jueves, 30 de marzo de 2017

El maldito régimen de concurrencia competitiva

El régimen de concurrencia competitiva es una vía para acceder a prestaciones y subvenciones en diferentes áreas de la administración. En Andalucía cada año la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta abre una convocatoria de ayudas públicas, tanto institucionales (para corporaciones locales y entidades de iniciativa social) como individuales, que suele causarnos no pocos quebraderos de cabeza a las profesionales. Estas ayudas se reparten atendiendo a la modalidad mencionada, de ahí el título de la entrada.

Hace un tiempo debatí sobre prestaciones económicas en twitter y salió a colación este tema. Me comprometí, tras tachar esta convocatoria de nefasta, a explicar por qué a las profesionales nos da tantos problemas el régimen de concurrencia competitiva, así que aprovechando que se ha abierto el plazo voy a ello. Debo hacer dos matizaciones previas: En primer lugar, la crítica se sitúa desde el plano de la intervención social y dirigida a la modalidad individual, aunque sería bien interesante poder analizar esta convocatoria con datos macroeconómicos y analizar también la modalidad institucional; si alguien se anima, suerte con la Consejería...

En segundo lugar, la convocatoria genera problemas relacionados con la modalidad de concesión, pero también por cuestiones relacionadas con trabas burocráticas; en mi malévola opinión estas trabas no son accidentales, empezaré por estas últimas. Hay tres modalidades en la convocatoria individual:


Las ayudas a las que se puede acceder están casi todas asociadas a conceptos que hace muchos años deberían estar fuera del sistema público de servicios sociales: Prótesis dentales en el caso de personas mayores, prótesis y órtesis variadas para personas con discapacidad. No tiene sentido que estas cuestiones no estén cubiertas o al menos sufragadas por salud, pero es que para colmo la nueva modalidad de jóvenes lo que cubre es una serie de gastos relacionados con la formación académica. No tiene sentido tampoco que educación no asuma estas ayudas.

La convocatoria se abre cada año en un período distinto (algunos años se ha abierto en agosto) y permanece abierta durante un mes. Apenas se publicita y el trámite es cuasi telemático. Curiosa excepción al decimonónico proceder de la Junta de Andalucía que ni se inmuta al requerir documentación que ya obra en su poder o simplemente que no debería requerir. Debo confesar que las corporaciones locales no le van a la zaga ¡Y eso que la ley de administración electrónica es de 2007!

Tanto los requerimientos de documentación como la relación de solicitudes aprobadas o denegadas no se notifican a las solicitantes, y es los delegados / as saben que firmar una resolución pidiendo papeles o denegando un recurso no es cosa de broma y menos en períodos electorales. Se cuelgan en la página web, en el BOJA y ¡alehop! Una página web, por cierto, solo apta para hackers, doy fe. Minucias todas ellas comparadas con los problemas que genera el régimen de concurrencia competitiva. 


De entrada, es muy difícil hacer entender a la gente el concepto concurrencia competitiva; lo primero que te preguntan es ¿Pero tengo derecho o no?¿Y cómo sé si me va a llegar a mí el dinero?. Lo segundo que te preguntan es ¿Cuánto me van a dar? Preguntas todas ellas muy raras, como se puede observar, para las que los profesionales no tenemos respuesta porque la cuantía que se aprueba varía y no suele ser el total, lo que nos lleva a vivir una y otra vez la siguiente casuística digna del día de la marmota: 
Persona con discapacidad que solicita ayuda para un audífono que cuesta 2.000 €, le aprueban 300 € pero debe justificar los 2.000. Como la persona no tiene el dinero para hacer frente a la compra del audífono, no puede enviar la factura y la Junta le pide que devuelva el dinero después de haberle aprobado la solicitud. Y ya para hacer la croqueta, tenemos la modalidad gente en situación de pobreza que está cobrando el salario social, cree que es una mensualidad del salario (porque viene de la misma entidad) y se lo gasta ¡Arsa y olé! ¡Si es que es mejor que no lo soliciten! (Pero explícaselo tú a la persona sorda que necesita el audífono y piensa ¿y si me lo pagan?...)
¿A que son odiosos la convocatoria de ayudas públicas de la Junta de Andalucía y el puñetero régimen de concurrencia competitiva? ¿A que sí?

Maui
La noche perfecta

domingo, 26 de marzo de 2017

Diez apuntes a propósito del Día del Trabajo Social

He vivido una semana inolvidable con motivo del Día Mundial del Trabajo Social. Las diferentes actividades en las que he participado, las conversaciones distendidas entre compañeras y el hecho de poder conocer personalmente a amigas de las redes me han supuesto un importante crecimiento personal y profesional; como colofón, los días en Lleida, que quedarán grabados en el alma.

En la actividad organizada por Agora Treball Social
(Espero no haber parecido una abuela cebolleta)

Emociones aparte, de todas estas experiencias me traigo algunas ideas que expongo aquí con el objetivo de compartir la reflexión y contribuir al debate:
  1. Es crucial trazar una ruta compartida por la que queramos transitar como profesionales. Silvia Navarro lo explicó muy bien en Lleida: Si no sabemos hacia adonde queremos ir, en el mejor de los casos seremos barco a la deriva, y, en el peor, serán vientos ajenos a nosotras los que marquen el rumbo de nuestra nave. 
  2. Es importante aumentar nuestra conciencia acerca de qué paradigmas sociopolíticos orientan las sociedades actuales y actuar en consecuencia (sea para apoyarlos, sea para enfrentarnos a ellos, sea para modificarlos): El trabajo social actual, como el resto de ciencias sociales (y las ciencias en general), es producto de la sociedad posfordista y su devenir como disciplina es, en gran medida, víctima de las contradicciones de un modelo de bienestar que se sustenta sobre el workfare y que, digámoslo sin rodeos, ha fracasado. 
  3. Urge recuperar lo relacional como eje sobre el que pivotar nuestra acción profesional: Aparcar la gestión en pro de la intervención basada en lo relacional es garantía de supervivencia. Lo curioso es que nos agarramos a la gestión, en una suerte de síndrome Gollum que no acabo de entender. Luis Barriga señalaba que esto se debe a que la intervención pura y dura navega por el proceloso mar de la incertidumbre y resulta muy ansiógeno para las profesionales, que preferimos, en el fondo, la certidumbre de los papeles.
  4. Es imprescindible incorporar -de una vez- el feminismo al trabajo social: Si el trabajo social persigue la trasformación social, no tiene sentido seguir legitimando con nuestra praxis dinámicas patriarcales. Incorporar la perspectiva feminista es, por otra parte, pagar una deuda que las trabajadoras sociales tenemos con nuestras predecesoras. (El último libro de Silvia Navarro es referencia obligada, lo traeré próximamente al blog)
  5. Tender puentes entre la teoría y la práctica es fácil si es lo que queremos realmente: Seamos honestas ¿No será que no nos interesa confluir porque estamos más cómodas cada una a la suya? Y es que ¡Mira que es fácil! Hay mil caminos por descubrir si existe interés por recorrerlos. En esta línea aplaudo la iniciativa de la Complutense De Marrones, Dilemas y Conflictos Éticos. Me hubiese encantado poder asistir, pero tendré que conformarme con verla por youtube
  6. Es necesario mirar de frente a los movimientos sociales y ofrecer propuestas desde el trabajo social: Los movimientos sociales constituyen auténticas herramientas de participación ciudadana, y por ello la búsqueda de alianzas es impepinable. No podemos obviar que son espacios maravillosos desde los que desplegar trabajo social comunitario, a pesar de la problemática de los escraches, que debe ser abordada con seriedad por las administraciones y es que no es admisible dejar a las profesionales a los pies de los caballos. Desde luego yo no quisiera ponerme en la piel de las compañeras que hayan sufrido esta canallada ¡Los escraches, en todo caso, a la clase política, señores!
  7. Los espacios horizontales de intercambio de ideas son muy enriquecedores: En todas direcciones. Los congresos, jornadas y seminarios actuales funcionan bien como transmisores de conocimiento, pero si lo que se persigue es el intercambio y el enriquecimiento mutuo existen otros formatos en los que debatir desde posiciones de igualdad. Esa fue la apuesta de Ágora Treball Social en Lleida para el Día Mundial y doy fe de que fue todo un éxito.
  8. Las jóvenes tienen mucho y bueno que decir: Si se les deja espacios, claro. Congresos como el de Almería, organizado por la Universidad y dirigido especialmente a jóvenes investigadoras, son, en mi opinión, todo un acierto. Escuché comunicaciones que me dejaron boquiabierta. Aquí me voy a permitir ser tajante: O somos capaces de ofrecer a la gente joven espacios en el que tengan cabida o la ruptura que estamos padeciendo entre una generación de trabajadoras sociales y otras (que está ahí aunque no la queramos ver) se acrecentará. 
  9. Generar estados de opinión, una asignatura (aún) pendiente: A través de la escritura en medios de comunicación locales, de la participación en programas de radio, de TV. Por otras vías, el arte (de eso saben mucho Israel Hergón y Alejandro Robledillo), lo que sea ¡Salgamos a opinar! ¿A qué esperamos?
  10. Perder el miedo es vivir mejor: Mi última reflexión en este decálogo que me he sacado de la manga es, más que una reflexión, un motivo para la esperanza. Parece que vamos perdiendo, por fin, los miedos. Solas no podemos, con amigas sí. El miedo a objetar cuando nos ordenan acciones que vulneran nuestro código deontológico aminora si contamos con el apoyo colegial y constato un buen avance por parte del Consejo en esa línea. Por otra parte, hay compañeras que nos abren el camino para la reivindicación: el Foro de Servicios Sociales de Madrid, las Plataformas Valencianas de Dependencia o en Defensa del Trabajo Social, la Red Canaria en Defensa de los Servicios Sociales, Ágora Treball Social, Llei D´Engel, gente de Cantabria, de Galicia, de Euskadi y muchas otras de las que me olvido y espero sepan perdonármelo. Desde Andalucía sigo a estas plataformas con mucha admiración y envidia, todo hay que decirlo, pero Andalucía es harina de otro costal. Dedicaré una entrada a ello.
No puedo cerrar esta entrada sin agradecimientos, perdóname el momento autobombo, pero no sería bien nacida si no soy agradecida: A Óscar Cebolla, por incluirme en su dibujo (un honor que no merezco), al Colegio de Trabajo Social de Galicia por pensar en mí para entrevistarme, al Colegio de Trabajo Social de Cataluña, delegación de Lleida, a la Universidad de Lleida y a Ágora Treball Social por su calurosísima acogida y por hacernos pasar unos días inolvidables en Cataluña (una tierra fantástica, oscurecida por demasiadas interferencias políticas y mediáticas) a las compañeras que se me han acercado en las distintas actividades para hablar de este blog, y al blog mismo, porque gracias a tí, Trabajo Social y tal de mi alma, he conocido a gente maravillosa y la que me queda por conocer...

Dedico esta entrada a Alba Pirla, una trabajadora social de los pies a la cabeza, catalana y rumbera por los cuatro costados.

El Garrotín de Lleida es una mezcla de Garrotín clásico
y rumba catalana, que se canta sobre la base de un estribillo que se repite
una y otra vez y estrofas que son improvisadas por quien se anima a ello.
El Garrotín de Lleida es una maravilla porque gira en torno a la participación colectiva.
Traigo hoy una muestra de Garrotín de Lleida y de Garrotín clásico, que es un
palo del flamenco, propio, sobre todo, de Cádiz. Que lo disfruten...

martes, 21 de marzo de 2017

Promoviendo comunidades y entornos sostenibles


¿Qué significa trabajar hacia comunidades y entornos sostenibles? ¿Es un lema adecuado para el Día mundial del trabajo social? Estos interrogantes me vinieron, así, a bote pronto al ver el cartel del evento. Tras recibir, como el resto de mis compañeras, el encargo de la #BlogoTSfera he decidido responderlos a mi manera.


De entrada, confieso que me sorprendió encontrar en el lema el término sostenible, un vocablo que me enoja cada vez que lo leo porque suele usarse, junto con muchos otros, por la neolengua neoliberal, aunque ni tan neo es la una como la otra porque desde Reagan y Thatcher los gobiernos, parapetados tras la sostenibilidad, perpetran recortes sociales, destruyen derechos alcanzados en el pasado y avanzan -intencionadamente- hacia sociedades cada vez más desiguales.

Me puse entonces a leer el argumentario de este día para no dejarme llevar por el prejuicio. La Agenda Global del Trabajo Social establece:
El lema de este año es "Promoviendo comunidades y entornos sostenibles", referido al tercer pilar de los compromisos de la Agenda Global del Trabajo Social y Desarrollo Social y cuya duración es de dos años, siendo 2017 el primer año para su celebración.
La agenda global del trabajo social asimismo contempla cuatro ejes
  • Promoción de la equidad social y económica.
  • Promoción de la dignidad y la valía de las personas.
  • Trabajar hacia la sostenibilidad ambiental.
  • Fortalecimiento del reconocimiento de la importancia de las relaciones humanas.
Respiré aliviada al comprobar que la sostenibilidad se refiere en este caso al medio ambiente; sin embargo, igual cabría preguntarse si la sostenibilidad ambiental pudiera resultar un objetivo un tanto naïf para el trabajo social. Mi respuesta: Lo es y no lo es.

Lo es si contemplamos la problemática medioambiental como un fenómeno concreto, particular y deslabazado de otros asuntos vitales para el bienestar como es, a priori, el trabajo social o la desigualdad social, así en general. La tendencia actual a separar y compartimentar las áreas de conocimiento ofrece muchas ventajas: Permite estudiar con minuciosidad un fenómeno y colocar en las agendas políticas y mediáticas cuestiones muy concretas (como los servicios sociales).

Por contra, encierra también sus efectos perversos, en mi opinión: Uno, que obviamos la perspectiva macro de por qué suceden las cosas y dos, que las reivindicaciones se fragmentan, como ocurre con las mareas, entre otros colectivos sociales. Conste que, con matices, estoy muy a favor de las mareas.

Leamos ahora estas dos noticias. La primera: En marzo del año pasado asesinaron a Berta Cáceres, activista hondureña defensora del medio ambiente. La campaña emprendida por Cáceres había logrado que el constructor más grande de presas a nivel mundial, la compañía de propiedad estatal china Sinohydro, retirara su participación en el proyecto hidroeléctrico. La Corporación Financiera Internacional, institución del Banco Mundial que invierte en el sector privado, también abandonó la iniciativa. 


Berta Cáceres
Imagen: El Heraldo de Honduras

La segunda, hace unos días, el 13 de marzo: 46 personas murieron sepultadas por una montaña de basura en Etiopía. No apareció en los medios, claro, porque es fácil deducir de dónde vienen y qué hacen allí esas malditas montañas de basura, lo mismo que es fácil deducir que no mataron a Berta Cáceres por impedir la tala de un baobab. Ambas tragedias son producto de un sistema capitalista que apisona el bienestar de las personas si obstaculiza el crecimiento exponencial de los beneficios empresariales.

El medio ambiente es clave para el bienestar de las comunidades y un impedimento para los fines del mercado, Berta Cáceres lo sabía muy bien y por eso la mataron. Esta realidad es tan sangrante que Noam Chomsky ha llegado a afirmar que los pueblos indígenas están salvando el planeta de un desastre ambiental, en artículos como este.

Así pues, aunque a día de hoy dudo sobre si es posible hacer frente de manera positiva a las causas de la opresión y la desigualdad, tal como establece la Agenda Global de Trabajo Social, me sumo al objetivo de la sostenibilidad medioambiental y, por supuesto, al resto de ejes de la agenda global y felicito a las instancias implicadas por señalar el deterioro medioambiental como problemática corresponsable del alarmante crecimiento de la desigualdad.

Os deseo a todas un feliz y reivindicativo día del trabajo social (compatibles son ambas cosas) y dedico esta entrada a las cuarenta y siete personas fallecidas sobre las que he escrito, con la rabia de saber que a estas horas habrán muerto por defender el medio ambiente o padecer un medio ambiente insalubre muchas más.

A contra blues
Black Canvas

Contra es una preposición que viene muy a cuento...

miércoles, 8 de marzo de 2017

Un #8M de vergüenza ajena


Hoy, día 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, no pretendía escribir. Me proponía hacer el paro y acudir a los actos programados sin más, pero un incidente acaecido ayer en la página de facebook de la Plataforma en Defensa del Trabajo Social me ha empujado a hacerlo, y es que me dejó un regusto de vergüenza ajena e indignación que no logro sacudirme de encima.

En resumen, las integrantes del grupo asistimos atónitas a una demostración de cuñadismo sin parangón por parte de dos trabajadores sociales -una de ellas mujer- a través de la defensa de tesis neomachistas tales como el importante número de denuncias falsas por parte de las mujeres y también el número de hombres que son maltratados a manos de mujeres. Afortunadamente hubo compañeras que pararon el despropósito con argumentos, compañeros que se echaron las manos a la cabeza y una intervención posterior por parte de las personas administradoras de la página.

Lidia Falcón suele decir en sus charlas que es demasiado vieja como para ponerse a explicar el ABC del feminismo cada vez que se reúna o cada vez que intervenga sobre el particular. Salvando las distancias, yo también voy cumpliendo años y la paciencia, como a Lidia Falcón -o a Meryl Streep- me va menguando, así que no me voy a detener en contraargumentar ninguna de las dos barbaridades, que deberían ser objeto de chanza y regodeo si no fuese por la sangre que esconden. En este sentido, nadie tendría que rebatir semejantes disparates en un contexto no me atreveré a decir científico, al menos sí profesional. Sin embargo, hubo que hacerlo, lo que califico como muy grave.

Es muy grave que se atente contra uno de los principios generales del Código Deontológico, que promulga la superación de categorizaciones derivadas de esquemas prefijados. Afirmar que existe un número importante de denuncias falsas es una categorización derivada de un esquema prefijado introducido sibilina y eficazmente por el lobby carca, que va en contra de cualquier evidencia científica. No diré lobby cristofascista, la mejor definición a mi juicio sobre la caspa de este país, no se me vaya a ofender nadie.

Esto sucede porque existe una corriente cada vez más relevante dentro del trabajo social imbuida del ideario neoliberal, digámoslo de una buena vez, que ha reemplazado la ciencia por seudociencias que no dudaré en nombrar en mejor ocasión y por posverdades como defender la existencia de maltrato hacia los hombres como realidad sociológica, una posverdad en toda regla, ya que no importa las veces ni los medios con los que se argumente que no es una realidad científica. Da igual, sigue grabada a fuego en el imaginario de muchos, y lo peor, de muchas profesionales.

La sustitución del pensamiento científico tradicional por las seudociencias cumple una importante función de cara a promover un auge del trabajo social desideologizado. En palabras de Luis Barriga, un trabajo social amenazado

por los peligros de la ausencia de ideología, esto es, de direccionalidad en la intervención social. Así, el Trabajo Social se podría acabar convirtiendo en sirviente de lo “situacional” (un Trabajo Social reactivo; a salto de mata) y entrar en una espiral de activismo institucionalizado. Parapetados en la neutralidad científico-técnica (cuya existencia es muy discutible) no podemos hacer una intervención profesional dirigida en última instancia hacia la justicia social. Sela Sierra no dijo: algunas acciones; dijo: toda acción.

(...) En nuestras intervenciones profesionales, ¿toda acción tiene una intencionalidad última hacia la transformación social?; o dicho de otro modo: ¿Cuántas de nuestra acciones profesionales no sólo no van dirigidas hacia una mayor justicia social sino que coadyuvan a perpetuar determinadas situaciones de injusticia y desequilibrio sociales?

Un trabajo social sin la brújula de esquemas conceptuales referenciales operativos es un trabajo social desnortado, ya lo formuló brillantemente Teresa Zamanillo. Esa ausencia de ECRO tiene como consecuencia lo que Silvia Navarro describe como el síndrome del aprendiz de brujo

El «síndrome del aprendiz de brujo» viene provocado al confundir los fines con los medios, al activar procesos, procedimientos y mecanismos que acaban perdiendo de vista los fines para los que fueron creados y que, llegados a un punto, no podemos dirigir ni controlar porque ellos han tomado el mando de la nave y empujan nuestras prácticas a su merced, después de vaciarlas de todo aquello que les confiere alma, que las conecta con los principios y valores que las sostienen, con la vida, con las personas. No sé si siempre los fines justifican los medios, de lo que estoy convencida es que jamás los medios deberían perder de vista los fines, ni tan siquiera atreverse a ponerlos en jaque.

No nos engañemos, no existe un trabajo social al margen de la ideología. Lo que ocurre es que el pensamiento neoliberal ha ganado la batalla epistemológica, haciéndonos creer que ciencia e ideología nada tienen que ver, es más, que son antagónicas, con la misión de que sus adalides hayan ido deslizando la suya, una ideología reaccionaria que sobrevuela el pensamiento científico actual, parapetada tras una máquina del fango que escupe neutralidad, objetividad, sentido común, gestión, política ineficaz sin alternativa, tecnocracia, mamandurrias que anulan de las ciencias cualquier atisbo de mirada crítica hacia el sistema actual.

No es cierto tampoco que en el seno del trabajo social no existan paradigmas que nos guíen. Claro que existen, lo trágico es que en la mayoría de los casos no somos conscientes de que lo hacen. Y el resultado es bien palpable: profesionales del trabajo social hablando de las denuncias falsas de las mujeres, del maltrato hacia los hombres, de los pobres que malgastan, de las putas por elección, de los trabajadores absentistas, de los gitanos fraudulentos, de las abuelas cuidadoras porque las mantiene jóvenes y de Rita la Cantaora ¿Que hay muchas denuncias falsas por maltrato? ¿Que hay hombres que sufren maltrato? ¡Que no me toquen las palmas que me conozco!

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Dentro? ¡Fuera!


Hoy vengo con cuerpo de jota. El otro día debatí en twitter sobre si las prestaciones económicas deberían salir de servicios sociales. Estábamos en el ajo @nachosantas @hendrix_bcn @luiegeas @mimanro y servidora como única representante del género femenino (esto me cabrea). Nacho se tiró a la piscina en un acto de valentía que le honra y escribió la entrada ¿Dentro, fuera? en su blog Pasión por el Trabajo Social. Como es de suponer por el título de la mía, mi perspectiva es diferente, así que he decidido ser valiente también y mojarme.

Espero que el hilo argumental sea comprensible y entretenido. Llegaré a una conclusión, tú déjame cuerda y sobre todo lee primero la muy recomendable entrada de Nacho, la discrepancia es sana y estoy segura de que él así lo cree. Aunque tendrás tu propia opinión formada, verás que ambas entradas te aportarán algo o eso esperamos.

En primer lugar, me parece un debate importante el de las prestaciones económicas porque nos guía, querámoslo o no, hacia el meollo de la cuestión: el objeto de los servicios sociales, que es, a mi juicio, por donde deberíamos comenzar (y acabar). Es evidente que definir los servicios sociales tiene que ver con la redefinición de las políticas sociales en general, pero es evidente también que si llegase ese momento alguna postura deberíamos mantener desde dentro con respecto a qué queremos ser. Supongo que todas abogamos por un cambio de paradigma en servicios sociales, sea el que sea ¿Verdad?

En segundo lugar, para poder defender ese cambio de paradigma, insisto, no podemos para bien o para mal perder de vista el objeto en ningún momento, ni el nuestro ni el del resto de sistemas. Es decir, no se trata de pensar sobre qué sistema puede hacer mejor o peor tal cosa, sino de quien debe hacerlo y después exigir que se haga con calidad y todo lo demás, por ello no comparto ningún argumento que gire en torno a si esta pata de la política social está más o menos preparada o es más o menos cercana. Si no se está preparado, exíjase, y si no es cercana, acérquese. Que cada palo aguante su vela. Lo contrario nos lleva por un camino que nos aparta del algo para todas y nos conduce al todo para algunas. Soy consciente de lo políticamente incorrecta que es esta afirmación, lo que pasa es que no escribo para ser correcta.

Es verdad que puede haber materias que exijan la concurrencia de varias administraciones, en ese caso ya están inventadas sobre el papel las políticas intersectoriales o puede haber cuestiones transversales de las que deberían ocuparse las políticas comunitarias. Nunca me cansaré de recomendar el libro de Fernando Fantova Diseño de Políticas Sociales, que lo explica perfectamente.

Por lo tanto, en tercer lugar, si una persona de 55 años que percibe un subsidio necesita acompañamiento para su inserción laboral yo propongo darle la vuelta al calcetín: Si se trata de acompañamiento en inserción laboral lo que debe exigirse no es que el caso lo asuman los servicios sociales, sino que haya trabajadores sociales en los sistemas de empleo, justo al revés. Que sí, que sé que la sola inserción laboral no genera inclusión social, mas porque la exclusión social es multifactorial requiere multi-administraciones: cada uno a lo suyo y con coordinación, interesectorialidad, vaya.

En el caso de una mujer víctima de violencia de género, en mi opinión debe elegir la intervención, es decir, ser ayudada y no que la ayuda sea impuesta vía subsidio, porque no encuentro otra razón para tramitar el subsidio dentro de servicios sociales que no sea condicionar el subsidio a la intervención hoy por hoy y al menos en Andalucía, porque tener a la mujer en el centro en carne y hueso, así sin más, no parece que obre milagros, más allá de que para cocinar pollo hay que tener el pollo, permíteme el simil. Cabría preguntarse, en esta línea, qué estamos haciendo mal para que las mujeres víctimas de violencia de género no nos elijan con tanta frecuencia como nos gustaría. Y esto me lleva a la cuarta y última cuestión.

No se trata de sacar competencias per se, se trata de sacar unas para mejorar e incluir otras (se me ocurre a bote pronto la mediación familiar), redefinir el sistema, en definitiva. Opino que las prestaciones económicas hoy por hoy constituyen un lastre para ese cambio de paradigma que todas ansiamos. Coincido con Nacho en que acudir a los servicios sociales no tendría por qué estigmatizar y que acudir al INEM hoy SEPE puede ser muy desagradable, no obstante discrepo en la interpretación de la realidad: No es lo mismo para la gente pedir una ayuda en servicios sociales que en el INEM, yo lo veo todos los días en la cara de las personas que lo hacen. Los servicios sociales estigmatizan, excepto por dependencia y familia numerosa, al menos aquí abajo. Diferencio además la sensación de ser pobre de la sensación de ser tratado como un número, no es igual.

Sostengo que la condicionalidad y el dinero de por medio, así a lo bruto, son un obstáculo en la intervención social, un palo en la rueda de la universalidad. Dicho esto, el sentido de las unidades de gestión es auxiliar en la tramitación de los asuntos objeto del sistema, no veo la utilidad de mantener estructuras iceberg dentro del sistema, con el coste añadido que supone cuando hay administraciones como hacienda, que se dedican precisamente al control de nuestro dinero y por desgracia lo hacen bastante bien excepto si se trata de personajes como Bárcenas.

Obviamente todo lo descrito parte de la la asunción de las prestaciones económicas por un sistema de garantía de rentas. Ya veríamos cuáles prestaciones y cómo se articularían. Es más, si alguna prestación debe quedarse en nuestro sistema, no sería un problema si está adecuadamente enmarcada. Observo -no en el debate en twitter ni en la entrada de Nacho- que si se habla de redefinir el sistema sobrevuela el miedo a perder clientela y es lícito, pero deberíamos atrevernos a soñar otro sistema y a creernos con la capacidad de recuperar el público que pudiésemos perder, si la oferta es atrayente.

Todo esto es teoría, por supuesto, así que pondré un ejemplo la semana que viene, si te quedan fuerzas para seguir leyéndome. El debate está servido. Muchas gracias, Nacho, por abrir fuego, te tocó lo más difícil.

PD. Tengo dos entradas pendientes, una sobre técnicas, que prometí, y otra sobre el servicio de ayuda a domicilio, para cuando los debates en twitter dejen un respiro.

Yemi Alade
Africa

Conocer a esta artista gracias a mi sobrina Elena
me llena de orgullo y satisfacción. La niña tiene buen gusto,
como su tía...