jueves, 14 de diciembre de 2017

Un problema social

Resulta que en un pueblecito del interior de Almería la población de tres barrios lleva unos diez días más o menos sufriendo continuados y largos apagones. Estas personas, hartas, se han organizado y han formulado una protesta colectiva ante la compañía eléctrica y las administraciones. Si el problema está supuestamente en vías de resolución es gracias a su acción colectiva. Nada particular en esta España nuestra.

Ese pueblecito es Berja, donde ejerzo como trabajadora social, y estoy muy enfadada. Me hiere por igual que haya personas (amigas algunas) sufriendo los apagones y el tratamiento de la noticia por parte de Ideal, un periódico local, que la ha cubierto con el siguiente título: Las plantaciones de marihuana y los enganches ilegales están detrás de los cortes de luz en Berja. El cuerpo de la noticia como su título, no tiene desperdicio. Como muestra, este botón:
la compañía eléctrica ha sustituido fusiles fundidos, cables dañados y transformadores, «todos ellos dañados por la sobrecarga que supone para la red las plantaciones ilegales». No obstante, aunque sin ánimo de echar balones fuera, Endesa asegura se trata de un «problema social». A su juicio, abordar el exceso de consumo que producen los enganches ilegales «va más allá» de su labor. 
Hasta donde yo sé corresponde a la compañía eléctrica ofrecer un servicio de calidad y efectuar las oportunas inspecciones. Corresponde asimismo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado perseguir los delitos contra la salud pública como el cultivo masivo de marihuana, por lo tanto en lo que atañe a la compañía las plantaciones de marihuana son un problema de seguridad ciudadana: un delito y un riesgo para la seguridad de las plantas eléctricas. Por otra parte, las secuelas de un consumo no responsable de marihuana generan además a las administraciones un problema sanitario que en algunos casos puede desembocar en procesos de exclusión social.

En cambio, los cortes de luz sí constituyen un grave problema social. Que España tenga la luz más cara de Europa es un problema social, como los más de cinco millones de personas con temperaturas gélidas este invierno mientras el presidente de ENDESA, Borja Prado, ha ganado en 2016 tres millones de euros, ocho mil euros diarios. Un gravísimo problema social porque es muestra de la escandalosa desigualdad a la que los diferentes gobiernos nos han abocado. Concretamente a la cabeza de Europa, otro número uno para la vergüenza. Como el bono social. Vergonzoso.

Imagen vía www.elhorizonte.mx

Todos estos datos no parecen importar al periódico, más preocupado de exculpar a la empresa, que no tiene ánimo de echar balones fuera y de apuntar hacia las personas que enganchan ilegalmente la luz o que cultivan marihuana convirtiéndolos en el blanco de la hostilidad de los vecinos que pagan sus recibos religiosamente. Olvida este periódico que ni los enganches ilegales de luz ni el cultivo de marihuana eran prácticas habituales en Berja hace 15 años, sino todo lo contrario. Que el barrio al que señalan sin nombrarlo ya estaba allí hace 15 años.

Ignora el periódico que las mismas personas que hoy enganchan ilegalmente la luz son, en su mayoría, las mismas que antes pagaban religiosamente sus recibos. También que muchas de las personas que hoy cultivan marihuana (no todas, claro) trabajaban como albañiles, yesaires, encofradores, pintores o ferrallas. El periódico no lo sabe, pero yo sí lo sé. Sé también que Berja vivía de la minería, que se hundió, también del cultivo de la uva, que también se hundió. Después, la nada.

He vivido con pena negra la degradación de algunos barrios, el Cerro de San Roque entre ellos. Barrios donde antes esperaba paciente con mi coche en cualquier calle, taponada por la furgoneta del risueño panadero y su club de fans. Barrios de mujeres ufanas escoba en mano barriendo su calle, vacía a la hora del colegio. Barrios de hombres saliendo de sus casas con el uniforme customizado de pintura y el hatillo con el rancho en la mano, mirada larga, paso firme.

Hoy los hombres languidecen al sol cada vez más encorvados, sentados en las aceras litrona en mano y los niños corretean a las once de la mañana. Las mujeres piden el pan y que se lo apunte. Las ancianas hacen trucos de magia con la pensión que con un saco de patatas y legumbres da para muchas ollas porque se les echa cualquier hueso y está bueno. Ahora las calles están más sucias. Se les habrán quitado las ganas de barrer a las vecinas, imagino. No se lo he preguntado a ninguna. Será cosa de la teoría de las ventanas rotas.

El caso es que así está Berja. Los apagones continúan y yo estoy furiosa con las eléctricas y la macroeconomía por un lado y sobrepasada por otro. En estado de catatonia hasta que noticias como esta me repente me activan y me pongo a escribir. Igual soy parte del problema. Lo mismo yo también soy un problema social, como la marihuana, yo que sé.

Colter Wall
Sleeping on the blacktop

6 comentarios:

  1. Una reflexión profunda para la que los medios de comunicación (o así los llaman) no están preparados porque "no venden". Hoy leía que Pérez Reverte decía que Internet había matado el periodismo y alguien le respondía que gracias a Internet se mantiene el periodismo (entendido como el oficio de relatar historias reales) de verdad, el no sometido a las reglas de la macroeconomía. Gracias por contribuir a construir ese relato.

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    1. Opino lo mismo. Estamos bajo la tiranía de la doctrina del shock y creo que, al menos en lo que nos atañe, las gentes de lo social tenemos la obligación de denunciarlo. Un abrazo.

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  2. Cuanta razón. Lo más fácil, antes era culpa del sistema ahora ya es culpa de Servicios Sociales. Esta claro cada vez más trabajo con el mismo personal y un encargo cada vez mayor.
    Urge aclarar, reivindicar, defender nuestro objeto y qué parte del Estado del bienestar nos corresponde tratar de ir solucionando.
    Dejar bastante claro cuál es el problema real y dista mucho de ser un problema puramente social.
    Gracias Belén

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    1. Totalmente de acuerdo. Hay que denunciar por una parte y construir sistema por otro. Un abrazo y mil gracias por comentar.

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  3. El titular en sí es una clara declaración de despropósitos. Como bien dices, la responsabilidad de la compañía es ofrecer un servicio de calidad (porque cobrarlo, lo cobran bien y rigurosamente) e inspeccionar.

    Algunos se empeñan en decir que la crisis está superada, cuando lo cierto es que muchas familias siguen malviviendo (o sobreviviendo a duras penas); no hay oportunidades ni soluciones reales ni efectivas y se pone el ojo de mira en la delincuencia, los servicios sociales... sin pensar en la auténtica raíz del problema. Para eso estamos nosotros, para denunciar y visibilizar lo que a algunos no les interesa.

    Un genial artículo, como siempre. Un saludo, Annabel =)

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    1. La denuncia parece obligada en estos malos tiempos para la lírica ¡Muchas gracias Annabel!

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