño de Políticas Sociales, que lo explica perfectamente.

Por lo tanto, en tercer lugar, si una persona de 55 años que percibe un subsidio necesita acompañamiento para su inserción laboral yo propongo darle la vuelta al calcetín: Si se trata de acompañamiento en inserción laboral lo que debe exigirse no es que el caso lo asuman los servicios sociales, sino que haya trabajadores sociales en los sistemas de empleo, justo al revés. Que sí, que sé que la sola inserción laboral no genera inclusión social, mas porque la exclusión social es multifactorial requiere multi-administraciones: cada uno a lo suyo y con coordinación, interesectorialidad, vaya.

En el caso de una mujer víctima de violencia de género, en mi opinión debe elegir la intervención, es decir, ser ayudada y no que la ayuda sea impuesta vía subsidio, porque no encuentro otra razón para tramitar el subsidio dentro de servicios sociales que no sea condicionar el subsidio a la intervención hoy por hoy y al menos en Andalucía, porque tener a la mujer en el centro en carne y hueso, así sin más, no parece que obre milagros, más allá de que para cocinar pollo hay que tener el pollo, permíteme el simil. Cabría preguntarse, en esta línea, qué estamos haciendo mal para que las mujeres víctimas de violencia de género no nos elijan con tanta frecuencia como nos gustaría. Y esto me lleva a la cuarta y última cuestión.

No se trata de sacar competencias per se, se trata de sacar unas para mejorar e incluir otras (se me ocurre a bote pronto la mediación familiar), redefinir el sistema, en definitiva. Opino que las prestaciones económicas hoy por hoy constituyen un lastre para ese cambio de paradigma que todas ansiamos. Coincido con Nacho en que acudir a los servicios sociales no tendría por qué estigmatizar y que acudir al INEM hoy SEPE puede ser muy desagradable, no obstante discrepo en la interpretación de la realidad: No es lo mismo para la gente pedir una ayuda en servicios sociales que en el INEM, yo lo veo todos los días en la cara de las personas que lo hacen. Los servicios sociales estigmatizan, excepto por dependencia y familia numerosa, al menos aquí abajo. Diferencio además la sensación de ser pobre de la sensación de ser tratado como un número, no es igual.

Sostengo que la condicionalidad y el dinero de por medio, así a lo bruto, son un obstáculo en la intervención social, un palo en la rueda de la universalidad. Dicho esto, el sentido de las unidades de gestión es auxiliar en la tramitación de los asuntos objeto del sistema, no veo la utilidad de mantener estructuras iceberg dentro del sistema, con el coste añadido que supone cuando hay administraciones como hacienda, que se dedican precisamente al control de nuestro dinero y por desgracia lo hacen bastante bien excepto si se trata de personajes como Bárcenas.

Obviamente todo lo descrito parte de la la asunción de las prestaciones económicas por un sistema de garantía de rentas. Ya veríamos cuáles prestaciones y cómo se articularían. Es más, si alguna prestación debe quedarse en nuestro sistema, no sería un problema si está adecuadamente enmarcada. Observo -no en el debate en twitter ni en la entrada de Nacho- que si se habla de redefinir el sistema sobrevuela el miedo a perder clientela y es lícito, pero deberíamos atrevernos a soñar otro sistema y a creernos con la capacidad de recuperar el público que pudiésemos perder, si la oferta es atrayente.

Todo esto es teoría, por supuesto, así que pondré un ejemplo la semana que viene, si te quedan fuerzas para seguir leyéndome. El debate está servido. Muchas gracias, Nacho, por abrir fuego, te tocó lo más difícil.

PD. Tengo dos entradas pendientes, una sobre técnicas, que prometí, y otra sobre el servicio de ayuda a domicilio, para cuando los debates en twitter dejen un respiro.

Yemi Alade
Africa

Conocer a esta artista gracias a mi sobrina Elena
me llena de orgullo y satisfacción. La niña tiene buen gusto,
como su tía...