viernes, 24 de noviembre de 2017

Secas por dentro


Hoy debería escribir sobre violencia de género, pero hace unas semanas me topé con esto:
Marx era un buen conocedor de los clásicos y del derecho romano. El derecho civil romano hacía entre dos tipos de contrato de trabajo una gran distinción: la locatio conductio opera y la locatio conductio operarum. El primero era un contrato de obras por el que un particular contrataba a otro (por ejemplo, un orfebre o un curtidor) para que hiciera una obra que especificaba el contrato. El segundo era un  contrato de servicios por el que un particular contrataba a otro para que, durante un determinado tiempo, le hiciera los trabajos que quisiera encomendarle. Este segundo tipo de contrato era considerado republicanamente indigno porque ponía en cuestión la propia libertad. Al primer tipo de contrato se le otorga toda la dignidad, puesto que a través de él un hombre (ahora diríamos persona u hombre y mujer) libre ofrece a otro hombre libre el servicio que proporciona una calificación determinada. Si la locatio conductio operarum es considerado un contrato indigno de hombres libres es porque un particular se hace dependiente de otro particular, con lo que es la propia libertad la que pasa a estar en juego. 
El texto forma parte del artículo El esclavismo a tiempo parcial y la dignidad de Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens, en la revista digital Sin Permiso. Lo leí, me gustó y lo olvidé, sin embargo me vino a la cabeza el otro día, en una conferencia de Sonia Sánchez, una educadora social argentina que en su día fue la puta de todos y de todas y hoy trabaja por la abolición. Publicó hace tiempo un libro acerca de su vivencia (que me arrepiento de no haber comprado en la charla).

En su reflexión, durísima, dos cosas me llamaron la atención: La primera, la descripción de los servicios sexuales que, según sus palabras, rara vez respondían a la negociación previa pues el putero solía hacer lo que se le antojaba una vez que estaban en la habitación o el coche. Sonia precisó: Mi cuerpo no me pertenecía a mí, sino al putero, que no busca el placer sino la dominaciónLo segundo que me llamó la atención fue su relato de las dificultades de las mujeres prostituidas para expresar emociones, para tocarse, para abrazarse. Nos saludábamos con un simple hola aunque llevásemos mucho tiempo sin vernos, estábamos secas por dentro. Secas por dentro.

Como Bertha, ecuatoriana, cuidadora profesional y miembro de Territorio Doméstico a quien Carolina León entrevistó para su revelador libro Trincheras permanentes, intersección entre política y cuidados:
Como llegaba la época de Navidad, para mí era muy importante lo de darnos un abrazo, cómo podíamos darnos un abrazo a la que está al lado y decirle "te quiero", que nos cuesta mucho...
Porque eso de cuidar nos implica de cuerpo entero, dice Carolina León. Somos mil usos, mil cosas. Enfermeros, maestros, planchamos, hacemos la limpieza, bañamos, curamos, lavamos heridas, hay que ver que el culete se le está agrietando, hay que escucharlos, terminas llorando con ellos...Tenemos que hacer de todo. Y yo digo, bueno, si tenemos que pagar cada cosa, pues sale uno muy caro, dice Bertha.

Hoy debería escribir sobre violencia de género, pero me salió un pastiche sobre machismo, servidumbre y dominación. Sobre mujeres secas. Secas por dentro.

Luz Casal
Sentir
(Las mujeres, siempre las mujeres, detrás, sosteniendo)

6 comentarios:

  1. Yo sí creo que has escrito sobre violencia de género, a mí me ha llegado con una gran dimensión humana. Quizá estoy también influenciada por el video de Sonia y cómo su forma de relatar "el rompimiento" de estas mujeres, me dejó noqueada pero con un sentimiento de profunda empatía por ellas sintiendo su rabia. Gracias Belén, por sentir así estas realidades y por tu tiempo para pensarlas, escribirlas y compartirlas. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Me alegra que hayas llegado a esa conclusión, Pili! Era justo lo que pretendía al escribir la entrada, relacionar la violencia de género con estas realidades. Un abrazo de vuelta.

      Eliminar
  2. Pura y dura realidad, realmente violenta y violentadora. Impactante el vídeo de Sonia. Lamentablemente es una realidad con la que convivimos y tenemos justo al lado, no queremos verla.
    En una época de mi vida tuve contacto con esa realidad y conocí a personas de ese mundo, cargadas de sufrimiento, de dolor. Al pasar por sus lugares de trabajo, la calle, me paraba a saludarlas. Las conocía, algunas me evitaban, probablemente avergonzadas y quienes me acompañaban me preguntaban:
    - "de qué conoces a esa".
    - ¿a María?, es largo de explicar y no puedo hablar de ello.
    U otra de las veces tomando unas cervezas me preguntaron: ¿esa tiene SIDA? (era otra María). Le cogí del brazo e intentado llevarle hacia ella, le dije puedes preguntarle, yo te la presento. No tuvo valor de dar dos pasos: ¡¡qué borde eres!! y tú un cotilla sin vergüenza, ni respeto, ni valor para dar la cara.
    Había olvidado esa etapa.
    Gracias Belen

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muy bien hecho! Gracias a ti por compartirlo...

      Eliminar
  3. Emocionante y muy sugerente entrada Belén. La intervención de Sonia Sánchez, terrible. ¡¡ Vaya bofetada !!. La prostitución: un asunto a quien nadie quiere mirar, del que nadie quiere hablar... Un ejemplo más de hipocresía ante las violencias... Gracias Belén. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, escuchar a Sonia Sánchez (y más en directo) es toda una experiencia... Gracias a ti por comentar. Otro abrazo de vuelta!

      Eliminar