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Ayuda a domicilio y trabajo social (segunda parte)

Inicié la semana pasada un hilo de reflexión sobre el servicio de ayuda a domicilio (SAD) como ejemplo de la confluencia entre capitalismo y patriarcado en servicios sociales. Decía que estos dos sistemas son, en mi opinión, los pilares que confrontar desde el trabajo social crítico.

Si bien es cierto que como trabajadoras sociales de base no podemos impedir la privatización de los servicios en manos de multinacionales, sí podemos denunciar estas prácticas ante la opinión pública, informar acerca de sus perjuicios, dignificar la labor de las auxiliares, animar a su afiliación sindical, presionar a las empresas para que cumplan sus obligaciones, en suma, servir como altavoz, pero hay más.


Observo que existen por parte de las profesionales de servicios sociales dos modos (no siempre conscientes) de entender el servicio de ayuda a domicilio, uno, muy en la línea del modelo de gestión de casos, que según Viscarret 
es un modelo que aparece en el Trabajo Social como resultado de la preocupación por ofrecer una intervención cada vez más eficiente, eficaz y al mismo tiempo más económica. Para tal fin, se adoptan fundamentos teóricos que provienen de disciplinas más relacionadas con la economía, la empresa y el comercio.
Este modelo, producto de la incorporación del paradigma neoliberal al trabajo social, se aplica al servicio de ayuda a domicilio bajo la premisa el cliente siempre tiene la razón, en este caso la familia que recibe el servicio, por lo que el objetivo principal es su satisfacción. La empresa es la responsable del SAD y los servicios sociales solo se ocupan de controlar que se preste como está prescrito. Normalmente la prescripción suele estar ajustada a los deseos y preferencias de la familia, con consecuencias a mi modo de ver nefastas para las auxiliares de ayuda a domicilio y para el servicio en sí.

Las consecuencias de el cliente siempre tiene la razón son, entre otras, asignación de horarios que no permiten que las auxiliares puedan completar su jornada laboral, prescripción de domingos y festivos en casos innecesarios y sustitución de auxiliares en conflictos ocasionados por la persona atendida en lugar de aplicar el régimen de sanciones estipulado, por no hablar de los flagrantes incumplimientos de la hoja de tareas, elemento clave para la calidad del servicio y la dignificación del trabajo de las auxiliares. Aquí hago un inciso para señalar a las propias auxiliares, que deberían ser menos tolerantes al respecto y marcar sus límites.

Cuando hay conflictos entre las auxiliares y las personas atendidas es clásico que las profesionales de servicios sociales nos saltemos el principio de veracidad, que no es ley en el caso de las auxiliares, sin embargo debería tener un cierto peso. Si la auxiliar no se siente respaldada por nosotras ante las familias su trabajo se devalúa y se abre una peligrosa tentación de explotación laboral. Desde este modelo son típicas las dinámicas de empoderamiento de las familias frente a las auxiliares, temerosas de no cumplir las expectativas y perder las horas de trabajo.

Explotación unida a la precariedad que conlleva trabajar dos o tres horas diarias, por lo que considero un imperativo moral tratar de cuadrar horarios que les permitan obtener un salario digno. Si una familia solicita el servicio a las 9 de la mañana no es lógico que lo reciba a las 11, pero sí a las 9 y media, yo juego con márgenes de media hora arriba y abajo (con excepciones, claro está).

¿Se trata entonces de invertir el orden para colocar las preferencias de las auxiliares por delante de las necesidades de las personas atendidas? No.
El Trabajo Social crítico supera este desafio señalando que el denominador común es que todas las tormas de opresión se basan en un planteamiento idéntico de subordinación y de dominación contra el que hay que trabajar. Al radicar el problema en la estructura social dominante, permite que los trabajadores sociales críticos/radicales consideren que los diversos objetivos emancipadores de los grupos oprimidos puedan conciliarse. De nuevo, Viscarret
No se trata de enfrentar los intereses de las auxiliares y de las familias y/o de optar por una de las partes, como tampoco se trata de prescribir sin más y dejar el caso en manos de la empresa. Se trata de arremangarse e intervenir procurando conjugar el bienestar de la persona y de su auxiliar ya que normalmente van de la mano. Intervenir en las tareas, en los conflictos, en las alianzas, en la mejora del bienestar de la persona atendida y, lo más importante, en la construcción de redes de apoyo diversas, amplias, estables y sanas. La sobre prescripción, por ejemplo, las destruye.

Por otra parte, desde la mirada con gafas violetas, o si se prefiere desde un trabajo social con perspectiva de género, veremos con gran nitidez la dureza que supone el trabajo feminizado de cuidar y como, tristemente, es sistemáticamente denostado, tomaremos conciencia de la dificultad de conciliación de la vida laboral de nuestras compañeras auxiliares, de la necesidad de dignificar su trabajo garantizando que las tareas sean las adecuadas para la persona (y no para el hijo o los cuatro nietos) y, como decía, procuraremos como responsables del servicio que se cumplan escrupulosamente.

Es también nuestra competencia ofrecerles apoyo emocional en la línea de la ética del cuidado de la que hablaba Carol Gilligan. Es evidente que si las auxiliares se sienten parte del equipo y son escuchadas trabajarán mejor y serán aliadas en nuestra intervención con el caso. Casos, algunos, que incluso no deberían estar en SAD, aunque explicar esto me ocuparía una entrada entera.

El SAD es un servicio muy complejo porque hay muchas partes implicadas y porque además se realiza en el hogar, así, se imponen verbos como acompañar, mediar, negociar, escuchar y atender. Las multinacionales no son la opción que más nos gusta, es verdad, precisamente por eso la coordinación con sus equipos es tan importante. No está de más recordar que en estas empresas también trabajan profesionales (muchas de ellas trabajadoras sociales) para que todo vaya bien. El entendimiento es la clave. Nuestras personas atendidas lo agradecerán.

Akua Naru
The block
Akua Naru es una rapera norteamericana que ha sido
la profe del taller de música que recibieron las chicas de
Salute Yal Banot, cuya canción apareció en la entrada anterior.

Comentarios

  1. Un tema apasionante.
    Aprecio varios niveles de análisis.
    Por una parte, un nivel teórico, de modelo atención o, si queréis, de intervención.
    Por otra, aspectos laborales reivindicativos y realmente preocupantes.
    Otro aspecto de gestión pura del servicio. En mi servicio disponemos de algo más de 7.000 h de atención directa, efectivamente prestada en el domicilio en una zona de 287 km2 donde habitan 5200 personas, con casi un 30 % de mayores de 65 años (el futuro de las predicciones demográficas las vivo día a día). La mayor crítica es que no trabajamos tardes ni festivos, un grave problema para el desarrollo del espacio sociosanitario. Especialmente en las zonas rurales.
    Es importante abrir un debate sobre cuestiones de valoración de las intensidades del servicio, priorización, valoración para la intervención más allá de lo puramente domiciliario pero en ese contexto.
    En as zonas rurales de mi zona todavía es excepcional su entrada, auqneu se empieza a ver en temas residenciales.
    Me ha gustado la entrada y me quedo con ganas de profundizar.

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    1. Efectivamente, yo aquí he mezclado intencionadamente los niveles de análisis. Con respecto a los domingos, tardes y festivos, aquí si los prestamos, el problema es que en algunas zonas se prescriben no por necesidad sino por caprichos de la familia y eso no puede ser. Lo del debate sobre intensidades y demás, completamente de acuerdo, es crucial. Muchísimas gracias, como siempre, por comentar. Un abrazo.

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  2. He sido coordinador de un SAD durante cinco años por las que he pasado por tres empresas distintas. La cruda realidad es que en los concursos lo que se prima es la bajada económica ante todo, imposibilitando dar un buen servicio (en todos los sentidos). El resumen que podría dejar aquí: de estos 5 años que acabaron en despido a los dos meses de ser subrogado por la última empresa (por cierto, multinacional de renombre en el sector), cobré mi salario íntegro (no el que yo me inventara, el que marca el convenio) dos meses. Llegué a estar contratado como ayudante de coordinación con más de 150 trabajadoras y 400 usuarios. Dos compañeros para llevar adelante el servicio. Y si eso pasaba en el equipo de coordinación, pues imaginad la plantilla de auxiliares. Sin ir más lejos llegué a tener una trabajadora (con hija recién nacida además) desahuciada de su propia casa aún estando empleada en la empresa, por las precarias y absolutamente denigrantes condiciones laborales que tenían. Horas extra? Eso qué es? Descansos de 12 horas entre inicio y fin de jornada? Eso qué es? Abonar el desplazamiento que marca el convenio? Eso qué es!! Mientras tanto Servicios Sociales y sindicatos retroalimentando la bola, porque si no es con esas condiciones el servicio entonces no tiene dinero para mantenerse. Entonces para qué está hecha la ley? Y evidentemente el 100% de mi plantilla eran mujeres, y en los propios PIA enviados por el Ayuntamiento podías leer cosas tan "maravillosas" como: que la auxiliar no sea extranjera. Y sí, hablamos de pasar por el aro en casa de los usuarios? Hasta pintando paredes y reformando casas. Una absoluta vergüenza Nacional de la que nadie habla. Y en Andalucía, que nos gobierna un supuesto partido de izquierdas, para más inri.
    Un saludi

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    1. Hola, SAD, es cierto, yo he observado muchas diferencias en según qué ayuntamientos y según qué profesionales. Puedo decir que si bien es real como la vida misma lo que planteas no es igual en todos los sitios. En mi municipio esto que planteas es INTOLERABLE para todos los TS, no sólo yo. También influye la coordinadora de la empresa que toque, en mi caso he tenido mucha suerte y la verdad es que dentro del horror que suponen las multinacionales tratamos de cuidar lo mejor que podemos de nuestras auxiliares, lo digo con honestidad y con la verdad. Pero no es lo habitual, por desgracia, de ahí mi entrada. Gracias por comentar. Un abrazo.

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