viernes, 21 de abril de 2017

Saber femenino, vida y acción social


Acabo de terminar el segundo libro de Silvia Navarro Pedreño Saber femenino, vida y acción social. Su primer libro, Redes sociales y construcción comunitaria, fue un descubrimiento, y es que me encanta el universo tan particular que Silvia consigue crear al escribir y, sobre todo, que lo haga en el marco del Trabajo Social. He ido pues leyendo sus relatos con devoción mariana. Por fin llegó el segundo libro. Un parto complicado (nunca mejor dicho) ya que le ha llevado cinco años escribirlo.

Leer a Silvia requiere sosiego y concentración tanto por el contenido como por la forma. Tiende puentes con otras autoras y otras ideas, enlaza cuentos, introduce personajes y relatos de aquí y de allá y evoca paisajes a modo de metáfora. El cuidado con el que utiliza las palabras y las frases hace que imponga su propio ritmo, pausado. Más allá de esto ¿De qué va el libro? Pues básicamente se trata de un análisis feminista de la acción social en particular y la vida en general, distribuida en cuatro partes: La otra historia, el otro saber, Una revolución paciente y silenciosa, Vida artesana y En la acción social el sur también existe.

Me han parecido especialmente reveladoras la primera y segunda parte, dedicadas al feminismo (quizá porque sus posicionamientos en lo referente a la acción social ya los conocía a través de sus relatos). Propone en estas dos partes una nueva manera de pensar y hacer partiendo del feminismo de la diferencia. La tercera recoge un análisis alternativo de las organizaciones y la cuarta se centra sobre la acción social propiamente dicha.

En definitiva, se trata de un libro que, desde tesis postmodernas, aporta una mirada violeta al trabajo social de nuestro país y es, en palabras de la autora, una llamada urgente a lo insurgente, a reaccionar y reinventarnos, a restaurar una esperanza en lo improbable. Qué inspirador y qué necesario ¿Verdad?

Ibeyi
Stranger / Lover

viernes, 14 de abril de 2017

La trampa de la pobreza en servicios sociales

La pobreza es la imposibilidad de pensarte distinto
Martín Caparrós


Acabo de leer en el blog del SIIS una interesante entrada titulada Las ayudas sociales ¿Trampa o trampolín?, en la que se analiza un estudio de la Unión Europea sobre los sistemas de ayudas sociales en Europa y su influencia en los procesos de exclusión social. Sugerente la última parte de la entrada, que cito textualmente (aunque animo a su lectura completa desde el enlace):
La última parte del estudio se dedica a estudiar en qué medida percibir ayudas sociales durante un periodo constituye un factor de riesgo para llegar a percibir prestaciones económicas en el futuro. Parece claro, indican los autores, que recibir ayudas un año determinado aumenta considerablemente el riesgo de hacerlo también durante el siguiente. Este hecho sugiere que podría haber personas ‘dependientes’ de la asistencia social. No obstante, los autores señalan que, en este contexto, es necesario tener en cuenta el perfil de quienes de manera repetida recurren a las prestaciones económicas: si estas personas reúnen características tales como, por ejemplo, tener un nivel educativo bajo, o ser madre o padre monoparental, no se podría hablar de facto de una dependencia. La dependencia a largo plazo de los sistemas de protección social se produce, según los autores, cuando el propio sistema provoca, de alguna manera, esa supeditación (el subrayado es mío).
¿Provoca el sistema, de alguna manera, la supeditación de las personas empobrecidas a las ayudas sociales? Parece claro que, de alguna manera, sí. Como sabemos, el sistema de bienestar social español se sostiene sobre la creación y diferenciación entre prestaciones contributivas, es decir, aquellas a las que tenemos acceso tras haber cotizado a la Seguridad Social y asistencia social para aquellas personas que, por diversas razones, no lo han hecho.

Entre las diversas razones para no acceder al mercado laboral  la trampa de la pobreza juega un papel muy importante. La trampa de la pobreza es, como también sabemos, un mecanismo auto mantenido que provoca que la pobreza persista. Si persiste de generación a generación, la trampa comienza a perpetuarse si no se toman medidas para romper este círculo. La ciudadanía en general apenas es consciente de esta realidad, pero es más preocupante el hecho de que, nosotras, las profesionales de la intervención social a veces pasamos por alto esta problemática, que incide muy negativamente en procesos de acompañamiento hacia dinámicas de autonomía.

Pondré tres casos míos, brevemente, a modo de ejemplo:
  1. Familia compuesta por cuatro miembros: Padre con discapacidad, perceptor de pensión no contributiva (25 años de vida laboral), madre con obesidad mórbida sin discapacidad reconocida y dos niños.
  2. Hombre de 46 años, perceptor del salario social, que es admitido en programa de contratación para personas en exclusión de la Junta de Andalucía, con un contrato de 1 mes.
  3.  Anciana de 81 años con pensión no contributiva y en situación de dependencia con grado II que convive con su hija soltera de 52 años, en desempleo.
En el caso 1 hablamos de una familia con dependencia crónica de los servicios y en proceso de exclusión social severa. Nuestra estrategia: La discapacidad del marido no le impide trabajar y además tiene una vida laboral extensa, la esposa no puede trabajar por su obesidad. Compaginar la pensión no contributiva con empleos intermitentes para él mejoraría ostensiblemente sus ingresos y haría que el marido se reincorporase al universo contributivo.

La estrategia de la familia: Nos ha costado un mundo conseguir la pensión no contributiva (cierto) y no podemos permitirnos perderla. Mi marido no puede trabajar porque se la quitarían (cierto) así que yo, la esposa, iré alternando empleos del ayuntamiento (que de ahí no me echan) con ayudas de los asuntos sociales.

¿Qué elección será la más adecuada para ellos?

El caso 2 se refiere a un hombre que ha estado esperando el salario social 9 meses, durante los cuales ha sobrevivido mal, con empleos irregulares y ayudas de los servicios sociales. Tras 9 meses esperando el salario tiene que elegir entre un contrato de un mes no renovable o 6 meses de salario social.

¿Qué elección será la más adecuada para él?

El caso 3 ilustra como la Ley de Dependencia tampoco escapa a la trampa de la pobreza: Lo deseable es que la hija pueda acceder al mercado laboral ya que cuando fallezca su madre no tendrá derecho a ninguna prestación y debe imperiosamente cotizar si quiere tener una jubilación más o menos digna. Entretanto la madre disfrutaría del servicio de ayuda a domicilio para que apoye durante la jornada laboral de la hija, sin embargo ¿Cómo dejar pasar la Prestación Económica por Cuidados en el Entorno familiar con 360 euros de ingresos para dos personas? Una prestación, la PECEF, que no genera cotizaciones gracias al famoso decreto de 2012 made in Rajoy.

¿Qué elección será la más adecuada para ellas?

Aunque, pensándolo bien ¿No será que las preguntas están mal formuladas? Cuando la supervivencia es el objetivo, cuando la solución se convierte en problema, la pregunta es ¿Hay posibilidad de elegir?

Hoy es 14 de abril, Día de la República. Uno de los valores centrales del ideal republicano es, en palabras de Raventós y Domènech, el concepto de libertad, que pivota sobre la idea de vivir sin permiso, es decir, no tener que pedir permiso a nadie para vivir, gozando de una base material independiente de existencia a la que ahora llamamos Renta Básica. Una medida de justicia conmutativa, un derecho histórico derivado del proceso de desposesión capitalista que comenzó ya en el siglo XVIII. Robespierre, consciente de todo esto, se proponía universalizar la libertad incorporando a los pobres a la República, sí, Robespierre, el de la guillotina. Qué cosas...



La leyenda del tiempo
Chip Wickham por Camarón de la Isla

jueves, 6 de abril de 2017

Tragar o no tragar

El pasado 24 de marzo ocho activistas de distintos colectivos de Euskadi iniciaron una huelga de hambre con el lema No Tragamos y el objetivo de que el gobierno vasco rectifique en su actual política de recortes a la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). Sus reivindicaciones son compartidas por un amplio sector de la ciudadanía y además cuentan con el apoyo de diferentes instituciones que se han sumado a la protesta. Transcribo aquí sus nombres con la disculpa anticipada por si alguno lo he escrito incorrectamente o me olvido de alguien:

  • EKAIN-REDES PARA LA INCLUSION SOCIAL: CONGD EUSKADI: Coordinadora de ONG de Desarrollo de Euskadi, EAPN EUSKADI: Red Europea de lucha contra la pobreza y la exclusión social en Euskadi, GIZATEA: Asociación de Empresas de Inserción del País Vasco, HARRESIAK APURTUZ: Coordinadora de ONG de Euskadi de Apoyo a Inmigrantes HIREKIN: Asociación de entidades de iniciativa e intervención social de Euskadi, REAS EUSKADI: Red de Economía Alternativa y Solidarias.
  • COLECTIVOS SOCIALES: Argilan-ESK, Argitan (Centro Asesor de la Mujer, Barakaldo), Asociación de Trabajadoras de Hogar de Bizkaia, Baietz Basauri!, Berri-Otxoak (Barakaldo), Brujas y Diversas, Danok Lan (Galdakao), Elkartzen, Mujeres del Mundo, Posada de los Abrazos/Besarkatuz, PAH Bizkaia-Kaleratzerik EZ!; SOS Racismo; Erletxea (Punto Información y Agitación Social, Irún); Plataforma de Afectad@s por Lanbide de Gipuzkoa.
  • AGRUPACIONES DE PENSIONISTAS: Pentsionistak Martxan Bizkaia; Arabako Pentsionistak Lanean, Gipuzkoako Duintasuna Elkarteak.
  • SINDICATOS: ELA, LAB, CCOO, UGT, ESK, STEILAS y CGT.
Unas semanas antes del 24 de marzo, concretamente el día 8, Paco Vega, un malagueño de 64 años comenzaba una huelga de hambre reivindicando la puesta en marcha de una renta básica para Andalucía, tal y como establece el Art. 23.2 de nuestro Estatuto de Autonomía: Todos tienen derecho a una renta básica que garantice unas condiciones de vida digna y a recibirla, en caso de necesidad, de los poderes públicos con arreglo a lo dispuesto en la ley.

Lo que el Estatuto de Autonomía para Andalucía promulga no es una Renta Básica propiamente dicha sino una Renta Mínima, bien es verdad. Al margen de esta importante puntualización, el drama: Andalucía es una comunidad con 8.411.205 habitantes y 1.120.000 personas en paro según datos de la Encuesta de Población Activa de Andalucía del cuarto trimestre de 2016. O dicho de otro modo: Ocho millones y medio de personas y un millón ciento veinte mil parados. Otro dato: Andalucía lidera la tasa de pobreza por renta y producto interior bruto en España: un 29,3%, según EAPN Madrid. Ejemplos entre muchos otros que podríamos citar: Desigualdad, pobreza infantil, abandono escolar... cifras para la vergüenza que señalan con el dedo el fracaso de los sucesivos gobiernos del PSOE.

Para paliar la carencia de ingresos en Andalucía la mejor herramienta disponible es un Programa de Solidaridad de los Andaluces en tal estado de catatonia que el Defensor del Pueblo Andaluz, acosado por la hemorragia de quejas ciudadanas, ha amonestado a la Consejería en numerosas ocasiones. Es más, el Defensor del Pueblo acaba de solicitar una regulación transitoria en tanto se aprueba la nueva Ley de Renta Básica de Andalucía, solicitud basada en el informe especial que este órgano presentó el pasado diciembre.

La nueva Ley de Renta Básica es una vieja reivindicación, aunque de unos pocos colectivos sociales de esta comunidad: EAPN Andalucía, Zambra-Baladre, Plataforma de Afectados y poco más, sin embargo para las instituciones sociales relevantes no pasa de ser una moda. En consecuencia, tampoco es un asunto relevante para la ciudadanía. Es paradójico pero explicable que este subdesarrollo secular que padecemos en Andalucía rara vez se traduzca en alguna movilización ciudadana, al contrario que en Euskadi. En Euskadi no tragan. Aquí tragamos. Todos excepto Paco Vega. El 11 se reúne con la Consejera. Veremos...