domingo, 17 de septiembre de 2017

A vueltas con la zona de confort

El lenguaje está antes que el pensamiento
Noam Chomsky

Nikita y yo a la hora de la siesta
Este mes de propósitos y buenas intenciones he decidido que no voy a hacer nada hasta el próximo verano. Nada. Nada aparte de ir trabajar, salir a caminar todos los días para tratar de continuar perdiendo peso, hacer las tareas domésticas que me corresponden, presentarme al concurso de traslados, echar un ojo a mis padres, ya mayores, convivir lo mejor posible con mi pareja, cuidar a mi familia y amigos ayudándolos en aquello que esté en mi mano, conseguir que mi perra Nikita deje de lamerse las patas, leer, asistir al Congreso de Mérida y escribir en este blog.

En estas divagaciones andaba y justo me encuentro en facebook la última entrada del bloguero Pedro Celiméndiz, titulada Trabajo Social confortable. Me dejó alucinada leer pensamientos tan parecidos a los míos. Yo también estoy cansadísima de la letanía de la zona del confort y todas esas consignas neoliberales que nos están inoculando, bastante tengo con hacer mi trabajo lo mejor posible cuando lo que me pide el cuerpo es organizar con las familias un lanzamiento colectivo de huevos a las entidades bancarias del municipio, pero estén tranquilos directores de banco, no somos capaces ni ellos ni yo.

Hay que quitarse el sombrero ante la eficacia con la que los gurús neoliberales han retorcido el lenguaje en beneficio propio. Han convertido el confort en pasividad, el riesgo en afán de superación y lo proactivo en positivo. Siempre he creído que confort es comodidad, riesgo es peligro y positivo no es lo mismo que proactivo, porque ser positivos porque sí no hace la vida mejor por arte de birlibirloque, pero sí resta capacidad crítica. Lo dice una persona optimista que trata de ser proactiva en su vida diaria.

Iré un poco más allá. Rechazo incluso el afán de superación, tal y como se entiende en el contexto actual. Mi padre, camionero, recibió presiones familiares toda su vida para que comprase un camión más grande y cosas de ese tipo. Mientras otros camioneros prosperaban endeudándose con camiones frigoríficos para poder viajar día y noche, semanas enteras, él jamás salió de su zona de confort, sin embargo tuvo tiempo para jugar con sus hijas y nos sacó adelante junto con mi madre, máster en economía doméstica. Hoy su pensión es escasa y los ahorros también, aún así, es feliz y no cambio yo a mi conservador padre por nadie en el mundo.

En lo que a la profesión del trabajo social se refiere, hubo un párrafo de la entrada de Pedro que me gustó especialmente. Dice así:
Nuestra profesión nos sitúa permanentemente ante situaciones de sufrimiento humano para las que con frecuencia carecemos de respuesta y sobre las que asumimos responsabilidades sin los necesarios instrumentos.
Cosas del destino, esta semana he recibido un correo electrónico devastador de una compañera a la que no conozco de nada. Se siente muy mal porque se ve incapaz de ejercer y le pesa muchísimo la responsabilidad de atender y acompañar. No he querido hacer un corta pega del correo por respeto a su intimidad. No es necesario, el párrafo de Pedro resume a la perfección lo que la compañera cuenta en el correo.

Todo lo que he expuesto aquí, junto con la entrada de Pedro y el correo de la compañera me lleva a dos conclusiones, la primera, que efectivamente carecemos de instrumentos para manejar la relación de ayuda. Es necesaria la formación en terapia familiar, intervención... llamémosle como queramos. El modelo da un poco igual, la cuestión es abordar los casos con perspectiva científica y herramientas profesionales, que las hay. Creo que si la compañera estuviese formada al respecto, su incomodidad desaparecería. A mí me ocurrió lo mismo y me formé en el modelo sistémico, lo que me ayudó muchísimo. Por cierto, colocaré en el blog un repositorio de casos a petición de esta compañera.

La segunda conclusión es que no debemos avergonzarnos de optar por quedarnos en nuestra zona de confort. La vida, como decía Pedro, no es una carrera de obstáculos, no hay que llegar a ningún sitio, es el viaje lo que realmente merece la pena, tan sólo necesitamos una brújula: la ética.

Pastora
Qué pasa si soy del montón

14 comentarios:

  1. Me encantó tu última frase: Tan solo necesitamos una brújula, la ética. Tan rara avis en estos momentos donde todo se considera relativo, y cuando a mayor juventud mayor indefinición ( ahora me caerá la de Dios por decir esto).Yo a la ética agregaría el corazón , la emoción y la sensibilidad, tan denotastadas en la formación de la carrera. Abrazo grande Compañera!

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    1. ¡Claro que sí! Es más, cada vez hay más evidencias científicas de que los humanos somos pura emoción, y sí, sin sensibilidad somos seres odiosos ¡Otro abrazo de vuelta!

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  2. Interesante reflexión.
    Efectivamente necesitamos instrumentos y formación. Cuestión que debería comenzar en la carrera para aprender cómo afrontar problemas y dificultades más allá del binomio demanda-recurso. Reflexionando sobre sus porqués y el para qué de nuestra intervención. Todo ello dentro de nuestras posibilidades técnicas e institucionales.
    Salu2 compañeras

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    1. Cierto, en la Universidad falta mucho contenido en este sentido, al menos en mi época. Gracias por comentar.

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    2. Sí, las necesitamos y no nos debe dar vergüenza reconocerlo ni decirlo. Somos unas malabaristas-equilibristas que nos movemos entre expectativas, demandas, resistencias, dolor… y es difícil salir indemne de semejante cóctel explosivo a no ser una esté muy cinceladita y disponga de un bolso como el de Mary Poppins de herramientas (ojo, digo herramientas y no recursos, que es lo que se nos pide y se espera de nosotras). Y ni uno ni lo otro lo proporciona lamentablemente la universidad…

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    3. Mónica, me ha encantado la diferenciación entre herramientas y recursos ¡Gracias por comentar!

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  3. Gracias Belén, tu reflexión hila con la ultima palabra incorporada recientemente en el Diccionario de la Real Academia Española, Posverdad, termino que refiere a toda información o aseveración que NO se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del publico. El uso del potencial que la retorica tiene para hacer real lo imaginario, o simplemente lo falso.
    En definitiva,que hay que ir mas allá de la apariencia, saber leer entre lineas...., y como dices, bien armadas.

    Saludos y buena vida cotidiana,
    Maite Esnaola

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    1. ¡Huy, la posverdad! Ganas me dan de escribir una entrada sobre posverdades en trabajo social, me has dado una idea. Saludos de vuelta...

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  4. Hola Belén, acabo de engancharme a tu blog, Felicidades!has comentado que te has formado en sistemica..me.podrias decir dónde o cómo puedo informarme? gracias

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    1. Tamara fue hace mucho tiempo, igualmente lo miraré ya que me has preguntado... Colgaré la info en la página de facebook.

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    2. http://www.evntf-santpau.com/ Lo hice con ellos y tienen formación online. Son buenos..

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  5. Justo vengo del blog de Pedro y, como le comentaba a él, esta ola "Mr. Wonderful" es una rama más del neoliberalismo que impulsa el individualismo como remedio a todos los males; como si fuésemos dioses omnipotentes capaces de que la vida transcurra como queremos por el simple hecho de querer. Luego cuando la realidad nos golpea, vienen las frustraciones, las depresiones y ansiedades; cuando el problema radica en no asumir que la actitud ayuda, pero no nos garantiza el éxito. Muy buena reflexión.
    Un saludo, Annabel =)

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    1. ¿Qué puedo añadir? Pues que amén. Por cierto, qué interesante es contar con una escritora entre nosotros ¡Espero conocerte pronto!

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