sábado, 18 de febrero de 2017

El hambre

Conocemos el hambre, estamos acostumbrados al hambre: sentimos hambre dos, tres veces al día. No hay nada más frecuente, más constante, más presente en nuestras vidas que el hambre –y, al mismo tiempo, para muchos de nosotros, nada más lejano que el hambre verdadera.
El hambre es una sensación física desagradable que todo el mundo experimenta una, dos veces al día, una punzada que se intensifica a medida que pasan las horas, que puede alterar nuestras emociones hasta la agresividad. Así mismo es el libro que reseño hoy, El Hambre, del periodista y escritor argentino Martín Caparrós. Lo edita Anagrama.

Acabé el libro poco antes de navidad y pensé en reseñarlo entonces, pero mi revisora de textos me sugirió (en un ejercicio de sensatez que le agradezco) que no aguara a nadie tan emotiva y opípara festividad con semejante puñetazo al estómago.

Estamos acostumbradas a escuchar cifras macro sobre el hambre, incluso a ver niñas y niños de Sudán de bracillos y piernas escuálidos que contrastan con un desmesurado vientre, sentadas en el suelo, medio desnudas, rodeadas de las omnipresentes moscas. En el mejor de los casos aparecen con un cuenco entre las manitas de no sé qué papilla. Eso podemos soportarlo, ya fuimos anestesiadas por los medios.

Lo que no es tan frecuente es enfrentarte a un texto que muestra estas macro cifras combinándolas no con la imagen -esto es importante- sino con el relato de Kadi, del Sahel, en Nigeria o de Betty, de Villamiseria en Buenos Aires (Argentina). Un zoom literario que da vértigo. Y es que el escritor se tomó el trabajo de pasar cinco años viajando a la India, Bangladesh, Níger, Kenia, Sudán, Madagascar, Argentina, EE.UU. y España para entrevistarse con cientos de personas, de familias que pasan hambre, pero hambre verdadera, tan verdadera como que al levantarse no saben si ese día van a poder comer o no. Literal. Los testimonios de estas personas con hambre verdadera son simplemente atroces.

Además el libro hace un análisis muy concienzudo de todo el entramado político-financiero responsable de esta vergüenza, lo que le otorga un plus de rigor. Resumiendo, un libro, El Hambre, demoledor por la honestidad con que está escrito, un trabajo imprescindible para comprender desde otra perspectiva este horror, 624 páginas desgraciadamente necesarias. O, en palabras del autor, quizá no.
Si usted se toma el trabajo de leer este libro, si usted se entusiasma y lo lee en digamos– ocho horas, en ese lapso se habrán muerto de hambre unas ocho mil personas: son muchas ocho mil personas. Si usted no se toma ese trabajo esas personas se habrán muerto igual, pero usted tendrá la suerte de no haberse enterado. O sea que, probablemente, usted prefiera no leer este libro. Quizás yo haría lo mismo. Es mejor, en general, no saber quiénes son, ni cómo ni por qué. (Pero usted sí leyó este breve párrafo en medio minuto; sepa que en ese tiempo sólo se murieron de hambre entre ocho y diez personas en el mundo –y respire aliviado) 
Plumpy nut es el preparado alimenticio que
se le proporciona a la población infantil con desnutrición.
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