domingo, 31 de diciembre de 2017

Por un rabioso 2018


Es muy difícil hacer una llamada a la esperanza con todo lo que nos ha deparado este año que acaba en unas horas: Crisis mal llamadas humanitarias, familias vagando bajo la nieve en Lesbos, haciendo cola para recoger alimentos en Pontevedra, Almería, Gijón, Valencia, Badajoz o Santander, otras muchas rotas por culpa del terrorismo machista y miles de personas que no es que carezcan de familia, es que ni siquiera tienen un hogar donde guarecerse del implacable frío de diciembre. 

Los jóvenes no pueden formar una familia porque el sistema los condena a la precariedad a la vez que tolera la muerte lenta de personas ancianas solas, en sus desvencijadas viviendas, abandonadas ante la indiferencia de la sociedad. El fascismo por su parte avanza con paso firme y mirada larga. Los académicos ponen nombres a la barbarie: aporofobia y posverdad, signos de este tiempo. Ahora que me acuerdo me sigue faltando el artista anteriormente conocido como Prince. No le tocaba aún, como a tanta gente, lejana y cercana, pero la vida continúa, inexorable. Como Rajoy y Susana, perennes. Qué hartazgo ¿No?

Escribe Václav Havel la esperanza no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte. La verdad es que no estoy de acuerdo. De hecho no creo en la esperanza, me parece un camelo, una milonga propia de Paulo Coelho o de Jodorowski. Cuando me ponen la esperanza por delante me acuerdo de la canción de Kiko Veneno Esperanza, yo quisiera encontrarte y soñar sin tener que sufrir siempre. En cambio, como creo en la rabia, a ella me aferro. Y desde la rabia hago una lista de exigencias.

Exijo que hoy la gente empobrecida coma percebes, y turrón, y beba champán. Que la noche de reyes todos los niños y niñas encuentren juguetes en sus zapatos y que puedan degustar el roscón que sus padres han comprado sin pensar en las consecuencias. Deseo que todo este invierno las estufas permanezcan encendidas como si no hubiera un mañana. Pido que las personas sin hogar tengan un techo, pero ya. Que las odiosas barreras que padecen las personas con discapacidad desaparezcan sin más dilación. Ordeno a la Unión Europea que acabe con las penurias de las personas refugiadas. Conmino al Ministro del Interior a liberar a personas que no han hecho nada y permanecen presas en Archidona, a retirar las concertinas y a bajar a las criaturas encaramadas a las vallas fronterizas. Solicito a la Ministra de Servicios Sociales e Igualdad la detención de la sangría de asesinatos machistas y las muertes sin respuesta de las personas dependientes. Detesto la nefasta política de Susana Díaz que perpetúa la pobreza de mi comunidad y exijo un giro de 180 grados, como lo exijo acerca de la gestión inmisericorde de mi ayuntamiento, gobernado por la peor cara del PP, si es que es posible.

Estoy furiosa y eso me da fuerzas para seguir trabajando y para seguir escribiendo. La ola feminista, cada vez más grande, cada vez más alta, me da fuerzas. La marea creciente por una renta básica me da fuerzas, las miles de profesionales que se levantan con la determinación de dar lo mejor de sí mismas me dan fuerzas, la ciudadanía que se rebela porque sí contra el individualismo feroz me da fuerzas, así como las vecinas que aporrean la puerta de María si hoy no la han visto en la calle, compartir la vida con mi pareja, la amiga que me llama para saber cómo estoy o mi padre, anciano, sacando sonriente a mi perra porque mi pierna fracturada me condena al encierro.

También me da fuerzas saber que tú, al otro lado de la pantalla, sientes lo mismo que yo, así que me despido dándote las gracias y deseándote un rabioso, feliz y ¡qué demonios! esperanzador 2018.

Muse
Sign of the times (Cover Prince)

lunes, 25 de diciembre de 2017

Ayuda a domicilio y trabajo social (segunda parte)

Inicié la semana pasada un hilo de reflexión sobre el servicio de ayuda a domicilio (SAD) como ejemplo de la confluencia entre capitalismo y patriarcado en servicios sociales. Decía que estos dos sistemas son, en mi opinión, los pilares que confrontar desde el trabajo social crítico.

Si bien es cierto que como trabajadoras sociales de base no podemos impedir la privatización de los servicios en manos de multinacionales, sí podemos denunciar estas prácticas ante la opinión pública, informar acerca de sus perjuicios, dignificar la labor de las auxiliares, animar a su afiliación sindical, presionar a las empresas para que cumplan sus obligaciones, en suma, servir como altavoz, pero hay más.


Observo que existen por parte de las profesionales de servicios sociales dos modos (no siempre conscientes) de entender el servicio de ayuda a domicilio, uno, muy en la línea del modelo de gestión de casos, que según Viscarret 
es un modelo que aparece en el Trabajo Social como resultado de la preocupación por ofrecer una intervención cada vez más eficiente, eficaz y al mismo tiempo más económica. Para tal fin, se adoptan fundamentos teóricos que provienen de disciplinas más relacionadas con la economía, la empresa y el comercio.
Este modelo, producto de la incorporación del paradigma neoliberal al trabajo social, se aplica al servicio de ayuda a domicilio bajo la premisa el cliente siempre tiene la razón, en este caso la familia que recibe el servicio, por lo que el objetivo principal es su satisfacción. La empresa es la responsable del SAD y los servicios sociales solo se ocupan de controlar que se preste como está prescrito. Normalmente la prescripción suele estar ajustada a los deseos y preferencias de la familia, con consecuencias a mi modo de ver nefastas para las auxiliares de ayuda a domicilio y para el servicio en sí.

Las consecuencias de el cliente siempre tiene la razón son, entre otras, asignación de horarios que no permiten que las auxiliares puedan completar su jornada laboral, prescripción de domingos y festivos en casos innecesarios y sustitución de auxiliares en conflictos ocasionados por la persona atendida en lugar de aplicar el régimen de sanciones estipulado, por no hablar de los flagrantes incumplimientos de la hoja de tareas, elemento clave para la calidad del servicio y la dignificación del trabajo de las auxiliares. Aquí hago un inciso para señalar a las propias auxiliares, que deberían ser menos tolerantes al respecto y marcar sus límites.

Cuando hay conflictos entre las auxiliares y las personas atendidas es clásico que las profesionales de servicios sociales nos saltemos el principio de veracidad, que no es ley en el caso de las auxiliares, sin embargo debería tener un cierto peso. Si la auxiliar no se siente respaldada por nosotras ante las familias su trabajo se devalúa y se abre una peligrosa tentación de explotación laboral. Desde este modelo son típicas las dinámicas de empoderamiento de las familias frente a las auxiliares, temerosas de no cumplir las expectativas y perder las horas de trabajo.

Explotación unida a la precariedad que conlleva trabajar dos o tres horas diarias, por lo que considero un imperativo moral tratar de cuadrar horarios que les permitan obtener un salario digno. Si una familia solicita el servicio a las 9 de la mañana no es lógico que lo reciba a las 11, pero sí a las 9 y media, yo juego con márgenes de media hora arriba y abajo (con excepciones, claro está).

¿Se trata entonces de invertir el orden para colocar las preferencias de las auxiliares por delante de las necesidades de las personas atendidas? No.
El Trabajo Social crítico supera este desafio señalando que el denominador común es que todas las tormas de opresión se basan en un planteamiento idéntico de subordinación y de dominación contra el que hay que trabajar. Al radicar el problema en la estructura social dominante, permite que los trabajadores sociales críticos/radicales consideren que los diversos objetivos emancipadores de los grupos oprimidos puedan conciliarse. De nuevo, Viscarret
No se trata de enfrentar los intereses de las auxiliares y de las familias y/o de optar por una de las partes, como tampoco se trata de prescribir sin más y dejar el caso en manos de la empresa. Se trata de arremangarse e intervenir procurando conjugar el bienestar de la persona y de su auxiliar ya que normalmente van de la mano. Intervenir en las tareas, en los conflictos, en las alianzas, en la mejora del bienestar de la persona atendida y, lo más importante, en la construcción de redes de apoyo diversas, amplias, estables y sanas. La sobre prescripción, por ejemplo, las destruye.

Por otra parte, desde la mirada con gafas violetas, o si se prefiere desde un trabajo social con perspectiva de género, veremos con gran nitidez la dureza que supone el trabajo feminizado de cuidar y como, tristemente, es sistemáticamente denostado, tomaremos conciencia de la dificultad de conciliación de la vida laboral de nuestras compañeras auxiliares, de la necesidad de dignificar su trabajo garantizando que las tareas sean las adecuadas para la persona (y no para el hijo o los cuatro nietos) y, como decía, procuraremos como responsables del servicio que se cumplan escrupulosamente.

Es también nuestra competencia ofrecerles apoyo emocional en la línea de la ética del cuidado de la que hablaba Carol Gilligan. Es evidente que si las auxiliares se sienten parte del equipo y son escuchadas trabajarán mejor y serán aliadas en nuestra intervención con el caso. Casos, algunos, que incluso no deberían estar en SAD, aunque explicar esto me ocuparía una entrada entera.

El SAD es un servicio muy complejo porque hay muchas partes implicadas y porque además se realiza en el hogar, así, se imponen verbos como acompañar, mediar, negociar, escuchar y atender. Las multinacionales no son la opción que más nos gusta, es verdad, precisamente por eso la coordinación con sus equipos es tan importante. No está de más recordar que en estas empresas también trabajan profesionales (muchas de ellas trabajadoras sociales) para que todo vaya bien. El entendimiento es la clave. Nuestras personas atendidas lo agradecerán.

Akua Naru
The block
Akua Naru es una rapera norteamericana que ha sido
la profe del taller de música que recibieron las chicas de
Salute Yal Banot, cuya canción apareció en la entrada anterior.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ayuda a domicilio y trabajo social (primera parte)

El servicio de ayuda a domicilio (SAD) es uno de los programas más antiguos en los servicios sociales de este país. Existe un amplio consenso profesional y ciudadano sobre su eficacia y su relevancia como yacimiento de empleo, sobre todo en las zonas rurales. La ley de dependencia lo ha incorporado en su catálogo, siendo éste uno de los recursos más prescritos.

La importancia de este servicio obliga a una revisión periódica para su actualización y mejora. Como profesional responsable en mi UTS del SAD me gusta hacer esta revisión, eso sí, para mis adentros ya que nadie me ha pedido que lo evalúe. Hoy la traslado al blog porque guarda relación con mi manera de entender el trabajo social. Vayamos por partes.

Casi todas las administraciones prestan el SAD a través de la modalidad de gestión indirecta, es decir, con empresas normalmente multinacionales que se ocupan de la gestión del servicio mientras la titularidad sigue siendo pública. 

En la práctica esto se traduce en que las trabajadoras son contratadas con el salario y condiciones laborales de la empresa; en Andalucía la Junta paga a las empresas trece euros por hora de los cuales las auxiliares vienen cobrando cinco y pico más o menos. Un precio hora problemático porque los trece euros son insuficientes para los ayuntamientos con gestión directa o para las cooperativas que ofrecen condiciones laborales dignas y sí parecen ser suficientes para las multinacionales que pugnan con fiereza por obtener los contratos de gestión.

No es alocado inferir que si el SAD es rentable para las multinacionales es a costa de precarizar las condiciones laborales de las trabajadoras que son en su inmensa mayoría ¡oh, sorpresa! mujeres y de ellas una parte cada vez mayor ¡oh, sorpresa! extranjeras. Trabajadoras que tienen que acumular muchas horas de trabajo para poder obtener un salario no digamos digno y a las que no se les paga el tiempo de desplazamiento entre un domicilio y otro, ejemplos estos de muchas injusticias.

Puede que haya quien piense que con las circunstancias políticas actuales no es posible imaginar otro modelos de gestión: las tardanzas en pagar por parte de los ayuntamientos hacen difícilmente soportable el funcionamiento de empresas de economía social, los trece euros imposibilitan la gestión directa, etc. Con el panorama actual es cierto. Tan cierto por otra parte como que se construyen aeropuertos sin aviones, se rescata a la banca con 40.000 millones ¡de euros! y se financian con dinero público escuelas taurinas y corridas de toros, entre otros muchísimos indecentes dispendios. Cuestión de prioridades políticas. Retomemos el hilo.



Aparte de desempeñar un empleo muy precario, las trabajadoras soportan tratos vejatorios en más ocasiones de las que ellas mismas denuncian para no perder horas de trabajo. Cuando digo trato vejatorio también me estoy refiriendo a conductas sexualmente inapropiadas por parte de hombres que reciben el servicio. No es la norma, no obstante tampoco se trata de casos aislados y lo puedo afirmar por mi larga experiencia como responsable del servicio.

Esta también es, en definitiva, la realidad del servicio de ayuda a domicilio. Es un programa en el que confluyen a la perfección los actores necesarios para el buen funcionamiento de la maquinaria capitalista actual: El empeoramiento de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y el patriarcado que, entre otras cosas, contribuye a precarizar todavía más los empleos feminizados, llegando a no considerarlos en algunos casos ni dignos de salario. Es importante en este sentido la diferenciación entre trabajo y empleo, que daría para otras entradas.

El capitalismo y el patriarcado son en mi opinión los dos baluartes que un trabajo social crítico debe contribuir a derribar. La praxis, como sabemos, no es neutra: Confrontar es tomar posición, pero aceptar las cosas como son también lo es. Trataré de demostrarlo, con el servicio de ayuda a domicilio como excusa, en la próxima entrada.

SaluteYal Bannot (Honor a las niñas)
African Girl
(Si te apetece conocer la historia de estas maravillosas 
mujeres sudanesas pincha aquí)

jueves, 14 de diciembre de 2017

Un problema social

Resulta que en un pueblecito del interior de Almería la población de tres barrios lleva unos diez días más o menos sufriendo continuados y largos apagones. Estas personas, hartas, se han organizado y han formulado una protesta colectiva ante la compañía eléctrica y las administraciones. Si el problema está supuestamente en vías de resolución es gracias a su acción colectiva. Nada particular en esta España nuestra.

Ese pueblecito es Berja, donde ejerzo como trabajadora social, y estoy muy enfadada. Me hiere por igual que haya personas (amigas algunas) sufriendo los apagones y el tratamiento de la noticia por parte de Ideal, un periódico local, que la ha cubierto con el siguiente título: Las plantaciones de marihuana y los enganches ilegales están detrás de los cortes de luz en Berja. El cuerpo de la noticia como su título, no tiene desperdicio. Como muestra, este botón:
la compañía eléctrica ha sustituido fusiles fundidos, cables dañados y transformadores, «todos ellos dañados por la sobrecarga que supone para la red las plantaciones ilegales». No obstante, aunque sin ánimo de echar balones fuera, Endesa asegura se trata de un «problema social». A su juicio, abordar el exceso de consumo que producen los enganches ilegales «va más allá» de su labor. 
Hasta donde yo sé corresponde a la compañía eléctrica ofrecer un servicio de calidad y efectuar las oportunas inspecciones. Corresponde asimismo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado perseguir los delitos contra la salud pública como el cultivo masivo de marihuana, por lo tanto en lo que atañe a la compañía las plantaciones de marihuana son un problema de seguridad ciudadana: un delito y un riesgo para la seguridad de las plantas eléctricas. Por otra parte, las secuelas de un consumo no responsable de marihuana generan además a las administraciones un problema sanitario que en algunos casos puede desembocar en procesos de exclusión social.

En cambio, los cortes de luz sí constituyen un grave problema social. Que España tenga la luz más cara de Europa es un problema social, como los más de cinco millones de personas con temperaturas gélidas este invierno mientras el presidente de ENDESA, Borja Prado, ha ganado en 2016 tres millones de euros, ocho mil euros diarios. Un gravísimo problema social porque es muestra de la escandalosa desigualdad a la que los diferentes gobiernos nos han abocado. Concretamente a la cabeza de Europa, otro número uno para la vergüenza. Como el bono social. Vergonzoso.

Imagen vía www.elhorizonte.mx

Todos estos datos no parecen importar al periódico, más preocupado de exculpar a la empresa, que no tiene ánimo de echar balones fuera y de apuntar hacia las personas que enganchan ilegalmente la luz o que cultivan marihuana convirtiéndolos en el blanco de la hostilidad de los vecinos que pagan sus recibos religiosamente. Olvida este periódico que ni los enganches ilegales de luz ni el cultivo de marihuana eran prácticas habituales en Berja hace 15 años, sino todo lo contrario. Que el barrio al que señalan sin nombrarlo ya estaba allí hace 15 años.

Ignora el periódico que las mismas personas que hoy enganchan ilegalmente la luz son, en su mayoría, las mismas que antes pagaban religiosamente sus recibos. También que muchas de las personas que hoy cultivan marihuana (no todas, claro) trabajaban como albañiles, yesaires, encofradores, pintores o ferrallas. El periódico no lo sabe, pero yo sí lo sé. Sé también que Berja vivía de la minería, que se hundió, también del cultivo de la uva, que también se hundió. Después, la nada.

He vivido con pena negra la degradación de algunos barrios, el Cerro de San Roque entre ellos. Barrios donde antes esperaba paciente con mi coche en cualquier calle, taponada por la furgoneta del risueño panadero y su club de fans. Barrios de mujeres ufanas escoba en mano barriendo su calle, vacía a la hora del colegio. Barrios de hombres saliendo de sus casas con el uniforme customizado de pintura y el hatillo con el rancho en la mano, mirada larga, paso firme.

Hoy los hombres languidecen al sol cada vez más encorvados, sentados en las aceras litrona en mano y los niños corretean a las once de la mañana. Las mujeres piden el pan y que se lo apunte. Las ancianas hacen trucos de magia con la pensión que con un saco de patatas y legumbres da para muchas ollas porque se les echa cualquier hueso y está bueno. Ahora las calles están más sucias. Se les habrán quitado las ganas de barrer a las vecinas, imagino. No se lo he preguntado a ninguna. Será cosa de la teoría de las ventanas rotas.

El caso es que así está Berja. Los apagones continúan y yo estoy furiosa con las eléctricas y la macroeconomía por un lado y sobrepasada por otro. En estado de catatonia hasta que noticias como esta me repente me activan y me pongo a escribir. Igual soy parte del problema. Lo mismo yo también soy un problema social, como la marihuana, yo que sé.

Colter Wall
Sleeping on the blacktop

viernes, 8 de diciembre de 2017

La vergüenza es peor que el hambre

Lo social no es en realidad más que un eufemismo para designar esa mezcla de indignación, asco y vergüenza que uno experimenta ante la realidad en que vive.  
Gabriel Celaya
Nunca me había parado a pensar sobre la vergüenza hasta esta semana. La vergüenza como concepto se ha asomado, juguetona, por aquí y por allá: En una frase de Rodríguez Castelao que da título a esta entrada, en dos artículos de prensa, en un hilo de twitter, conversando con una compañera, en un texto de Marx y hasta en dos series de TV, una comedia y una ¡de policías! Tan insistente se ha puesto la vergüenza que he decidido saber más, así que que me he puesto a buscar libros sobre el tema y resulta que hasta Boris Cyrulnik ha escrito un ensayo sobre la vergüenza. Salman Rushdie acaba de publicar otro, en este caso una novela.


Traigo la vergüenza al blog porque estoy dándole vueltas a su relación con los servicios sociales. Opino, tras leer a investigadoras y pensadores varios, que la vergüenza juega un papel muy relevante y que además tiene una función disciplinaria en política social en general y servicios sociales en particular. Es lo que voy a tratar de transmitir en esta entrada con algunos argumentos que espero poder desarrollar mejor algún día, aunque estoy segura de que otras personas ya habrán desarrollado esta reflexión con rigor científico y yo no me he enterado.

Todo comenzó con un artículo de Peter Frase que, con este título, no pude resistirme a leer: Resentidos con los hipsters. Su tesis central es que la fetichización del trabajo alimenta la política del resentimiento. En su lugar, es el momento de abrazar el lenguaje de los derechos económicos y sociales. Este párrafo es central para explicar mi argumento (aunque recomiendo la lectura del artículo entero):
La ética del trabajo es un elemento fundacional del capitalismo moderno: asegura la legitimidad general del sistema, y dentro del ámbito individual de trabajo motiva a los trabajadores a ser económicamente productivos y políticamente inactivos. Pero el amor al trabajo no es algo que llegue fácilmente a los trabajadores, y su construcción durante siglos fue un logro monumental para la clase capitalista.
De este modo el empleo se ha convertido hoy en el eje sobre el que pivota toda nuestra vida. Nuestra identidad se conforma en torno al empleo, que nos sitúa en una u otra clase social y es la vía de acceso al consumo, otro de los elementos que conforman nuestra posición en la escala social capitalista. Por contra, no tener empleo está mal visto, es un motivo de vergüenza dado que nos convierte en seres improductivos, consumidores fallidos, que decía Bauman. Creo que no es necesario extenderme en esto, lo vemos todos los días en las caras de las personas desempleadas.

Si carecer de empleo es motivo de vergüenza, imaginemos lo que supone encontrarse en situación de pobreza. En realidad no hace falta imaginarlo ya que tenemos evidencia científica, por ejemplo en el magnífico artículo La vergüenza también es un problema psicosocial de Keetie Roelen, investigadora y codirectora del Centro de Protección Social del Instituto de Estudios sobre el Desarrollo de la Universidad de Sussex, en Brighton (Reino Unido), publicado el otro día en El País.
Ser pobre es una experiencia muy vergonzante, que degrada nuestra dignidad y nuestro sentido de lo que valemos. Aunque las causas y manifestaciones de la pobreza pueden ser diferentes, la humillación que la acompaña es universal. Recientes estudios llevados a cabo por la universidad de Oxford indican que de China a Reino Unido, las personas que se enfrentan a problemas económicos —incluidos los niños— notan un ataque casi idéntico a su orgullo y autoestima.
Repitiendo entradas anteriores, retomo la idea de que el capitalismo clásico, heredero de la filosofía calvinista, consideraba como un valor la ética del trabajo, vinculando así empleo y bienestar y, por consiguiente, también desempleo y pobreza, un binomio a todas luces falso por cuanto es ampliamente sabido que tener un empleo no garantiza salir de la pobreza; aún así, el neoliberalismo se apropia de esta ética del trabajo y construye una falsa dicotomía entre los pobres merecedores y los no merecedores, los primeros, personas que han caído en desgracia y que merecen toda nuestra conmiseración y apoyo, los segundos, parásitos del estado.

Dicho de otro modo: Pobres con vergüenza y sinvergüenzas a secas. Me decía una compañera el otro día mis padres eran pobres, pero nunca pidieron ayudas porque tenían vergüenza, no como otros vecinos. La vergüenza como elemento de diferenciación. La vergüenza como acicate.

En este sentido, como profesionales hagamos un ejercicio de introspección: ¿Qué personas peticionarias de ayudas económicas nos producen un mayor confort? ¿Preferimos atender a las que han caído en desgracia y acuden a nuestros servicios casi sin querer entrar o a aquellas que solicitan ayudas con una actitud casi chulesca? ¿Por qué?

¿Y qué ocurre cuando un pobre merecedor no consigue incorporarse al mercado laboral y/o salir de la pobreza? En muchas ocasiones, la misma persona que era objeto de conmiseración comienza a ser objeto de rechazo por nuestra parte cuando comienza a fallar y se convierte en pobre no merecedora, cuando se cronifica. Con estas cogniciones ¿Estamos siendo acompañantes en procesos de ayuda o un elemento más del control social? ¿Qué tipo de acercamientos a nuestros servicios estamos generando, auténticos o estereotipados? ¿Qué interacciones estamos construyendo?

Hay que enfrentar de una vez la pregunta ¿Estamos por asumir esto de los pobres merecedores y los que no? ¿Deberían sentir vergüenza ambos por acudir a nuestros servicios? ¿Deben hacérnoslo notar? Y lo más importante: ¿Es la vergüenza una emoción proactiva en intervención social? Marx decía que la vergüenza es un sentimiento revolucionario. Por una vez, y sin que sirva de precedente (o no), discrepo. La vergüenza es peor que el hambre. En todas sus formas.

Sting con Anoushka Sahktar
Book of my life

lunes, 4 de diciembre de 2017

Chupete 1 - Renta Básica 0

En política existe una máxima que reza así: A la gente se le puede decir lo que quiere oir, pero es mejor decirle lo que tiene que oir. Nuestra clase política (salvo honrosas excepciones) decidió optar por lo primero, tiempo ha. Es más cómodo y ofrece mejores resultados electorales, según parece. Esta deriva sumada a:
  • Un andamiaje ideológico endeble acerca de servicios sociales y lucha contra la pobreza por parte de gran parte de los partidos de izquierdas.
  • El interés por desmantelar lo público en pro del mercado y la iniciativa filantrópica por parte de los partidos de derechas.
  • Una incomprensible obcecación por ignorar sistemáticamente la evidencia científica en materia de servicios sociales y exclusión social por parte de ambos
da lugar a lo que la Asociación de Directoras Gerentes denomina ocurrencias. El bono social eléctrico es una de ellas. Es muy grave, sin embargo es antipática lo que supone una ventaja a la hora de hacerle frente. Otras, en cambio, resultan tan entrañables y tan enternecedoras que es todo un atrevimiento cuestionar, más aún si se realizan en Navidad. Una de ellas es el Chupete Solidario, una iniciativa malagueña que ha contado, como no podía ser de otra forma, con el apoyo de la Junta de Andalucía y pretende exportarse al resto del territorio andaluz.

Rueda de prensa de presentación de la ocurrencia

Esta inocente iniciativa ha coincidido con la inminente aprobación del Decreto de Renta Mínima de Inserción de Andalucía, fruto del pacto PSOE-Ciudadanos, que viene a sustituir al antiquísimo Salario Social. La renta básica es una medida contemplada en nuestro Estatuto de Autonomía (Art. 23.2) y uno de los 28 compromisos legislativos suscritos por PSOE e IU en el pacto de Gobierno de la pasada legislatura. De aquel compromiso surgió un grupo de trabajo en el Parlamento (mayo de 2014) por el que desfilaron durante meses expertos, agentes sociales, representantes de la Universidad y de los ayuntamientos (Extracto de artículo del Diario Público).

Un trabajo durísimo para acabar en una decepcionante reforma del salario social. Una RMI que no cumple la Carta Social Europea, tal y como denuncia Marea Básica, que redunda en el perverso dogma de la inserción a través de la empleabilidad (un ejemplo de iniciativa con evidencia científica en contra a toneladas) y para la que no existe suficiente financiación, como muy bien explica Save the children o el artículo de Público que citaba anteriormente. Su título lo dice todo: La pobreza andaluza desborda la 'renta básica' de la Junta antes de entrar en vigor. Recomiendo su lectura, así como desaconsejo comparar la RMI andaluza con las que se están implementando en otras CC.AA. más que nada para que las profesionales andaluzas no caigamos en la más profunda depresión. De la ciudadanía andaluza qué decir.

El borrador del decreto al que he podido acceder es de junio. Después ha habido modificaciones, que he buscado como el Santo Grial, sin éxito. Éste nos regala las siguientes perlas:
  • La RMI se condiciona a la empleabilidad con unas condiciones draconianas.
  • No se percibirá de forma indefinida. La duración pasa de 6 meses a un año, pero hay que esperar ¡otro año! para solicitar (salvo excepciones especificadas).
  • Las personas solicitantes se someterán a un doble itinerario de inserción por servicios sociales y empleo, con la todavía mayor burocratización de los procedimientos y la consiguiente desorientación de las personas que lo soliciten. Control, control y más control sobre la gente pobre, que es lo cool.
  • Las cuantías bajan, al tomar como referencia el IPREM y no el SMI.
  • Los requisitos se endurecen y se requerirá documentación que vulnera lo expuesto en la Ley 39/15 de procedimiento administrativo común.
  • La población inmigrante queda en el limbo, contraviniendo el tratamiento que les otorga la Ley 9/16 de 27 de diciembre de Servicios Sociales de Andalucía (que tanto trabajo costó conseguir).

Andalucía ostenta el vergonzante honor de liderar casi cualquier ranking sobre pobreza y exclusión social, el riguroso trabajo de la Red Andaluza contra la pobreza (entre otros) así lo demuestra. Dos millones y medio de andaluces son pobres y la RMI alcanzará a 45.000 personas. Hoy es 4 de diciembre, Día Nacional de Andalucía ¡Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad! grita nuestro himno, con letra de Blas Infante. Tierra y libertad. Nada sobre chupetes.

Kevin Johansen
Ni idea
(Esta canción también forma parte de la BSO de la peli
En la Ciudad de Cesc Gay, que me gustó mucho)

viernes, 24 de noviembre de 2017

Secas por dentro


Hoy debería escribir sobre violencia de género, pero hace unas semanas me topé con esto:
Marx era un buen conocedor de los clásicos y del derecho romano. El derecho civil romano hacía entre dos tipos de contrato de trabajo una gran distinción: la locatio conductio opera y la locatio conductio operarum. El primero era un contrato de obras por el que un particular contrataba a otro (por ejemplo, un orfebre o un curtidor) para que hiciera una obra que especificaba el contrato. El segundo era un  contrato de servicios por el que un particular contrataba a otro para que, durante un determinado tiempo, le hiciera los trabajos que quisiera encomendarle. Este segundo tipo de contrato era considerado republicanamente indigno porque ponía en cuestión la propia libertad. Al primer tipo de contrato se le otorga toda la dignidad, puesto que a través de él un hombre (ahora diríamos persona u hombre y mujer) libre ofrece a otro hombre libre el servicio que proporciona una calificación determinada. Si la locatio conductio operarum es considerado un contrato indigno de hombres libres es porque un particular se hace dependiente de otro particular, con lo que es la propia libertad la que pasa a estar en juego. 
El texto forma parte del artículo El esclavismo a tiempo parcial y la dignidad de Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens, en la revista digital Sin Permiso. Lo leí, me gustó y lo olvidé, sin embargo me vino a la cabeza el otro día, en una conferencia de Sonia Sánchez, una educadora social argentina que en su día fue la puta de todos y de todas y hoy trabaja por la abolición. Publicó hace tiempo un libro acerca de su vivencia (que me arrepiento de no haber comprado en la charla).

En su reflexión, durísima, dos cosas me llamaron la atención: La primera, la descripción de los servicios sexuales que, según sus palabras, rara vez respondían a la negociación previa pues el putero solía hacer lo que se le antojaba una vez que estaban en la habitación o el coche. Sonia precisó: Mi cuerpo no me pertenecía a mí, sino al putero, que no busca el placer sino la dominaciónLo segundo que me llamó la atención fue su relato de las dificultades de las mujeres prostituidas para expresar emociones, para tocarse, para abrazarse. Nos saludábamos con un simple hola aunque llevásemos mucho tiempo sin vernos, estábamos secas por dentro. Secas por dentro.

Como Bertha, ecuatoriana, cuidadora profesional y miembro de Territorio Doméstico a quien Carolina León entrevistó para su revelador libro Trincheras permanentes, intersección entre política y cuidados:
Como llegaba la época de Navidad, para mí era muy importante lo de darnos un abrazo, cómo podíamos darnos un abrazo a la que está al lado y decirle "te quiero", que nos cuesta mucho...
Porque eso de cuidar nos implica de cuerpo entero, dice Carolina León. Somos mil usos, mil cosas. Enfermeros, maestros, planchamos, hacemos la limpieza, bañamos, curamos, lavamos heridas, hay que ver que el culete se le está agrietando, hay que escucharlos, terminas llorando con ellos...Tenemos que hacer de todo. Y yo digo, bueno, si tenemos que pagar cada cosa, pues sale uno muy caro, dice Bertha.

Hoy debería escribir sobre violencia de género, pero me salió un pastiche sobre machismo, servidumbre y dominación. Sobre mujeres secas. Secas por dentro.

Luz Casal
Sentir
(Las mujeres, siempre las mujeres, detrás, sosteniendo)

viernes, 17 de noviembre de 2017

¡Basta de esplainin!

Dependencia: Necesidad de ayuda para realizar las Actividades Básicas de la Vida Diaria. Actividades básicas de la vida diaria: Aseo, alimentación, movilidad, vestido, continencia y uso del retrete. Me lo sé de memoria porque se lo he recitado de carrerilla cientos de veces a las cientos de familias que he atendido desde que la ley se aprobó. Claro que previamente me había estudiado la ley a fondo. Luego vinieron los sucesivos decretos de modificación que también estudié. Y la experiencia. La experiencia es un grado. He visto a tanta gente en situación de dependencia que creo saberlo todo sobre el particular.

En ese feliz estado de autocomplacencia vivía yo hasta ayer por la tarde. Después de la siesta, me disponía a recoger de la peluquería a uno de los dos perros, Lío, dando un paseo con la otra perrita, Nikita. El agradable sol otoñal no podía presagiar la negra nube que se avecinaba en forma de tropezón. El resultado: esguince en grado III y fractura del maléolo. Ahora una pesadísima escayola forma parte de mi también pesado cuerpo.

Desde ayer por la tarde no soy dueña de mí. No puedo ducharme sola, no puedo vestirme sola ni puedo siquiera ir a la cocina, servirme un vaso de agua y traérmelo al despacho. Si se me olvida el teléfono en otra habitación, tengo que pedirle a mi pareja que me lo traiga o arrastrarme con una muletas que no controlo aún. A pesar de su comprensión me da reparo llamarla continuamente. De hecho, anoche me entraron ganas de ir al baño y esperé lo que pude dado que al fin ella dormía plácidamente, ajena a mi sinvivir, tras el fregado hospitalario y mis posteriores cuidados. Cuando la cosa se puso perentoria la tuve que despertar; paciente y somnolienta me acompañó. 

Llevo solo un día en situación de dependencia temporal y estoy harta. Harta de tener que pedir ayuda para todo y harta de no poder hacer lo que me dé la gana en cada momento. Me acabo de dar cuenta de que no tenía ni la más mínima idea de la dimensión que puede llegar a alcanzar encontrarse en situación de dependencia. Tengo un conocimiento amplio del asunto, pero nada es comparable a experimentar la sensación.

Claro que sé sobre dependencia y claro que puedo hablar sobre dependencia, pero no vivo la dependencia, por lo tanto, mi conocimiento sobre la dependencia es incompleto y es por eso que es tan importante la participación de las personas afectadas en las políticas públicas y sería asimismo un detalle otorgarles cierto liderazgo. Dice Boaventura de Sousa Santos, la comprensión del mundo es mucho más amplia que la occidental y que por lo tanto la emancipación social debe ser repensada con la misma amplitud. Yo retuerzo el argumento en mi favor y digo que los saberes profesionales son importantes, sin embargo los que atesoran las personas implicadas alcanzan una dimensión especial que debería ser tenida más en cuenta.


Opino que hay muchas personas que piensan como yo y tratan de mostrar este respeto en otros planos como puede ser la xenofobia o la discriminación hacia las personas LGTBI. En cambio, esas mismas personas, mejor dicho, esos mismos hombres, no dudan en darnos lecciones de moral cuando las mujeres opinamos sobre la violación múltiple de Pamplona y se extrañan cuando les decimos que tienen todo el derecho del mundo a opinar (faltaría más), pero jamás podrán saber cual es la sensación de salir a la calle con miedo. A ellos sus madres jamás les han enseñado que si un hombre te sigue mucho rato cambies de acera, que si se acerca demasiado nos acerquemos nosotras a alguna pareja que camine en nuestra dirección, que tratemos de no volver solas a casa, que prefieren que lleguemos después si vamos acompañadas.

Los colectivos feministas han tenido que publicar instrucciones de cómo deben comportarse los hombres que participan en espacios feministas hartas de mansplaining, hartas de intrusismo, hartas de paternalismo. Recomiendo vivamente el libro de Rebecca Solnit, que explica muy bien cómo la gran mayoría de los hombres son incapaces de relacionarse con nosotras sin demostrarnos su supuesta superioridad intelectual. Incapaces son.

Ni yo sé cómo se siente una persona en situación de dependencia, ni mi hermana sabe qué siento yo siendo lesbiana, ni yo sé cómo se siente ella siendo madre, ni un hombre tiene la menor idea de lo que es ser mujer. Si yo, mujer, que tengo la inmensa suerte de no haber sido violada, no soy capaz de imaginar lo que debe ser,  tú, hombre, no tienes ni idea de por dónde vienen los tiros. Si eres capaz de estar callado en debates sobre edadismo (desinterés total en participar), prueba a callarte en debates sobre feminismo, o si es mucho pedir o te parece poco democrático, opina con un poquito de humildad. Yo prometo hacer lo mismo con la dependencia, la discriminación racial, la aporofobia, la xenofobia... ¡Basta de esplaining!

Jain
Makeba
Jain es una cantante francesa que ha vivido muchos años en África,
por eso tiene un gran conocimiento de la música africana y hace afrofrench. 
Compuso esta canción para Miriam Makeba y yo se la dedico a mi pareja, Elena, por su paciencia .

domingo, 12 de noviembre de 2017

Los servicios sociales, más allá de las ayudas

Video muy cortito de presentación de las jornadas

El colectivo cántabro Manifestaos por los servicios sociales ha organizado unas jornadas en Santander los días 10 y 11 de noviembre, cuyo título reza Los servicios sociales, más allá de las ayudas. Jornadas, éstas, destinadas a repensar los servicios sociales y a ser capaces de zafarnos, en la medida de los posible, de nuestro odioso papel de certificadoras de pobreza. El sambenito ya colea como muestra el vídeo de arriba, con una Mary Richmond  magistralmente interpretada por Patricia, que es una artistaza en muchas facetas (según me chivaron).

Me tocó ponenciar el sábado con Luis Barriga, todo un honor. Espero con mucho interés los resultados del proyecto que está coordinando en Castilla León y aproveché la convivencia para animarle a escribir sobre trabajo social ya que tiene mucho y bueno que aportar (ojalá lo haga). Por mi parte, dejo la reflexión relativa a los servicios sociales aquí.

De las jornadas extraigo ocho conclusiones ocho (algunas de ellas las iré desarrollando en diferentes entradas de blog). Son las siguientes:
  1. Promover espacios de reflexión como estas jornadas dio pie a que durante la semana anterior en Santander se hablase sobre servicios sociales en los medios con todo lo que supone.
  2. Los espacios y los formatos en las jornadas juegan un papel más importante del que a veces se les da. La Vorágine fue un espacio ideal.
  3. Es obligada la incorporación en estos foros y en el propio sistema de la perspectiva de las personas atendidas, como hicieron las compañeras invitando a Paqui, una mujer que nos proporcionó una cura de humildad.
  4. La existencia de colectivos como Manifestaos es absolutamente necesaria para construir modelo, para denunciar, para movilizar, para reflexionar, para debatir. Si están formados por profesionales de distintas disciplinas, mejor. Y si incorporan a personas no profesionales del sistema, lo bordamos. 
  5. En el territorio español existen muchos colectivos como Manifestaos, que realizan una labor impagable, pero andan muy desconectados entre sí, por lo que la reivindicación se fragmenta, las fuerzas flaquean y es una pena. Desde este rinconcillo, os invito a los distintos colectivos de los territorios que tratéis de conectar y asumáis el reto de trabajar en común, aunque comencéis por algo modesto.
  6. Es importante identificar y denunciar lo que Luis Barriga denomina ocurrencias, como el bono social de la luz. Animo asimismo a difundir el vocablo.
  7. Desde servicios sociales deberíamos pensar en dar el salto de lo comunitario a lo común.
  8. La fabada y el cocido montañés son dos comidas distintas. No es buena cosa confundirlas, mi querida señora compañera de asiento en el avión. 
Sería imperdonable despedirme sin dar las gracias a las maravillosas personas que componen Manifestaos por invitarme y hacerme pasar un día estupendo en una ciudad mágica. También a las lectoras de Cantabria. Hoy acompaño la entrada con la música de Repión, un grupo de Santander, aunque he estado tentada de insertar algún cántico montañés. O a David Bustamante, que en este país cada territorio carga con su cruz...

¡Es broma!

Repión
Estaciones

viernes, 3 de noviembre de 2017

Bancos de alimentos, fallas y paellas

https://lavozdelmuro.net/wp-content/uploads/2016/07/la-comida-que-tiramos-a-los-contenedores-9.jpg

Traigo hoy algunas reflexiones variopintas en torno a la modificación de la Ley 17/11 de Seguridad Alimentaria, elaborada por el Partido Popular a través de una proposición de ley que significa, tristemente, una vuelta de tuerca a los bancos de alimentos. En primer lugar, intentaré seguir un hilo inteligible ya que tengo catorce ideas rondando a la vez que quiero compartir, en segundo lugar, te pido que difundas esta entrada si estás de acuerdo con el contenido y en tercer y último lugar te animo a dejar tu opinión en los comentarios. Lee, por favor, la proposición de ley, es muy corta. Merece la pena sólo por analizar las expresiones utilizadas.

Karina Fernández ha dado la voz de alarma a través de una entrada en su blog Trabajo Social Crítico, en la que explica con detalle en qué consiste y los motivos de su desacuerdo. Los comparto, por lo que no repetiré sus argumentos. Aún no se ha visto está proposición en el pleno del Congreso, así que es un buen momento para hacer ruido. Por otra parte, me ha venido muy bien este asunto para insertar otras ideas que traía del congreso estatal de trabajo social flotando ellas por aquí y por allá.

Es digna de admiración la capacidad del capital para aprovechar las crisis -creadas por él mismo- en su propio beneficio: Una crisis económica que azota con saña a la clase trabajadora es utilizada, entre otras muchas cosas, para que las grandes empresas puedan deshacerse de su excedente alimentario con ventajas. Una jugada maestra. No tiene ninguna importancia para nuestros gobiernos -en plural- lo que es a todas luces una evidencia científica: los bancos de alimentos son muy perjudiciales para las personas que no tienen ingresos para subsistir dignamente.

Son los bancos de alimentos una falla en la oferta. Este concepto, autoría de Teresa Matus, me trajo problemas en Mérida ya que cada vez que ella, chilena, pronunciaba en su ponencia fallas y no fallos me venían sucesivos chistes graciosísimos de Valencia a la cabeza ¡Ay señor, qué dispersión mental desde la infancia!

Dedicada a mi familia valenciana y a mis lectoras chés... Una de arroz con cosas.

Teresa Matus aportó en el congreso de trabajo social otra tesis bien interesante, que dice así: La robustez del capitalismo se debe a que ha encontrado en sus críticas la manera de garantizar su supervivencia. Esta idea fue desgranada con detalle y tiene una importancia trascendental para el trabajo social, no obstante la aparco para próximas entradas, que me voy por los cerros de Úbeda (la maldita dispersión...)

También es esta proposición de ley una muestra de que la extensión de la mercantilización, producto del capitalismo, en lugar de disminuir el control estatal ha generado mecanismos burocráticos de control social a una escala nunca conocida. Una penosa paradoja. Esta idea de Sergio García y César Rendueles que he copiado sin sonrojo es parte de un artículo de la revista de la Complutense, presentación del monográfico Hacia un nuevo Trabajo Social crítico: el gobierno de lo social en la era neoliberal.

El volumen arroja un magnífico análisis estructural para entender iniciativas como esta. Y es que no deberíamos obviar el peso de ciertas políticas en el incremento de la desigualdad social o de lo contrario acabaremos apoyando soluciones biográficas a contradicciones sistémicas. La frase es de Ulrich Beck, aunque yo la leí citada por Zygmunt Bauman en su libro Vidas desperdiciadas y se la escuché a la propia Teresa Matus. Ahora caigo en la cuenta de que entre chiste y chiste de fallas al final me quedé con alguna cosa de las que dijo.
Para mirar de frente la crisis, hay que observar la falla, la trampa, la brecha: el desacoplamiento entre demanda y oferta social. Allí una serie de investigaciones muestran una tendencia consistente: en la medida que la complejidad social crece, las condiciones para una oferta de calidad disminuyen. Teresa Matus en Trabajo Social: Arte para generar vínculos.
Es decir, a medida que la realidad social se complejiza, las políticas públicas se vuelven más rudimentarias. Es sorprendente que la Unión Europea, a la que se le llena la boca de derechos sociales, directrices y convenios de protección de los derechos humanos, implemente iniciativas tan burdas como los bancos de alimentos, aunque, como explica Karina, si el objetivo es colocar los excedentes alimentarios en Europa se entiende mejor. Me comentaba ayer vía whatsapp un compañero experto en política social que además la soberanía alimentaria no existe en la agenda de la UE y tenía mucha razón.

Los asuntos medioambientales como la soberanía alimentaria, las políticas contra la exclusión y la economía guardan una estrecha relación, es evidente. Apuntan Ana Lima, Carmen Verde y Enrique Pastor en el capítulo 1 del libro del congreso: las organizaciones de trabajo social corroboran que las grandes aspiraciones de la humanidad, alcanzar la felicidad universal y la paz, siguen siendo retos vigentes para el trabajo social del tercer milenio. Es por ello que nos hemos dotado de la Agenda Global para el Trabajo Social. Con ella nos adherimos a los Objetivos del Milenio y perseguimos, tal como rezaba el lema del congreso Comunidades Sostenibles (he enlazado a una entrada anterior en la que explico la Agenda Global y demás cuestiones por si quieres profundizar).

La sostenibilidad es, tal y como ellas explican, el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social. El desperdicio de comida es la excusa para seguir beneficiando a las grandes empresas en detrimento de la seguridad alimentaria y la dignidad de las personas. No es, por lo tanto, una medida sostenible.

¿Hay que evitar el desperdicio de comida? Sí. ¿Hay que buscar otras soluciones? También. Seamos útiles a la sociedad: luchemos (o sigamos luchando) contra la injusticia, ofrezcamos un relato alternativo a las tesis neoliberales y aportemos soluciones socialmente sostenibles. Ser útiles a la sociedad es la mejor forma de obtener el reconocimiento que tanto exigimos, pero eso, amigas, es otra historia. Continuará...

¿Quién ha sido criado por otras personas?
Mis hermanos, mis hermanas y yo
¿Quién ha sido criado por otros?
Huérfanos sin padre ni madre
Por favor explícame, ya que tengo problemas para entender
¿Quién fue criado por otros?
Mis hermanos, mis hermanas y yo
No regale a sus hijos para ser criados por otros
No regale a sus hijos para ser criados por otros
No regale a sus hijas para ser criadas por otros
Esto solo puede traer sufrimiento y tristeza

Estribillo de Sowa
Fatoumata Diawara

Fatoumata Diawara
Sowa

Fatoumata Diawara
Sowa (Goji Berry Edit)

jueves, 26 de octubre de 2017

Congreso de Mérida (segunda parte)


Tras una semana de largas tardes de soliloquios cargados de improperios, tilas, agresiones al teclado, empujones al monitor, autolesiones alternadas con el visionado de tutoriales de youtube y lamentos, comparto por fin mis impresiones en lo referente a los contenidos del congreso de Mérida. 

Decidí usar el programa prezi, por aquello de que el power point aburre a los caballos de cartón y, tras la experiencia, puedo afirmar con total rotundidad que es tan intuitivo como las instrucciones en tailandés del montaje de un dron traducidas por Chiquito de la Calzada.

Los problemillas técnicos han generado un prezi más rudimentario del que mi ego tenía previsto. He realizado una presentación de las tres ponencias marco a través de los distintos tweets que fui posteando, con el objetivo de animar a la reflexión. También he incluido algunos enlaces.

La información que el congreso arrojó es tan extensa que la entrada no da para más. De cualquier forma, es mi intención ir dedicando entradas a aquellas ponencias, foros y comunicaciones que me han parecido interesantes, eso sí, en formato escrito, porque por lo que a mí respecta: prezi, tú y yo hemos terminado. Vete. Me has hecho daño. Vete.

Aquí puedes acceder a la presentación (¡virgen de los Desamparados, haz que el enlace se abra!). Mi agradecimiento a Elena Salinas, que me ha cedido su espacio en prezi para poder hacerlo (y además de realizar sugerencias ha soportado el proceso).

Quería compartir una canción de Gizmo Varillas, que lleva por título Al caminar, ya que me inspira esta entrada, sin embargo youtube me dice que el vídeo está censurado. Debo haber ofendido a alguna divinidad informática, no encuentro otra explicación. En su lugar, Kora Jazz Trío, con Chan Chan, un clásico cubano reinterpretado con la kora. En la mezcla se encuentra la magia...


lunes, 23 de octubre de 2017

Congreso de Mérida (Primera parte)


¿Cómo resumir el pasado congreso de Mérida? He experimentado tantas emociones positivas que vuelvo con el corazón contento el corazón contento y lleno de alegría, pero supongo que poco importan a mis exigentes lectoras los vinos que me he tomado (muchos) o la (también mucha) gente estupenda a la que he conocido. En lo personal, ha sido una experiencia maravillosa que he descrito en la página de facebook

Lo profesional es lo relevante. Dos entradas voy a publicar para exponer mis impresiones. Aquí va la primera, dedicada al formato del congreso. La segunda versará sobre los contenidos: En un alarde de inconsciencia sin precedentes volcaré los contenidos, es decir, mis tuits, en un prezi. No tengo ni idea de prezi, sin embargo una lectora me lo ha propuesto tras ver esta foto, y la verdad es que no se me ocurre otro modo de resumir este galimatías, así que me tiraré a la piscina. Por ahora, vayamos al grano.

¿Cómo resumo yo esto, madre?
Imagen captada con Samsung J7. Octubre 2017

Las tres ponencias marco me han gustado, en general. Teresa Matus presentó una ponencia sobre innovación en trabajo social desde una perspectiva posmoderna. Planteó ideas bien interesantes, pero en mi opinión y la de mucha gente le faltó hilo argumental. Dado que la tenemos por escrito la leeré y la comentaré.

Lo que no entendí es el escasísimo tiempo que tuvimos las asistentes para formular preguntas, algo incomprensible teniendo en cuenta que era la única actividad del jueves hasta la inauguración. Y aquí lanzo la primera crítica: hubo muy poco tiempo para el debate, por no decir ninguno. En mi opinión esto no es admisible en un congreso de trabajo social. Teresa Matus contestó a tres preguntas. Bien es verdad que las participantes se extendieron demasiado formulándolas, no obstante es la responsabilidad de quiénes moderan regular los tiempos de intervención de ponentes y asistentes (a riesgo de resultar desagradables) y esto ha brillado por su ausencia. Mal.

Las ponencias de Christian Felber y Sami Naïr fueron muy oportunas en el contexto socioeconómico actual: Felber, economista, expuso las líneas de su Economía del Bien Común y  Sami Naïr puso negro sobre blanco la posición de la Unión Europea en materia de inmigración, en un ejercicio de denuncia siempre necesario. Personalmente no soy partidaria de que las ponencias marco deban ser realizadas exclusivamente por trabajadoras sociales, aunque sí me hubiese gustado contar con mayoría femenina, máxime teniendo en cuenta que hay mujeres sobradamente cualificadas para hablar de inmigración...

Tampoco acabo de entender la manía de incluir un número tan elevado de comunicaciones libres. Las compañeras atesoran proyectos muy interesantes en sus territorios, cuyas exposiciones escritas pueden ser incorporadas al libro de actas, agrupadas por temas, sin necesidad de ser explicadas en el congreso. Todas estas mesas simultáneas resultaron agotadoras y ocuparon un tiempo precioso que podría haber sido destinado al debate, tan necesario en estos momentos, o para más teoría, también necesaria, incluso para otras voces que he echado mucho de menos.

He echado de menos que se escucharan las voces de las personas sujetos de nuestra intervención, así como de los movimientos sociales como BALADRE, grupos vecinales, que haberlos haylos y discursos en definitiva críticos. Dice mi admiradísimo Malcolm Payne que el trabajo social es una actividad socialmente construida por las propias profesionales, las personas sujetas a la actividad y el contexto. El contexto...

Vaya mi crítica más virulenta al sr. Fernández Varas, presidente de la Junta de Extremadura, por sus impertinentes palabras en la inauguración sobre la unidad de España, y vaya también mi tirón de orejas a las integrantes de la mesa sobre política y trabajo social por convertir una iniciativa tan interesante en un debate partidista (unas integrantes de la mesa más que otras). Por otra parte, me pareció significativo que en la mesa no hubiese ninguna persona que haga política desde la oposición, lo que confirma el estigma de que si no se tiene sillón no se está en política, qué pena....

Por último en cuanto al formato, mi enhorabuena a la organización por la mesa sobre modelo de servicios sociales, de la que hablaré en la próxima entrada y por las exposiciones paralelas, muy trabajadas y preparadas para su recorrido por nuestro país ¡Bien!

¿He dicho que la organización y la gente de Extremadura curró de maravilla?

Raúl Rodríguez
El viajero

martes, 10 de octubre de 2017

Lo que el ruido esconde


El griterío ensordecedor que llevamos soportando desde hace semanas oculta otros tantos sonidos que claman afónicos por ser noticia y resuenan desgraciadamente lejos, muy lejos. El sufrimiento de la gente es relegado de nuevo, sustituido ahora por la agitación de trapos rojigualdas de diferente combinación o la novedad del blanco pret a porter; algunos trapos se adornan con pájaros de mal agüero, otros son agradables a la vista. Malditas sean las banderas a veces. Benditas otras.

El caso es que la música militar nunca me supo levantar, y yo, incapaz como soy de callar la boca, cargo con una equidistante mala reputación que no me acarrea más que disgustos ¡Mira que dejarme la paz interior en el otro bolso! (Esta frase es de Alicia en el país de los gilipollas, sin embargo no me he podido resistir a robársela, que también es tendencia).

El pasado 6 de octubre el gobierno hizo un hueco en su apretado plan en pos de la unidad de España para aprobar el nuevo bono social eléctrico. Ya el pasado verano se publicó el borrador y la Asociación de Directoras y Gerentes puso el grito en el cielo por el marrón que se nos viene encima a los servicios sociales. Publicaron una nota de prensa que conviene leer, más que nada para que esto nos coja confesadas. Dejo por aquí esta herramienta, igual es de utilidad.

Imagen vía eleconomista.es

Por otra parte, Susana Díaz ha conseguido aprobar los presupuestos de Andalucía para 2018. Unos presupuestos mucho expansivos, mucho sociales y mucho andaluces. Para conseguirlo ha tenido que recortar unos flequillos con Ciudadanos, su socio de gobierno. Poca cosa: la práctica eliminación del impuesto de sucesiones, reducción de impuestos a las bolsas de plástico, y alguna que otra rebajilla fiscal más ¿Quién dijo que bajar impuestos es de izquierdas? Por lo pronto, las tasas de las escuelas infantiles han subido este curso escolar, la sanidad andaluza se resquebraja, las listas de espera de dependencia continúan siendo insoportables y el próximo decreto de salario social no presagia nada bueno. Eso sí, los universitarios y universitarias andaluzas no pagarán matrícula si su rendimiento escolar es bueno ¡sin importar el nivel de renta! El PSOE de Andalucía, en síntesis. Aquí ya estamos acostumbradas.

Susana Díaz y Juan Marín vía elimparcial.es

Volviendo al impuesto de las bolsas de plástico, su reducción no tendría ninguna importancia si no fuese porque septiembre ha sido el mes más seco del siglo XXI. O porque en 2016 ha habido 24 millones de personas desplazadas por desastres naturales. O porque 2017 ha sido el peor año de incendios forestales del decenio. Todas ellas, noticias de esta semana.

No quiero acabar sin mencionar la pesadilla que han vivido mis vecinas de Murcia por oponerse a la construcción del muro del AVE y, sobre todo, aplaudir la lucha vecinal de estas gentes, la única buena noticia reciente que recuerdo. La próxima semana, malo, el día 16, EAPN-ES presenta el VII Informe sobre Pobreza en España. Ojalá me equivoque. Aunque, ahora que lo pienso, la próxima semana la NOTICIA es el XIII Congreso de Trabajo Social de Mérida, así que lo que me toca es ir pensando en hacer la maleta: camisetas, alguna chaqueta, zapato cómodo... ¿Dónde demonios habré puesto la paz interior?


Toumani Diabaté, Sidiki Diabaté y Fatoumata Diawara
Manitoumani 

martes, 3 de octubre de 2017

Lo que sé y lo que no sé sobre Cataluña


Esta es una entrada que no debería haber escrito. A estas alturas, hablar sobre el desafío soberanista catalán sólo acarrea conflictos, se diga lo que se diga. Es más, puede que ya haya ofendido a alguien con llamar a lo que está sucediendo desafío soberanista porque probablemente no lo es. O sí, yo que sé. Sé muy poco sobre nacionalismo, básicamente porque no me interesa. Jamás he experimentado sensación de apego a ningún territorio más allá de la euforia infantil al percibir el olor de mi calle cuando fue alquitranada, que no asfaltada, y el recuerdo del obrero allí, tan alto, orgulloso a lomos de la apisonadora, gritando entre risas que nos quitáramos de en medio mientras saltábamos alrededor. Ese era mi barrio y el único territorio que atesoro en mi memoria como propio.

No tengo nada claro si Cataluña tiene derecho a decidir. Tampoco sé si este conflicto es una cortina de humo orquestada por la burguesía catalana y desconozco qué pasaría si se celebrase un referéndum pactado. Dudo que esto vaya a terminar con el régimen del 78 (cosa que me encantaría) y me desagrada ver de la mano a los partidos de izquierdas con la derecha que es la antigua Convergencia por esta cuestión, aunque quiero entender que la izquierda catalana tiene sus motivos, que no alcanzo yo a comprender desde aquí abajo, a 258 kilómetros de Tánger y 833 de Barcelona.

Me viene pues a la cabeza el verso las cosas que yo sé las sabe un tonto cualquiera, de mi admiradísimo Kiko Veneno, catalán por nacimiento, andaluz por vocación y maestro de la música por derecho propio ¿Por qué escribir entonces esta entrada? Porque hay algunas cosas de Cataluña que sí sé y hoy, en el silencio de mi despacho, ajena al ruido de sables, me impongo recordarme a mí misma porque he sido también presa del prejuicio que tanto conviene avivar, aquí y allí, tras la excusa del rojo y amarillo en diferente combinación.

Montserrat Colomer me acompañó a lo largo de la carrera con su famosísimo método de trabajo social. La primera revista de trabajo social que cayó en mis manos fue RTS, a la que estuve suscrita unos años y sirvió como fuente bibiográfica durante la preparación de mis primeras oposiciones. Había un tema del temario dedicado a la entrevista y para prepararlo utilicé, era casi obligado, el libro de Teresa Rosell, además de textos de Amparo Porcel y Dolors Colom para otros temas.

He seguido durante mucho tiempo la página de INTRESS y me formé en terapia sistémica con el equipo de la Escuela Sant Pau: Carlos Lamas, Félix Castillo y Juan Luis Linares, entre otros, fueron profesores míos en una experiencia de formación insólita en Almería. Gracias a ellos aprendí a desenvolverme mucho mejor como trabajadora social y he podido conocer a Roger Brufau, un formador fantástico y una magnífica persona.

Leo habitualmente los artículos de Llei D´Engel cuando son traducidos y sigo con interés las reflexiones de Manuel Aguilar Hendrickson, Miguel Ángel Manzano y el resto de gente que escribe en este colectivo. Tengo lectoras catalanas de este blog que comentan con interés y lo mantienen vivo.

Este blog me brindó la oportunidad de vivir una de las experiencias más bonitas de mi vida como trabajadora social. El maravilloso colectivo que es Àgora Treball Social y las estupendas compañeras del Colegio de Trabajo Social de Cataluña, junto con la Universidad, eligieron para celebrar el Día Mundial del Trabajo Social en Lérida no a catalanes, sino a un castellano leonés, un asturiano residente en Galicia y a una andaluza de Almería. Un día inolvidable que se cerró al compás de los Garrotines de Lleida, sorprendentemente parecidos al de Garrotín de Cádiz, que cantaba derramando arte Chano Lobato.

El trabajo social catalán ha dado tanto y tan bueno al resto del territorio que no se entiende el trabajo social español sin Cataluña. Esto es lo poco que sé de todo lo que se está viviendo, junto con un par de cosas más: cuando los antidisturbios entran por la puerta, la equidistancia salta por la ventana. Y sé también qué esperar del peor presidente de la democracia española, y mira que es difícil ser el peor: nada bueno.


Dedicado a todas aquellas personas que están leyendo esto desde Cataluña - Catalunya - Catalonia o lo que se prefiera.

Kiko Veneno & Cordes del mon
Lobo lópez

sábado, 30 de septiembre de 2017

Aporofobia

Adela Cortina. Imagen vía El Español
Es imposible indicar con el dedo la democracia, la libertad, la conciencia, el totalitarismo, la belleza, la hospitalidad o el capitalismo financiero, como es imposible señalar físicamente la xenofobia, el racismo, la misoginia, la homofobia, la cristianofobia o la islamofobia. Por eso, estas realidades necesitan nombres que nos permitan reconocerlas para saber de su existencia, para poder analizarlas y tomar posición ante ellas. En caso contrario, si permanecen en la bruma del anonimato pueden actuar con la fuerza de la ideología, entendida en el sentido que le dió Marx (...) como una visión deformante de la realidad que destina la clase dominante para (...) seguir manteniendo su dominación.
El párrafo que acabas de leer es el principio de Aporofobia, el último libro de la filósofa Adela Cortina. Un libro que, afortunadamente, ha sido muy promocionado por los distintos medios de comunicación, y es que colocar el foco mediático sobre la pobreza y sus soluciones es siempre una buena noticia.

Antes de leer Aporofobia lo intenté con Ética Mínima, de la misma autora. Confieso que no lo acabé. Es cierto que la ética es un tema más abstracto que el odio hacia la gente pobre, pero además observo una evolución de un libro a otro. El primero está escrito en un estilo académico, en mi opinión bastante intrincado, y este último está escrito con una intención divulgativa muy de agradecer.


El término aporofobia es un neologismo creado por Adela Cortina, cuya historia constituye el primer capítulo del libro. El interés del mismo radica en la aproximación global que la autora realiza sobre la problemática del odio hacia los pobres, incluyendo los mecanismos cerebrales que contribuyen al prejuicio. No sólo analiza las causas de este odioso fenómeno sino que cierra el libro con propuestas políticas, educativas y económicas para combatirlo. Un libro muy interesante que recomiendo
porque acabar con estas fobias (...) es una exigencia del respeto no a la dignidad humana, que es una abstracción sin rostro visible, sino a las personas concretas, que son las que tienen dignidad, y no un simple precio.

 Vhelade
Why can´t we live together?
Versión original: Sade & Carlos Santana