miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ayuda a domicilio y trabajo social (primera parte)

El servicio de ayuda a domicilio (SAD) es uno de los programas más antiguos en los servicios sociales de este país. Existe un amplio consenso profesional y ciudadano sobre su eficacia y su relevancia como yacimiento de empleo, sobre todo en las zonas rurales. La ley de dependencia lo ha incorporado en su catálogo, siendo éste uno de los recursos más prescritos.

La importancia de este servicio obliga a una revisión periódica para su actualización y mejora. Como profesional responsable en mi UTS del SAD me gusta hacer esta revisión, eso sí, para mis adentros ya que nadie me ha pedido que lo evalúe. Hoy la traslado al blog porque guarda relación con mi manera de entender el trabajo social. Vayamos por partes.

Casi todas las administraciones prestan el SAD a través de la modalidad de gestión indirecta, es decir, con empresas normalmente multinacionales que se ocupan de la gestión del servicio mientras la titularidad sigue siendo pública. 

En la práctica esto se traduce en que las trabajadoras son contratadas con el salario y condiciones laborales de la empresa; en Andalucía la Junta paga a las empresas trece euros por hora de los cuales las auxiliares vienen cobrando cinco y pico más o menos. Un precio hora problemático porque los trece euros son insuficientes para los ayuntamientos con gestión directa o para las cooperativas que ofrecen condiciones laborales dignas y sí parecen ser suficientes para las multinacionales que pugnan con fiereza por obtener los contratos de gestión.

No es alocado inferir que si el SAD es rentable para las multinacionales es a costa de precarizar las condiciones laborales de las trabajadoras que son en su inmensa mayoría ¡oh, sorpresa! mujeres y de ellas una parte cada vez mayor ¡oh, sorpresa! extranjeras. Trabajadoras que tienen que acumular muchas horas de trabajo para poder obtener un salario no digamos digno y a las que no se les paga el tiempo de desplazamiento entre un domicilio y otro, ejemplos estos de muchas injusticias.

Puede que haya quien piense que con las circunstancias políticas actuales no es posible imaginar otro modelos de gestión: las tardanzas en pagar por parte de los ayuntamientos hacen difícilmente soportable el funcionamiento de empresas de economía social, los trece euros imposibilitan la gestión directa, etc. Con el panorama actual es cierto. Tan cierto por otra parte como que se construyen aeropuertos sin aviones, se rescata a la banca con 40.000 millones ¡de euros! y se financian con dinero público escuelas taurinas y corridas de toros, entre otros muchísimos indecentes dispendios. Cuestión de prioridades políticas. Retomemos el hilo.



Aparte de desempeñar un empleo muy precario, las trabajadoras soportan tratos vejatorios en más ocasiones de las que ellas mismas denuncian para no perder horas de trabajo. Cuando digo trato vejatorio también me estoy refiriendo a conductas sexualmente inapropiadas por parte de hombres que reciben el servicio. No es la norma, no obstante tampoco se trata de casos aislados y lo puedo afirmar por mi larga experiencia como responsable del servicio.

Esta también es, en definitiva, la realidad del servicio de ayuda a domicilio. Es un programa en el que confluyen a la perfección los actores necesarios para el buen funcionamiento de la maquinaria capitalista actual: El empeoramiento de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y el patriarcado que, entre otras cosas, contribuye a precarizar todavía más los empleos feminizados, llegando a no considerarlos en algunos casos ni dignos de salario. Es importante en este sentido la diferenciación entre trabajo y empleo, que daría para otras entradas.

El capitalismo y el patriarcado son en mi opinión los dos baluartes que un trabajo social crítico debe contribuir a derribar. La praxis, como sabemos, no es neutra: Confrontar es tomar posición, pero aceptar las cosas como son también lo es. Trataré de demostrarlo, con el servicio de ayuda a domicilio como excusa, en la próxima entrada.

SaluteYal Bannot (Honor a las niñas)
African Girl
(Si te apetece conocer la historia de estas maravillosas 
mujeres sudanesas pincha aquí)

10 comentarios:

  1. Vaya cómo está el panorama. Aquí salvo en ciudades grandes como Pamplona la gestión del SAD, normalmente es directa.
    El coste hora viene a suponer para una trabajadora familiar de unos 21 € en bruto. El salario a cobrar casi duplica el salario mínimo interprofesional, está en torno a los casi 1200 € netos.
    Para una población de 5200 personas tenemos cinco trabajadoras familiares a jornada completa con la dispersión geográfica de 287 km cuadrados.
    Situaciones bastante diferentes. Esperaré con ilusión tu próxima entrada

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    1. Es sorprendente la diferencia con respecto a Andalucía. Muchas gracias por el dato y por comentar...

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  2. Me has dejado con ganas de más... parte dos ya !!!

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  3. Hola Belén, totalmente de acuerdo en todo. Es una cuestión indignante que al igual que tú veo a diario. Mujeres con un sueldo mísero y con ningún reconicimiento social ni profesional....gracias por estas entradas...un abrazo.

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    1. Gracias a ti por comentar. Un abrazote, compañera...

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  4. Enhorabuena Belén. Es gratificante comprobar que desde el Trabajo Social se denuncian todo tipo de atropellos a derechos básicos. No podemos contentarnos con defender los derechos de quienes atendemos. Por coherencia y lealtad a nuestros principios, es preciso denunciar los atropellos que se cometen contra las personas que prestan los servicios sociales. El panorama que describes es paradójico: para atender derechos sociales de "los unos", atropellamos los derechos de "los otros". No es casualidad que "los otros" sean mujeres, inmigrantes, precariado, vulnerables...

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    1. Gracias, Pablo, paradójico sí, es un buen resumen. Un fuerte abrazo y felices fiestas, profe...

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  5. Muy buena entrada. Gran y retrato del sector. Deseando leer la siguiente entrega. Me ha encantado el vídeo y lo he compartido ampliamente.

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    1. ¡Muchas gracias! Espero que la siguiente también sea de tu interés, un abrazo.

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