sábado, 16 de junio de 2018

El hábito no hace al monje (o a la monja)

María Pilar Díaz López, especialista en diversidad funcional, es la nueva secretaria de Estado de Servicios Sociales ¿Una magnífica noticia para el gremio pues es trabajadora social? Así parece, pero mi propósito en esta entrada es demostrar que no

necesariamente.

Desconozco el currículum de Pilar Díaz. Igual es una colega reputadísima que trae ideas innovadoras o que tiene muy claros los cometidos de los servicios sociales y piensa dar un golpe de timón o simplemente arreglar el desaguisado. Lo digo sin ápice de ironía. No la conozco, sin más, así que no pretendo poner en entredicho su nombramiento sino aprovecharlo para contribuir a derribar otro de los mantras que pesan sobre nuestra profesión: la tecnocracia y el corporativismo mal entendido.

En primer lugar, ser trabajadora social per se no otorga un marchamo de calidad en servicios sociales. Es posible que la trabajadora social en cuestión sea una persona de mediocres capacidades o cortas entendederas técnicas colocada ahí por méritos políticos y no profesionales, esto es obvio y más frecuente de lo que las colegas ajenas a la política creen.

En segundo lugar, ser trabajadora social no es equivalente a mantener posiciones progresistas o contrarias a determinados recortes, como tampoco equivale a creer en un modelo de servicios sociales equis. Pensemos por ejemplo en las profesionales de la medicina: hay quienes entienden la sanidad como un derecho o quienes la entienden simple y llanamente como un negocio y no dudan en ponerse al frente de organismos públicos para privatizar la sanidad sin temblarles el pulso o, sin ir más lejos, tan alegres por dejar de atender a miles de criaturas que quedaron fuera del sistema sanitario gracias a las políticas del Partido Popular.

Lo que me lleva a la tercera consideración: la política del partido. Esa es la clave. No nos equivoquemos. Es la política del partido lo que marca las líneas de actuación de los diferentes ministerios y secretarías. No digo que las personas no sean importantes, al contrario, quienes están a la cabeza de los organismos dejan su impronta, no cabe duda, pero es la línea ideológica del partido la que pesa en las actuaciones y decisiones. Por eso es, en mi opinión, mucho más importante contar con trabajadoras sociales (con ideas claras, sean las que sean) en el interior de los partidos que en cargos públicos, puesto que es en el interior de los partidos donde se gesta la línea ideológica en una u otra materia y dentro de ellos existen grupos de presión para que tengan más o menos importancia dentro de lo general al margen de los contenidos. Dicho de otro modo, si hay muchas profesionales de lo social, aparecerá lo social, luego veremos qué social.

Y en esta línea es importante recordar los programas electorales, que aunque en España son papel mojado nos dicen mucho sobre qué es lo que el partido considera importante y en qué términos. Es muy fácil e interesante el ejercicio de contar palabras. Los resultados son sorprendentes.

Dicho esto, mi más sincera enhorabuena a Pilar Díaz, a la que le deseo toda la suerte del mundo. La va a necesitar.

Mismo sitio, distinto lugar
Vetusta Morla

jueves, 7 de junio de 2018

¡Peeeeeeedrooo!

Que Pedro Sánchez es presidente del gobierno es una gran noticia sobre todo porque Rajoy ha dejado de serlo. No me cabe la menor duda y me alegro, sin paliativos, a pesar de suscribir el artículo que Antonio Maestre acaba de publicar en La Marea, titulado No es un gobierno de izquierdas, por eso es inteligente, precisamente al ser de izquierdas.


Me alegro de la marcha de Rajoy en sí y me siento contagiada de la euforia que vivo alrededor, más que nada porque hay tan poco de lo que alegrarse en lo que se refiere al panorama político que se ilusiona una con que llegue a la palestra alguien mejor, aunque solo sea un poco. Creo que a mucha gente le sucede lo mismo, por ello escribo la entrada de hoy con cierto regusto amargo pues me siento una aguafiestas. Por otra parte se merece Pedro Sánchez un buen tirón de orejas que no le llegará, así que ¡Qué diablos! 

Pedro, lo tuyo con los servicios sociales no tiene nombre, Pedro.

Que ya es un acto delictivo no dedicarnos un Ministerio enterito ¡entero, Pedro, con su presupuesto, su personal y sus cosas! Vosotros, que enarboláis la dependencia como bandera, que se os llena la boca de políticas sociales. Porque, Pedro, tú debieras saber que los servicios sociales son, o mejor dicho, debieran ser la sexta pata del Estado de Bienestar (no el cuarto pilar como dicen por ahí, aunque eso mejor que te lo explique otro compañero mío) y necesitan mucha atención y mimos, que estamos abandonados a nuestra suerte. Qué cosas, Pedro, nos han abandonado a nuestra suerte igual que nosotros a tantas personas ancianas solas a las que debiéramos poder prestar la atención que necesitan, máxime ahora que sus muertes, indecentes, son noticia.

Al colocarnos detrás de Sanidad ¡Y consumo! nos acabas de pegar un tiro en el pie, Pedro. Pregunta a tu flamante Ministra de Hacienda como le fue en Andalucía siendo Consejera de Sanidad y Políticas Sociales, o mejor pregúntanos a quienes tuvimos que sufrir sus prioridades. Oye, y otra cosa ¿Qué tienes en contra del término servicios sociales? ¿Por qué nos devuelves al armario ahora que estamos intentando salir con nuestras camisetas? ¿Es por el color? 

En fin, Pedro, disculpa la familiaridad y la queja. Sé que tendrás muchas cosas en la cabeza, así que no quiero robarte más tiempo. Adjunto te remito una infografía que diseñé algún tiempo, basada en un libro de Fernando Fantova (que te vendría muy bien leer), a ver si te aclara un poco las ideas, porque vaya estreno, Pedro. Vaya estreno...



Tally Hall
Good day

lunes, 4 de junio de 2018

Las incapacidades no hacen magia

Llevo dos meses y medio trabajando en el Instituto Almeriense de Tutela, dos meses y medio de intenso aprendizaje puesto que el contacto que he tenido con el mundo de la discapacidad ha sido exclusivamente a través de mi trabajo en servicios sociales comunitarios, tengo por ello mucho que aprender (y agradeceré sugerencias sobre libros, revistas, etc.).

A pesar del poco tiempo que llevo en este mundillo me han llamado la atención dos cuestiones, una positiva y otra negativa: la positiva, el increíble trabajo que las diferentes profesionales, especialmente del tercer sector, realizan con personas con discapacidad, en sentido amplio, y es que hay cuatro perfiles de personas sujetas a tutelas o curatelas:

  • Personas con discapacidad intelectual.
  • Personas con trastorno mental.
  • Personas con daño cerebral sobrevenido.
  • Personas con deterioro cognitivo y demencias.

La cuestión negativa que me ha llamado la atención es el uso abusivo e inadecuado de la figura legal de la tutela, que se define como la autoridad conferida por ley a un adulto para cuidar de una persona y de sus bienes cuando no está capacitada para hacerlo por sí misma. El tutor o tutora asume la representación legal de la persona así como la responsabilidad del cuidado de la misma y de sus bienes, debiendo dar cuenta periódicamente a la autoridad judicial.

La Convención de Nueva York supuso un importante giro en lo relativo al paradigma sobre el que se aborda la discapacidad, giro que afectó de manera notable a la tutela, hasta el punto de que ya no es adecuado hablar de incapacidad sino de modificación de la capacidad:

Es una medida de protección y de asistencia para la toma de decisiones previstas por la ley, que habitualmente afecta a aquellas personas que, por diversos motivos, precisan apoyos para valorar y tomar algunas decisiones en su esfera personal y patrimonial, proteger sus intereses, defender sus derechos y ejercer sus obligaciones en esos ámbitos de sus vidas, y por ello necesitan un apoyo para el ejercicio de su capacidad jurídica. Es una fórmula revisable en el tiempo y ajustable a las necesidades de cada persona y que sólo puede determinarse por la autoridad judicial.

La convención persigue el impulso de las curatelas (incapacitaciones parciales) en detrimento de las tutelas (incapacitaciones totales). Está muy bien explicado en la página de la Asociación Española de Entidades Tutelares, así que no me enrollo con esto.

Al margen de lo dicho, modificar la capacidad jurídica de una persona adulta es un proceso de un altísimo impacto emocional para quien lo sufre que no siempre trae consigo los objetivos que se perseguían por parte de quienes lo iniciaron. Recordemos el principio clásico primun no nocere (primero no hacer daño) aunque sea con la mejor de las intenciones.

Muchas profesionales de sistemas ajenos a las entidades tutelares y la discapacidad depositan una expectativa altísima en la modificación de la capacidad, hasta el punto de congelar la intervención en espera de la sentencia y la posterior aceptación del cargo por la entidad tutelar correspondiente, como si el hecho de encontrarse bajo la tutela de una entidad otorgase, por ejemplo, plazas preferentes en residencias o tratos preferentes de cualquier índole, o en la creencia, también errónea, de que las entidades tutelares tenemos recursos tales como pisos, etc.

Por eso, antes de plantear ninguna medida de este tipo es aconsejable pedir asesoramiento a la entidad o entidades tutelares de referencia de la provincia en cuestión. Estaremos encantadas de ayudar.

Coque Malla
Este es el momento
(BSO Campeones)

PD. Mi agradecimiento más profundo al Foro de Servicios Sociales de Madrid por permitirme compartir un fin de semana inolvidable, especialmente a Berta Lago, una anfitriona de excepción. 
Sois geniales.

sábado, 19 de mayo de 2018

A Juana


Hola, Juana:

Comienzo esta carta con fastidio por no poder utilizar tu nombre real. Son tantos años los que hemos vivido en el centro de servicios sociales que me cuesta pensar en ti con el nombre de Juana, aún así trataré de fijar tu nombre y tu cara en mi mente mientras escribo esta carta que posiblemente nunca leerás.

Aunque me encanta mi nuevo trabajo me acuerdo mucho de ti, y también de otros usuarios (¡No te enfades, que nos conocemos!) ¿Recuerdas cuando te expliqué que tú eras una usuaria? Aún me río cuando lo cuento. Tú me contestaste medio sorprendida medio ofendida ¿Y eso qué es? Yo soy Juana y soy tu amiga. Y en verdad llegaste a ser una amiga pues compartíamos preocupaciones, tuyas y mías, y tú te interesabas de verdad, como te interesas por todo el mundo, hasta por los dos perroflautas que te encontraste en la calle comiendo gusanitos del suelo. Entraste al centro con los dos ¡Qué imagen imborrable! Una gitana de taitantos años acompañada de dos jóvenes punk con perro gritando ¡Belén, dales un bocadillo o algo que están ermayaos! (cuando se marcharon me susurraste qué lástima, pero qué peste echan ¡Con lo que tú eres para la limpieza!)

Podría escribir párrafos y párrafos recordando las mil anécdotas que he vivido contigo y tus graciosísimas ocurrencias, sin embargo estoy preocupada por ti y ese es el motivo por el que te escribo. He preguntado y las compañeras dicen que ya no eres la misma. Me cuentan que no bromeas, que se te está cayendo el pelo y que ya no te cuidas tanto porque te van a echar del piso. Que esta vez va en serio. Que el asunto está en el juzgado. Que ahora no es el abuelo sino los nietos los dueños del edificio y estos no se andan con contemplaciones. Que no sabéis que vais a hacer tu Ana y tú. Que tampoco te dan la nueva renta activa por no sé qué historia de tu hija. Madre de Dios.

Me dice la compañera que me sustituye contigo que está muy pendiente de ti porque teme que hagas cualquier idiotez. Que no ves salida. Y es para estarlo, Juana. Este mundo es una mierda, muchas veces lo hemos hablado en el despacho, es verdad ¿Pero sabes una cosa? Tú haces del mundo un lugar mejor, Juana. Tú haces que el mundo sea menos mierda. El mundo te necesita y la compañera que te atiende ahora te necesita también, porque tú haces mejores a los profesionales, Juana. Que no se te olvide nunca. Por mi parte, esta que dice ser tu amiga te debe un café. Más pronto que tarde.

Un beso fuerte.

Juan Quintero
Para llevarte a vivir 
(Versión de Javier Ruibal)

sábado, 12 de mayo de 2018

Yo acuso

Yo no debería escribir sobre feminismo. Descubrí el feminismo muy tarde, es más, no me considero feminista sino aprendiz de feminista ya que aún estoy en proceso de reconstrucción y aprendizaje. Actitudes, creencias y conductas machistas perviven en mí y me resulta muy difícil desprenderme de ellas, aunque lo intento: Leo y me observo. Y trato también de mirar la realidad con las famosas gafas violeta, lo cual resulta bastante desagradable pues se te aparecen de pronto situaciones como los que me han empujado a escribir hoy sobre feminismo, a pesar de todo. Se lo debo a las compañeras maestras en feminismo porque me han abierto los ojos y porque todo apoyo es poco ante tanto despropósito.

Hace un tiempo inicié una polémica en facebook al colgar en el grupo de la Red feminista de profesionales del trabajo social una conferencia sobre mediación en violencia de género, dos términos irreconciliables, y no lo digo yo, se trata de una prohibición expresa incluida en la Ley Integral 1/2004 de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de genero. Como era previsible se montó una buena discusión. Hasta ahí, lo normal e incluso sano. Lo malo es que nuestras críticas hacia la conferencia tuvieron como respuesta que aquellas que defendían al conferenciante (hombre) nos acusaron de supuestos ataques hacia él. Dejémoslo ahí, por el momento.

En otro congreso más reciente se ha presentado un póster desde un hospital del área de Osuna (Andalucía) y como el comité científico no aceptó la comunicación han repartido unos folletos con el mensaje central del póster, en el que se equipara la violencia machista y la de los hombres maltratados. Hay más información en este hilo de facebook y en otro hilo de twitter.

Que el feminismo se abre paso en la sociedad es un hecho. Que el patriarcado está contraatacando con virulencia es otro. No descubro América. No he venido aquí para eso. Vengo a señalar con el dedo. Vengo a acusarte a ti, conferenciante mediador, arrepentida por no haberlo hecho anteriormente. Te acuso a ti y acuso al trabajador social que ha repartido el folleto. Yo os acuso. Ese magma cultural que hemos acordado denominar patriarcado está compuesto por hombres como vosotros. El patriarcado en sí no es nada. Sois hombres como vosotros los que alimentáis a la bestia. Y tratar de escudaros en planteamientos pseudocientíficos es incalificable.


Estaréis en vuestro derecho de intentar perpetuar un sistema que lleva siglos poniéndonos el pie en el cuello, no me cabe duda. Lleváis toda la vida disfrutando de los privilegios que vuestro género ha consolidado a costa nuestra, pertrechados tras mil y una falsedades. Posiblemente si yo fuese hombre también lo haría, pero mi madre me parió mujer y además tengo las gafas puestas así que yo también voy a hacer uso de mi derecho a señalaros, machistas retrógrados. Faltaría más.

Bomba Estéreo
Fuego

sábado, 5 de mayo de 2018

Perder o no perder poder, esa es la cuestión

Leyendo a Marina Garcés me dio por pensar en los mantras que pesan como losas en nuestra profesión y la necesidad de revisarnos con ojo crítico. Por ejemplo, no es verdad que el trabajo social es una profesión poco conocida. No es cierto ¡Qué va a ser cierto! Las vecinas de mi madre saben perfectamente a qué me dedico, en cambio ve y pregúntales por el trabajo de un social media manager. Y, según observo, tampoco es acertado afirmar que reflexionamos poco pues al menos a mí no me da tiempo a leer todo lo que se publica en revistas de trabajo social, y eso que leo mucho y rápido.

Es más, confieso que me ha fastidiado descubrir que la Revista de Treball Social del Colegio de Cataluña publica sus números también  en castellano porque ahora es otra revista a la que seguir, no sólo por el idioma sino por los contenidos. El último número es un monográfico sobre el trabajo social y el poder. El poder. Nada más y nada menos.

Pedro Celiméndiz hace un tiempo escribió sendas entradas sobre el poder, que puedes leer aquí y aquí. Recomendables ambas para iniciar una reflexión sobre el poder en trabajo social. Posteriormente María José Aguilar ha escrito un artículo que tiene mucho que ver con el poder. Se refiere, concretamente, a los procesos de empoderamiento desde el trabajo social. Puedes leerlo aquí. Luego volveré sobre el artículo, ahora quiero explicar por qué traigo este tema a colación.

El hilo es el siguiente: El trabajo social, como disciplina, también se ha visto influenciado por eso que las sociólogas denominan posmodernidad. Como resultado, cobran fuerza los enfoques eclécticos, que tienen ciertas características en común (al final de la entrada referenciaré esto por si a alguien le interesa profundizar):

  1. Una perspectiva de la persona en su entorno imbuida de la teoría de los sistema ecológicos.
  2. Énfasis en el desarrollo de una relación de apoyo que favorece el empoderamiento
  3. Utilización flexible del modelo de resolución de problemas al objeto de proporcionar una estructura y una guía de actuación para el trabajo con los clientes
  4. Valoración multinivel de carácter holístico que incluye el enfoque en asuntos relativos a la diversidad y la opresión así como en las fortalezas
  5. Utilización flexible y ecléctica de una amplia gama de teorías y técnicas seleccionadas por su relevancia con respecto a situaciones individuales y únicas.
Quedémonos con el punto 2. Como vemos, el empoderamiento es una constante en el trabajo social actual, lo que incluye prestar atención a:

  • los enfoques basados en capacidades, 
  • el aumento de la autonomía de las personas atendidas 
  • y la consideración de que las personas son las verdaderas expertas en su propia vida. 

Aspectos todos estos que guardan una estrecha relación y se están tratando de trasladar de la disciplina a la profesión con herramientas tan interesantes como el diagnóstico relacional colaborativo, de Cardona y Cía, por poner un ejemplo. La cuestión es: ¿Estamos preparadas desde la profesión para incorporar estas metodologías? Porque de poco nos sirve incorporar estas perspectivas si en nuestro quehacer cotidiano seguimos actuando desde la perspectiva clásica.

Es significativo lo que me ocurrió el otro día dando una clase. Expliqué el diagnóstico que he mencionado y al acabar, una alumna me preguntó: Entonces, se trata de ir llevando por donde tú quieres al usuario con la entrevista ¿no? Con humor contesté que eso tiene un nombre: subterfugio. Lo que quiero decir es que estas nuevas aportaciones implican un proceso de deconstrucción que debe comenzar inexorablemente por nosotras mismas. Esto me recuerda al mantra, también conocidísimo, de que hay que estar más en la calle, que muy bien, pero digo yo que sacar nuestro cuerpo a la calle, gobernado por un cerebro asistencialista no parece muy innovador que digamos.

A riesgo de destripar el artículo de María José (odio el término spoiler), le robo un párrafo para concluir esta entrada:
Empoderarse implica dotarse de poder, apoderarse, fortalecerse frente a otro u otros. Significa sentirse y ser capaz de actuar como sujeto protagonista de la propia vida, individual y colectivamente. Y eso, en un contexto o situación donde unos tienen el poder y otros no lo tienen, que éstos últimos se empoderen en un proceso participativo y comunitario, sólo puede significar y conllevar que quienes hasta entonces habían detentado el poder de decidir sobre los demás, pierdan parte de dicho poder. Sin transferencia o traspaso de poder no hay verdadero empoderamiento, puede haber paternalismo, pero no empoderamiento. 
Perder o no perder poder, esa es la cuestión.

Snap VS Motivo
The power of Bhangra

(*) Un enfoque generalista-ecléctico de la práctica del Trabajo Social (N. Coady) en Sobremonte de Mendicuti, E. (2012). Epistemología, teoría y modelos de intervención en trabajo social: reflexión sobre la construcción disciplinar en España. Retrieved from http://cataleg.ub.edu/record=b2096547~S1*spi

martes, 24 de abril de 2018

Pequeña recomendación tardía para el día del libro


Me siento la liebre de marzo. De un tiempo a esta parte tengo la sensación de llegar tarde a todas partes, como mi entrada para el día del libro. Un día después, traigo una recomendación original, no sin antes recordar lo bueno que es Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, pero vaya, no es el libro al que me quiero referir. El libro en cuestión lleva por título Pequeño glosario para el uso del trabajador social, y es de dos trabajadores sociales franceses, Thierry Darnaud y Guy Hardy.


Cuando acabé la carrera y comencé a tener ingresos (que no provenían del trabajo social, por desgracia) fui comprando todos los libros de la disciplina que se me ponían por delante. Sin discriminar. Era una esponja y me daba igual qué libro llevarme con tal de que en el título pusiera trabajo social o algo parecido. Debo confesar que estas compras ausentes de criterio lógico deparaban todo tipo de sorpresas: La mayoría de libros eran bastante malos, tan malos que me percataba a pesar de mis escasas luces epistemológicas, afortunadamente otros resultaron ser pequeñas joyas. Uno de ellos es el pequeño glosario.
Este breve escrito satírico, un libelo o un panfleto según el diccionario Petit Robert, que suscitará sin duda tantos adeptos como opositores, es un alegato para que esto cambie. Está en riesgo la ética de los profesionales de la ayuda psico-social, pues los miedos sociales actuales y las reacciones defensivas que provocan, influyen sutilmente en el sentido que dan a su función social. Más que una crítica que, a primera vista, pudiera parecer que descalifica las buenas voluntades y el importante trabajo social realizado cotidianamente, este libelo pretende, mediante las herramientas de la ironía y un humor en ocasiones mordaz, resquebrajar el saber.
Este fragmento de la sinopsis del libro, que aparece en la contraportada, resume muy bien lo que nos vamos a encontrar en sus 97 páginas. Se publicó en 2007 sin embargo en mi opinión mantiene plena su vigencia, es más, me parece digno de reivindicación en estos tiempos, caracterizados por el predominio de la mojigatería en nombre de una supuesta tolerancia que en realidad es censura. En redes sociales y en la vida misma. Lo digo refiriéndome a la gente en general.

Vale por ello la pena abrir sus políticamente incorrectas páginas y reirnos de nosotras mismas, que buena falta nos hace entre tanta queja y tanto lamento, lo digo refiriéndome a los trabajadores sociales en particular. Además, cuesta la friolera de 10,31 € en la editorial. 

Esta es mi pequeña recomendación tardía para el día del libro. Espero que te guste.

Buena fe
La culpa

sábado, 14 de abril de 2018

Sobre trabajo social con grupos

El trabajo social con grupos es aquella especialidad dentro del trabajo social que se orienta a recuperar y fortalecer, mediante la interacción grupal y la realización de actividades conjuntas, las capacidades sociales de los ciudadanos, para aumentar su enriquecimiento personal y mejorar su funcionamiento social.

Así definen Tomás Fernández García y Antonio López Peláez el trabajo social con grupos. Dejemos por el momento la teoría y vayamos a la polémica suscitada esta semana. En la entrada anterior expliqué que se ha producido un debate, sanísimo en mi opinión, sobre qué es y qué no es trabajo social con grupos. En realidad hay dos debates, uno en torno a lo que acabo de decir y otro relativo a la pertinencia de los grupos informativos en servicios sociales. Según mi parecer mezclar estas dos cuestiones es lo que está enturbiando el asunto, yo me voy a manifestar por separado pues entiendo que no tiene nada que ver una cosa con la otra.


El trabajo social con grupos es, según los autores anteriormente mencionados, una disciplina científica dentro del trabajo social. Hay un libro al respecto que suelo recomendar por su profundidad y es Trabajo Social con grupos y pedagogía ciudadana, de Teresa Zamanillo. Ahí se explica, entre otras muchas cosas, qué es y qué no es trabajo social con grupos. Dos son las premisas: Que el objetivo a trabajar por el grupo exija la interacción entre sus miembros y la realización de un valor. Pondré dos ejemplos:

  • Grupo formativo con personas voluntarias: El objetivo es la formación, para alcanzarlo no se requiere interacción, por lo que no es trabajo social de grupo, son sesiones formativas.
  • Grupo de ayuda mutua de cuidadoras: El objetivo es el soporte emocional. Requiere interacción. Es trabajo social grupal.

En la praxis esta diferenciación es importante por tres razones. La primera, que el trabajo social grupal implica la puesta en marcha de una serie de técnicas concretas que sería muy largo explicar aquí, la segunda es que si llamamos trabajo social de grupo a lo que no lo es incurriremos en un error epistemológico que no solo genera un empobrecimiento de la disciplina sino que tiene consecuencias prácticas, tales como una mala aplicación del formato.

Y la tercera razón es que, tal y como está sucediendo en la intervención individual familiar, vendrán otras profesiones más expertas a hacer lo que nosotras no estamos haciendo, creyendo que sí lo hacemos. Por lo tanto los grupos si son meramente informativos o formativos no estarían catalogados como trabajo social grupal. Ni, por ejemplo, la visita domiciliaria define la intervención familiar en trabajo social ni un formato grupal per se es trabajo social con grupos, por mucho que en ambos casos sean herramientas manejadas por las trabajadoras sociales. La pregunta ahora es ¿Son pertinentes los grupos informativos en servicios sociales? Mi respuesta es sí.

No conozco en profundidad los grupos de atención de Madrid, así que me limitaré a explicar lo que se suele hacer en el centro donde yo trabajaba, a propuesta de los propios trabajadores sociales: Al llegar convocatorias sobre subvenciones, ayudas... se publicitaba una o varias sesiones grupales con el objetivo de dar una primera información, proporcionar las solicitudes, aclarar dudas, etc. Después, aquellas personas que no podían tramitar la prestación por sí solas o querían consultar en privado, pedían cita previa sin ningún problema. Esto nos facilitaba mucho la vida a las profesionales y a la ciudadanía ya que muchas personas no necesitaban venir a cita individual. Incluso contamos con un archivo de personas interesadas en para avisarles cuando salían subvenciones que previamente habían venido a consultar.

En nuestro caso, hemos optado por estos grupos siempre y cuando se tratase de informaciones simples, que no abordasen cuestiones sensibles y con asistencia voluntaria; la verdad es que nos ha funcionado bien. Optimizar recursos es una obligación de las empleadas públicas y es algo deseable siempre y cuando no redunde en un perjuicio para la ciudadanía, claro está.

Termino esta entrada como comencé la entrada anterior, animando al debate respetuoso acerca de cuestiones como estas, de calado para la disciplina. Felicito a la persona que colgó el post en la plataforma y espero que debates como estos se produzcan más a menudo, bastante más interesantes que los cursos de masaje tántrico. Que no tengo nada en contra del masaje tántrico, conste.

Jorge da Rocha
Joga (Björk cover)

martes, 10 de abril de 2018

Mecheros y debates

El debate constituye un sano ejercicio para la sociedad en general y el Trabajo Social en particular. Siempre. Aunque se aborde un asunto tan espinoso como la mediación en violencia de género, uno de los ejes del I Congreso Internacional de Mediación, que se celebrará en Alicante el próximo junio. Yo no soy experta en violencia de género, por lo que no me siento legitimada para defender mi postura, a medio camino entre la sorpresa y la indignación. Al margen de que la ley lo prohíbe expresamente, considero que no es aconsejable desde una perspectiva terapéutica, pero como digo, no es un tema que domine a fondo, así que prefiero que se expresen otras compañeras blogueras, y no señalo a nadie en particular...

Además de la cuestión de la mediación, ha surgido otro debate en facebook sobre el trabajo social grupal en relación con esta noticia, referida a sesiones de información grupal desde algunos centros de servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid. Se ha lanzado la siguiente pregunta ¿Podemos considerar este servicio como trabajo social grupal?


Yo me he puesto muy contenta al ver este post en el muro de la Plataforma en Defensa del Trabajo Social. Habitualmente me encuentro en todas las páginas de trabajo social, todas, debates insustanciales de cuyo contenido no quiero acordarme, anuncios sobre cursos, técnicas de yoga, alimentación, bendiciones y memes sobre nuestros presuntos superpoderes, por no hablar de las oleadas de indignación cada vez que aparece una oferta de empleo en la que pone asistente social. Que no digo yo que tenga que poner asistente social, que nadie me apedree, lo que digo es que hay cosas más importantes y esta es una de ellas.

Es curioso, en los dos debates que he mencionado ocurre lo mismo: Se presta más atención a los aspectos colaterales que al debate en sí. Sobre todo me llama la atención las alusiones continuas al respeto y a la agresividad, como si el hecho de discrepar constituyese un acto agresivo o intolerante. En ninguno de los dos debates he observado faltas de respeto o agresividad por parte de ninguna de las intervinientes, sin embargo cada día tenemos la piel más fina y eso empobrece el intercambio de ideas y la confrontación dialéctica. Cosas de la posmodernidad y lo políticamente correcto, supongo.

Todo esto me recuerda a un episodio protagonizado por el magnífico jugador de fútbol Carles Puyol en un clásico hace algunos años. En el Bernabéu lanzaron un mechero que impactó en Piqué y éste fue a mostrárselo al árbitro. Puyol se interpuso, lanzó el mechero fuera del campo y envió a Piqué a seguir jugando. Qué maravilla de jugador, Pujol.

Pues eso mismo pido yo, lanzar el mechero fuera del campo y jugar. En este caso y en cualquier otro lo verdaderamente enriquecedor es debatir simple y llanamente con argumentos. Nada más. Y si se separa el argumento del argumentador, mejor. Por lo tanto, me propongo debatir sobre trabajo social grupal al hilo de esta noticia en la próxima entrada, que saldrá el viernes. Opino que este sí es un debate sustancial y me parece importante demostrarlo. Hasta el viernes.

Beastie Boys
(You gotta) fight for your right (to party)
 El rap de los 80 y 90 me fascina, es tan incorrecto...

jueves, 29 de marzo de 2018

Ensayo sobre la ceguera


Vivimos en un mundo que se ha vuelto loco. Un mundo, o mejor dicho, un país en donde se cuelgan crespones negros en los cuarteles por la muerte de Jesucristo, porque se supone que se muere un año tras otro como en el día de la marmota según dice la Conferencia Episcopal y digo yo que pobre Jesucristo morirse repetidamente. Eso sí, luego resucita, así que ya me quedo más tranquila. Ahora que lo pienso, igual no solo nos hemos vuelto locos en España porque la solución que ofrece Donald Trump a la hemorragia de tiroteos en los institutos estadounidenses es que los profesores porten armas.  Profesores con pistola. En realidad, sólo algunos. Ya me quedo más tranquila. Donald Trump nos parece un perturbado por este tipo de iniciativas, en cambio no parece que nadie se haya echado las manos a la cabeza con la propuesta de nuestro gobierno, presidido por eme punto Rajoy y avalada por la FEMP, consistente en hacer de la policía local agentes tutores, es decir, educadores de calle de toda la vida. Bueno, sólo algunos agentes. Ya me quedo más tranquila. Y mientras las trabajadoras sociales, las educadoras y las psicólogas luchamos a tumba abierta por atrapar el trozo más grande de un pastel caducado, los profesores hacen de policías, los policías de educadores, los jueces de políticos, trabajadores sociales o estrellas de televisión y los curas hacen de jueces, en el mejor de los casos. Jesucristo sigue muriéndose año tras año y las pompas fúnebres más pompas y menos fúnebres. Las niñas se visten de manolas y los niños de legionarios, pero como se trata de celebraciones como dios manda no hay adoctrinamiento ni nada por el estilo. Dios ha muerto, dijo Nietzsche. Lo que no podía imaginar es que la posmodernidad lo resucitó después. Ya me quedo más tranquila.

Superstition
Stevie Wonder cover Wizar 54

viernes, 23 de marzo de 2018

Innovación social ¿Qué innovación social?

En una profesión como el trabajo social, experta en la queja, a veces es necesario detenerse y valorar lo que hacemos bien. Celebrar el Día Mundial del Trabajo Social es una de esas cosas. De un tiempo a esta parte, marzo se llena de trabajo social en las universidades, las redes sociales, los foros profesionales y algo de trabajo social se cuela en los medios de comunicación locales e incluso en la agenda política.

Este año, continuando con la línea de análisis iniciada en el congreso de Mérida, la mayoría de temas han girado en torno a la promoción de comunidades sostenibles, dentro de los Objetivos del Milenio a los que la Federación Internacional se ha sumado. El Colegio de Trabajo Social de Asturias también, y para ello ha organizado junto con la Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales "Jovellanos" una ponencia (que me encargaron a mí) sobre sostenibilidad el día 19 y un acto amplio que incluyó una mesa redonda sobre innovación social el día 20, en la que participamos tres intervinientes: María José Conejo, Lucía Prado y servidora, moderadas magistralmente por Trini Pascual.

El escanciador de sidra para poder servirse en mesa sin chiscar (salpicar)
es un buen ejemplo de innovación, casi social

La ponencia está en proceso de escritura decente y espero poder publicarla; lo consiga o no la colgaré en este blog más adelante. Dedicaré esta entrada a la mesa redonda, sobre innovación social, y debo comenzar por señalar como innovador al propio colegio de Asturias por el planteamiento para celebrar el día:
  1. Que se hiciese de forma conjunta con la universidad.
  2. Que todas las intervinientes fuésemos mujeres.
  3. Que tuviese una intención meridianamente proactiva y constructiva.
De manera muy resumida, el debate transcurrió por estos derroteros: la innovación social puede ser referida a nuevos productos y a nuevos procesos, lo que implica poner atención a las nuevas demandas que han aparecido en una sociedad cada vez más individualista y excluyente. Además de las nuevas demandas, recogimos la idea apuntada por Teresa Matus acerca de que la innovación social debe atender a las expectativas no cumplidas. La última entrada de Nuria Fustier en su blog es muy oportuna y de alguna manera también habla de esto.

En este sentido, el modelo de atención centrada en la persona con personas mayores, eje del trabajo de María José Conejo, pudiera considerarse una manera de atender a una expectativa no cumplida, pues en realidad el trabajo social y los servicios sociales debieran situar en el centro a la persona ¿Verdad? Lo que me lleva a la siguiente idea que se debatió ¿Para qué innovar?

¿Hay que innovar por innovar? ¿Y cuál debe ser el ECRO desde el que innovar? Porque no es lo mismo innovar desde planteamientos neoliberales que desde planteamientos socialdemócratas, etc. Un marco referencial es básico, como ocurre con la sostenibilidad, de lo contrario innovar se convierte en un hacer por hacer.

Relacionado con lo anterior se encuentra una de las debilidades de la innovación que salieron a colación, como es el poco apoyo de las administraciones a las experiencias de innovación, ya que como sabemos las administraciones son muy rígidas en sus procedimientos. Con respecto a las fortalezas se señaló el beneficio que genera en la ciudadanía y la posibilidad de "vender" el producto.

Después del debate se entregó el premio del Colegio de Trabajo Social de Asturias, premio German García González al mejor TFG, que en esta ocasión recayó en un trabajo sobre Concepción Arenal que estoy deseando leer. Una iniciativa estupenda del colegio que deberían importar otros porque es una magnífica ocasión para unir profesión y academia e impulsar la producción de conocimiento.

Solo me queda agradecer muy sinceramente la invitación a la Universidad de Oviedo y a las increíbles mujeres del Colegio de Trabajo Social de Asturias, que son un ejemplo de trabajo, honestidad y buen hacer. Han sido unas anfitrionas maravillosas, especialmente África Preus, con quien hemos agotado las reservas de sidra de medio Gijón ¿Qué puedo añadir? Que Asturias me presta, me presta por la vida.

Australian Blonde
Chup chup

domingo, 11 de marzo de 2018

El gato de Schrödinger

El gato de Schrödinger es un experimento imaginario concebido en 1935 por el físico austríaco Erwin Schrödinger para exponer una de las interpretaciones más contraintuitivas de la mecánica cuántica. Puedes leer en qué consiste en el enlace del principio, lo explica bastante bien.

Imagen vía http://actividaddiverciencia.blogspot.com.es/2012/10/que-tiene-de-especial-el-gato-de.html

No sé muy bien por qué, pero este experimento ha aparecido de nuevo por las redes sociales y parece estar de moda. He tratado de entenderlo infinidad de veces, leyendo artículos de aquí y de allá, sin éxito. Siempre fui una total negada para la física y las matemáticas y tuve que hacer uso de las chuletas y la conmiseración de mis amigas para aprobar estas asignaturas. El caso es que desde la perspectiva de la mecánica cuántica no entiendo un pito del experimento, sin embargo, he realizado un sesudo análisis diagnóstico desde el trabajo social.

En primer lugar ¿Qué motivaciones tuvo Schrödinger para encerrar a un gato en una caja con veneno? ¿Acaso una infancia marcada por el abuso o el abandono? ¿Fue atacado por un felino? Es evidente que Schrödinger, un niño resiliente por haberse convertido en un reputado científico, no acabó de tener un ajuste social adecuado, es más, habría que profundizar en sus comportamientos durante la infancia porque maltratar animales es un claro indicio de psicopatía.

Hablemos ahora de la caja ¿Qué dimensiones tiene? ¿Y su equipamiento? ¿Es una caja adecuada para que un gato pueda vivir con dignidad o se trata más bien de una infracaja? Esa caja no reúne condiciones de habitabilidad alguna lo que me lleva a inferir que se trata de un gato sin papeles pues ningún otro gato aceptaría vivir en esas condiciones y menos con un bote de veneno dentro.

Se trata además de un gato con evidentes problemas de movilidad y es que ningún gato con sus funciones motoras en perfecto estado se va a quedar quieto en la caja esperando que a Schrödinger le dé por alimentarlo. Si sumamos, por tanto, la discapacidad del gato a su situación irregular se trata de un gato en proceso de exclusión social severa. Urge visita domiciliaria a la caja y valoración de medidas de protección.

El experimento ha tenido cinco interpretaciones:

  • Siguiendo la interpretación de Copenhague, en el momento en que abramos la caja, la sola acción de observar modifica el estado del sistema tal que ahora observamos un gato vivo o un gato muerto. Esta interpretación obvia algo tan simple como llamar a la caja antes de entrar y comprobar si el gato responde o no. Si responde, basta con pedirle que se mantenga quieto y llamar a la policía municipal para que desactive el veneno, y si no responde, llamar al 112. Esperemos que el gato esté vivo por su propio bien y el de Schrödinger ¡Menuda pieza el tal Schrödinger! Lo que ha hecho con su gato tendrá consecuencias a través de la notificación del maltrato a fiscalía.
  • En la interpretación de los «muchos mundos» («many-worlds»), formulada por Hugh Everett en 1957, el proceso de medida supone una ramificación en la evolución temporal de la función de onda. El gato está vivo y muerto a la vez no obstante en ramas diferentes del universo: ambas son reales y a la vez incapaces de interactuar entre sí debido a la decoherencia cuántica. Sí, esto es cuando el gato no aparece por ninguna parte y creemos que está muerto, pero en realidad se había marchado a Jaén al funeral de una prima sin decírselo a nadie, que ya podía el gato al menos haber avisado a la auxiliar de ayuda a domicilio, ya que no es aventurado inferir que este gato disfrutará de ayuda a domicilio a pesar de que la caja carezca de condiciones de habitabilidad.
  • En la interpretación del colapso objetivo, la superposición de estados se destruye aunque no se produzca observación, difiriendo las teorías en qué magnitud física es la que provoca la destrucción (tiempo, gravitación, temperatura, términos no lineales en el observable correspondiente). Esa destrucción es lo que evita las ramas que aparecen en la teoría de los «muchos mundos». La palabra «objetivo» procede de que en esta interpretación tanto la función de onda como el colapso de la misma son «reales», en el sentido ontológico. En la interpretación de los «muchos mundos», el colapso no es objetivo, y en la de Copenhague es una hipótesis ad hoc. Resumiendo, la no intervención y el consiguiente abandono del gato a su suerte. Ya puede rezar la trabajadora social que lleve la zona donde se encuentre la caja para que el gato esté vivo.
  • La interpretación relacional rechaza la interpretación objetiva del sistema, y propone en cambio que los estados del sistema son estados de relación entre el observador y el sistema. Distintos observadores, por tanto, describirán el mismo sistema mediante distintas funciones de onda. Por eso es tan importante el trabajo en equipo debido a que dependiendo de la figura profesional veremos un gato excluido, un gato con problemas conductuales o un gato con hábitos inadecuados. Es necesario un abordaje interdisciplinar del caso, sobre todo para no volver más loco al gato de lo que ya debe estar.
  • La interpretación asambleística o estadística interpreta la función de onda como una combinación estadística de múltiples sistemas idénticos. La superposición es una abstracción matemática que describe este conjunto de sistemas idénticos; pero cuando observamos un sistema individual, el resultado es uno de los estados posibles. Esta interpretación, por otra parte, es incapaz de explicar fenómenos experimentales asociados a partículas individuales, como la interferencia de un solo fotón en la versión cuántica del experimento de Young. O sea, la probabilidad de que te toque la trabajadora social buena o mala.
La conclusión final del experimento es que sólo veremos al gato vivo o muerto, nunca ambas. Este proceso de tránsito de la realidad cuántica a nuestra realidad clásica se llama decoherencia, y es la responsable de que veamos el mundo tal y como lo conocemos. Es decir, una única realidad. 

Debo concluir este análisis mostrando mi total desacuerdo con Schrödinger puesto que la realidad es una construcción social, tal y como nos enseñaron Berger y Luckmann.

Opino que la física es una tontería, no digamos ya la mecánica cuántica y me da mucha pena de los gatos: O están tristes, o azules, o experimentamos con ellos, o los echamos a volar... No me extraña que sean tan ariscos con los humanos, motivos tienen.

El gato volador
El chombo

domingo, 4 de marzo de 2018

El Instituto Almeriense de Tutela

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida cantaba Rubén Blades con mucha razón. En mi caso no ha sido no ha sido un navajazo en la esquina sino un cambio laboral. Después de 20 años en los servicios sociales comunitarios de la Diputación de Almería, paso a trabajar en el Instituto Almeriense de Tutela, un organismo autónomo también de la Diputación, ejerciendo labores de coordinación.


No es mi intención hacer una entrada en clave personal, pero me parece obligado agradecer infinitamente a mis compañeras y compañeros del centro de servicios sociales Alpujarra su trato todos estos años. Comenzaron siendo compañeros y dejo grandísimos amigos. Igualmente debo enviar un caluroso abrazo a las profesionales de otros sistemas y a la ciudadanía, que me ha tratado con respeto e incluso cariño. Llevo Berja en el corazón y entiendo mi marcha como un hasta pronto, pues en realidad el cambio es temporal.

El Instituto Almeriense de Tutela es pionero en España ya que fue el primer organismo público creado para la tutela de personas adultas cuya capacidad de obrar ha sido jurídicamente modificada y carecen de personas individuales que la puedan ejercer (o no son las adecuadas). Por este organismo han pasado magníficas profesionales entre las que destaco a mi predecesora, Pilar de la Torre, que se jubila dejando un importantísimo legado. Es un ejemplo y una trabajadora social digna de admiración que seguro continuará vinculada al Instituto a través de la Asociación Tutela sin límite, o como ella prefiera porque su implicación y su profesionalidad han hecho del Instituto lo que hoy es y su experiencia es un tesoro.

Por mi parte inicio un aprendizaje apasionante con un equipo estupendo. Iré describiendo mi nueva aventura en este blog, junto con las habituales entradas sobre trabajo social y temáticas asociadas, en la línea habitual. Espero contar con tu compañía en este viaje.   

Fuel fandango
New life

sábado, 24 de febrero de 2018

Análisis de la demanda

El otro día encontré en un libro sobre metodología del trabajo social dos afirmaciones que me dejaron con las patas colgando, una expresión de mi tierra que me encanta:

  • La visita domiciliaria es una técnica privativa del trabajo social.
  • La visita domiciliaria nos define.

Incapaz como soy de evitar una polémica, mostré mi opinión en facebook y pude constatar, una vez más, lo mucho que molesta al gremio esto de cuestionar la visita domiciliaria. Dado que ya le dediqué una entrada no voy a volver a explicarme, aunque he traído la visita domiciliaria porque me sirve como ejemplo de la sobrevaloración que en trabajo social se otorga a unas herramientas y la infravaloración que padecen otras, como el análisis de la demanda.

La demanda no es tampoco un concepto exclusivo ni privativo del trabajo social, no obstante cobra una importancia especial en nuestra profesión, más aún si se desempeña en servicios sociales. Pedro Celiméndiz escribió hace tiempo una entrada titulada La Danza de la demanda que ilustra muy bien las dificultades que tenemos para abordar ciertos contactos profesionales, dificultad que estriba precisamente en no realizar un adecuado análisis de la demanda.

Imagen vía https://maferbecerra.wordpress.com
Gracias a mi formación en el modelo sistémico, doy mucha importancia a los primeros contactos y al abordaje de la demanda, lo que me facilita ostensiblemente la intervención. Curiosamente apenas encontramos reflexiones al respecto en la literatura profesional (que yo sepa) exceptuando a Cristina de Robertis, quien define el término demanda y además incluye el análisis de situación como una herramienta en trabajo social.
Por análisis de la demanda entendemos el conjunto de los elementos relativos a un problema, un pedido planteado por un individuo o un grupo, a un trabajador social, y la reflexión sobre esos elementos, la relación entre unos y otros (De Robertis,  2006)
Cristina de Robertis plantea que en el léxico profesional se utilizan habitualmente tres palabras como sinónimos: problema, necesidad y demanda. Considera que es necesario definirlas porque no tienen la misma significación a pesar del uso intercambiable abusivo que se hace en el lenguaje profesional:

  • Problema: “Dificultad que hay que resolver para obtener un cierto resultado. Situación inestable o peligrosa que exige una decisión”
  • Necesidad: “Exigencia nacida de la naturaleza o de la vida social. Aspiración natural y a menudo inconsciente”.
  • Demanda: “Acción de pedir, de hacer saber lo que uno anhela o desea. Hacer una demanda al T.S. implica una movilización de la persona o grupo con el fin de encontrar una solución al problema que quiere resolver y así reducir la frustración y el sufrimiento que entraña la necesidad”.

Podemos establecer diferentes clasificaciones sobre la demanda pero a mí me interesa distinguir a efectos prácticos tres variables:

  • Demanda directa e indirecta.
  • Demanda explícita e implícita.
  • No hay demanda. 

La ausencia de demanda es peliaguda porque suele darse en casos en los que probablemente tengamos que situarnos en un contexto de control y si no se marca adecuadamente podemos tener problemas, son los llamados deslizamientos de contexto.
Situaciones de confusión y malentendidos que se dan cuando los que participan en un contexto no advierten que no comparten los objetivos ni las reglas. Como representación de algunas de esas situaciones, valga citar los tratamientos que se producen en situaciones de minoría de edad, donde el paciente designado rehúsa el tratamiento, pero al que inevitablemente es consignado, o situaciones en las que desde el sistema judicial, se prescribe una obligatoriedad de tratamiento. Ambas situaciones, aunque distintas a nivel relacional, comparten grandes riesgos. Bajo la mirada del “paciente obligado”, el terapeuta puede aparecer como un gran enemigo, que puede cumplir bien funciones de policía, bien de abogado acusador, pero, en cualquier caso, será despojado de su “rol de terapeuta”. (Fabiola Rincón)
Además de estas variables, en los primeros contactos trato de observar:

    • En qué plano emocional formula la persona o la familia la demanda.
    • Qué lenguaje utiliza.
    • Quien realiza la demanda y por qué.
    • Qué tipo de demanda realiza (económica, afectiva…)

Resumiendo, un buen abordaje de la demanda en los primeros contactos nos ayuda a clarificar qué espera la persona de nosotras, cuáles son sus expectativas y cuáles nuestras posibilidades y, sobre todo, acordar objetivos y tareas para alcanzar una meta compartida, que no es poco.  

Kelly Clarkson
Give me one reason 
cover Tracy Chapman

jueves, 15 de febrero de 2018

Cómo hacer trabajo social

La pasada entrada expliqué que algunas compañeras, angustiadas, me hacen consultas relativas a cómo intervenir. No lo escribí entonces pero esta pregunta también me la hacen compañeras noveles en los cursos que imparto. En estos cursos, como en las consultas que me han hecho, la gente suele pedir un bálsamo de fierabrás que les convierta en Jane Addams, así, de golpe y porrazo.


Aportó Nuria Fustier, trabajadora social, profesora universitaria (y bloguera) en mi anterior entrada una reflexión que suscribo:
Faltan instrumentos para la relación de ayuda: desde la universidad tengo la sensación que dedicamos "demasiado" (así entre comillas, que nadie se escandalice) a asignaturas teóricas y muy poco tiempo a trabajar sobre las herramientas (e, incluso, los modelos teóricos) de la intervención directa, de la relación de ayuda.
Asimismo, Luis Barriga, de directoras gerentes, compartió la tesis doctoral de Arantxa Hernández Echegaray, de la Universidad de Valladolid, que aborda el proceso de desprofesionalización del trabajo social en España. Este proceso de desprofesionalización parece ser el origen de estas ansiedades e inseguridades tan nuestras. La tesis tiene una pinta estupenda, por cierto. Enhorabuena, Arantxa.

Dicho esto, una vez que iniciamos el ejercicio profesional es responsabilidad nuestra manejarnos con destreza y si no es el caso quedarse en el lamento no es proactivo. Si se optó por estudiar trabajo social lo normal es que haya capacidades para el ejercicio:
La capacidad puede entenderse como la potencialidad de hacer una cosa. Implica poder, aptitud, pero es un concepto estático. La competencia sería la plasmación de esa potencialidad en acto, la capacidad llevada a contextos determinados, concretos, ligados a la acción. Se trata pues de un concepto dinámico. Los dos conceptos están íntimamente unidos: se necesita ser capaz para ser competente; la capacidad se demuestra siendo competente” (...)Pero esta relación “jerárquica” o de “inclusión” está matizada por un mutuo condicionamiento, en el que competencias y capacidades son interdependientes (...) de la misma manera, los elementos o dimensiones integrados en las competencias guardan cierto correlato con los contenidos educativos sobre todo al formularse éstos de manera diversa, a partir de conceptos (conocimientos), procedimientos (habilidades, destrezas) y actitudes (valores, emociones, motivación). 
Extracto de entrada del blog de Juan Domingo Farnós, titulada Competencias y Capacidades en aprendizajes.
Lo que trato de explicar tras este parrafazo es que no basta con tener capacidades, hay que desarrollar competencias y para ello solo hay un camino, que es la formación permanente, y no cualquiera. Hay una tendencia muy absurda a realizar mil cursos de corta duración y mil temáticas, cuando es mucho más efectiva la formación en paradigmas de intervención (conocimientos) y a partir de ahí desplegar habilidades y destrezas a través de las técnicas propias del trabajo social ¡Ojo! pasadas por el tamiz del modelo en cuestión. Por ejemplo, el colegio de Tenerife organiza un curso sobre terapia narrativa en marzo, me permito este banner publicitario pues lo imparte mi amiga Karina Fernández, así que se me apunten las isleñas.

La relación de ayuda requiere formación. Formación seria. Abandonemos de una vez los cursos de meditación zen y cantos trascendentales, por favor. Mejor dicho, situemos estas prácticas en la categoría de hobby, que cada cual tiene derecho a dedicar su tiempo de ocio a lo que le plazca. Incluso a las pseudociencias.

Es cierto que la formación es cara a veces, es cuestión de elegir cuidadosamente y enfocarlo como una inversión. Y, tanto si nos podemos permitir la formación como si no, leer, leer y leer. Aquí no vale la excusa del coste. Afortunadamente las revistas de trabajo social son electrónicas, de acceso libre y la mayoría son de una calidad magnífica, no así los libros de trabajo social escritos en español. Se publica demasiada morralla, por lo que antes de adquirir un libro seducida por su título mírate el índice y pregunta por ahí.

Por otra parte, se aprende mucho de trabajo social leyendo textos de otras ciencias, siempre pongo como ejemplo el libro de Daniel Kahneman Pensar rápido, pensar despacio. Creo que es de obligada lectura (el libro es un pelín ladrillo, eso sí).     

El problema es que todo esto requiere ESFUERZO. Seamos sinceras, no siempre estamos dispuestas a dedicar esfuerzo y tiempo a la formación y el reciclaje, parapetándonos tras excusas variopintas (los hijos son una excusa clásica, conste que no digo que se abandone el cuidado de los hijos, válgame el Señor).

Para las crisis profesionales, nada mejor que los espacios de supervisión, formales o informales. Hablando de supervisión y de libros... Estoy segura de que este no pertenecerá al numeroso grupo de la morralla. Si andas por Bilbao, es un buen plan. Y si no, también puedes ver la película Malas temporadas, del director (paisano mío) Manuel Martín Cuenca; es una película coral que incluye una trabajadora social muy conseguida, seguro que te identificas con el personaje porque todas hemos pasado por crisis profesionales alguna vez.


La solución a estas crisis está en la prevención a través de lo ya dicho. Si aún así aparecen, los remedios son conocidos: la escucha de una compañera. Una cerveza con amigos. Un paseo por el monte o la playa. La desconexión del fin de semana. Y tener un hobby, aunque sea la meditación zen.

Alef
Sol
Dedico esta entrada a una trabajadora social que hoy cumple años. Su novia, de cuyo nombre no quiero acordarme, no es trabajadora social, pero me escribió pidiendo ayuda para su pareja porque ha comenzado a trabajar y está muy sobrepasada por el tipo de personas a las que atiende. 
Mucha fuerza y a por todas, compañera.

jueves, 8 de febrero de 2018

El bálsamo de fierabrás


Recibo correos de vez en cuando enviados por trabajadoras sociales que se dirigen a mí en calidad de bloguera. Me cuentan a modo de desahogo que tienen problemas en el trabajo y buscan mi consejo, ya ves. Esperaría leer que tienen dilemas éticos, roces con sus superiores, cansancio, quemazón... pues no. Los correos que he recibido guardan una alarmante similitud: Todas se sienten sobrepasadas, impotentes, torpes ante el alud de problemas diversos que se les presentan y han de resolver. Todas coinciden: No sé intervenir ¿Qué hago? Todas parecen buscar el bálsamo de fierabrás. Y empleo todas porque todas son mujeres.

En este sentido se podría inferir que mi observación no tiene nada de particular puesto que la mayoría de trabajadoras sociales somos mujeres. Por esa regla de tres lo lógico sería que la mayoría de cargos de responsabilidad en instituciones sociales fuesen ocupados por nosotras al ser mayoría, sin embargo no es así, por lo que mejor dejemos la lógica a un lado.

En mis veinte años de ejercicio he tenido la oportunidad de trabajar con muchas compañeras y compañeros novatos que han venido a hacer sustituciones y ni uno solo de los chicos ha tenido un atisbo de inseguridad, y si lo ha tenido lo ha disimulado estupendamente. He trabajado con hombres verdaderamente desastrosos que paradójicamente (o no) eran todo seguridad. Ni rastro de autocrítica. No pretendo generalizar, tengo compañeros grandísimos profesionales y compañeras que preferiría que no lo fuesen, no se me encolericen lectores varones que nos vamos conociendo, pero esa ha sido mi experiencia y considero que es digna de reflexión.

Cuestiones de género aparte, me doy cuenta de que lo que hay detrás de estos correos tan tristes es siempre lo mismo: Una alarmante carencia de conocimientos, habilidades y destrezas en el manejo de la relación de ayuda. Hay actitud, hay vocación, hay entrega, pero no hay capacidad. Soy así de taxativa. Las causas en mi opinión son varias y a ellas les dedicaré una entrada próximamente.

La buena noticia es que tiene solución y tenemos que dárnosla. No somos culpables de no haber recibido el mejor entrenamiento ni nacemos sabiendo, pero sí somos responsables de ofrecer la mejor atención sin esperar simplemente las enseñanzas que se adquieren con la experiencia. Estoy segura además de que detrás de todas esas inseguridades puede haber grandes profesionales. La cuestión es ¿Dónde está la solución? ¿Existe entonces el bálsamo de fierabrás? Sí. Y no.

Continuará...

Wankelmut & Emma Louise
My head is a jungle

lunes, 29 de enero de 2018

El tonto eres tú

Leo estos días en medios digitales análisis diversos sobre el fracaso de la izquierda en España y el mundo. En el centro del debate, el papel de la clase obrera y el abandono a su suerte por parte de los partidos de izquierda. Este artículo de la politóloga Arantxa Tirado y Nega, cantante de Los chikos del Maíz, lo resume a la perfección.  Pero este es un blog sobre trabajo social ¿Qué tiene que ver?


Alberto Garzón, coordinador de Izquierda Unida, se ha sumado al debate sobre la izquierda con un artículo titulado Por qué las clases populares no votan a la izquierda y qué hacer para corregirlo. El artículo es largo como su título así que, para lo que nos ocupa, el fragmento que me interesa resaltar es este:
(...) Una cuota obrera que obligue a las organizaciones a tener representantes de esos estratos sociales (...) Esta idea sería totalmente innecesaria si las cosas se hicieran bien, es decir, si la izquierda fuera de las clases populares y no solo se limitara a representarla. 
Este debate sobre la clase obrera me recuerda a ciertas actitudes que observo en la praxis profesional. Aunque no es lícito generalizar, existen dos polos en los extremos del continuo: De un lado, quienes piensan que su saber académico les hace poseedores de la verdad y se sienten legitimados para indicar a las personas atendidas lo que han de hacer, aplicando en la práctica un paternalismo que aborrezco.

Sin embargo también hay quienes, escudados en una suerte de trabajo social feng shui, consideran que lo importante es el buen rollo, llegando a entablar una especie de amistad cualificada. Idareta y Ballestero abordan lúcidamente la cuestión en el artículo Ética, Paternalismo y Burocracia en trabajo social:
El profesional que procede según el modelo centrado en la perspectiva del usuario tiende a respetar sus decisiones y su bienestar, mientras que el que actúa según el modelo centrado en la perspectiva de la institución tiende a actuar de modo paternalista o antipaternalista con el usuario.
Porque en realidad ni quienes actúan guiados por la perspectiva paternalista ni quienes lo hacen desde un principio anti paternalista están centrados en la perspectiva del usuario, sino en la institución o en sí mismos, de un modo u otro. La relación y la tarea son dos aspectos que deben complementarse, la primera es responsabilidad nuestra, la segunda es compartida.

Se equivocan quienes pretenden dirigir la vida de las personas atendidas. Si me pidieran un solo consejo, uno solo, para la gente que acaba de terminar la carrera les daría este: los usuarios no son tontos. Lo digo en sentido literal. No es necesario ni conveniente dirigirles la vida. Son competentes. Félix Castillo lo explica muy bien en este vídeo de 20 minutos titulado El comportamiento no se puede cambiar.

Cuando digo que no son tontos también me refiero al hecho de que saben diferenciar una relación genuina de una que no lo es, y lo más importante: tampoco buscan una amiga. No estamos ahí para serlo, aunque no digo que no existan excepciones tras una intervención determinada, como ha sido mi caso con alguna usuaria. Es absurdo creer que desde el colegueo se acompaña mejor. Una cosa es ser empática y otra simpatica, máxime cuando la intervención no marcha como nos gustaría y nos vemos impelidas a cambiar de contexto de intervención profesional.

Es tan erróneo pensar que el buen rollo ayuda y que somos iguales como que Garzón, doctor en Economía, pretenda hacernos creer que la izquierda tiene que ser clase popular cuando las élites de IU y Podemos están plagadas de universitarios provenientes de familias burguesas acomodadas. A menos que se aparten para dejar sitio, comenzando por él. Lo demás es hacer pasar a la clase obrera por tonta. Porque los usuarios y usuarias, en su mayoría clase obrera, no son tontos. A lo mejor el tonto eres tú, seas coordinador de Izquierda Unida o yo, trabajadora social.

Johnny Cash
Personal Jesus 
cover Depeche Mode

lunes, 22 de enero de 2018

La importancia de la prescripción facultativa

En cada vez más casos vivo o detecto conflictos motivados por la colisión entre lo que la persona o familia demanda en servicios sociales y la prescripción de la profesional del trabajo social, sobre todo a la hora de tramitar recursos de la Ley de Dependencia. La familia suele argumentar que tiene derecho a este o aquel recurso, ya que la resolución del grado de dependencia que recibe incluye el listado de entre los que ha de elegir.

He escrito en cursiva el verbo elegir porque en realidad la familia no elige el recurso sino que es la trabajadora social quien lo prescribe a través de la herramienta denominada PIA (Programa Individual de Atención), que no es más que una prescripción facultativa (más o menos), tras una valoración que incluye el derecho de la familia a ser escuchada. Esto es así en Andalucía, al menos hasta que sea aprobado el nuevo decreto de procedimiento de dependencia, en fase de borrador. El trámite de consulta, que forma parte del PIA, es la garantía que la familia ha sido escuchada, sin embargo como he dicho no es la familia quien elige. Esto tiene sus consecuencias, que nos pueden llegar a ocasionar quebraderos de cabeza con derivas judiciales y deberíamos estar preparadas para ello, al margen del imperativo ético de realizar una buena intervención.

La prescripción facultativa es una herramienta muy poco valorada en trabajo social, por mucho que se diga lo contrario, porque está muy poco elaborada. Es normal, puesto que la mayoría de trabajadores sociales nos desenvolvemos en un sistema, el de servicios sociales, en el que la prescripción facultativa está mediatizada por muchas cuestiones que conocemos y darían para otra entrada (vistos buenos, etc.)


Es básico diferenciar la prescripción facultativa del derecho. Observo mucha confusión al respecto no solo en las familias sino entre las propias profesionales, palpable mayoritariamente en debates sobre prestaciones económicas. El hilo es el que sigue: Como profesionales comprometidas con el principio de justicia social es casi obligada la lucha por el establecimiento de derechos sociales cualesquiera que sean: a ser atendida si me encuentro en situación de dependencia, a un ingreso que garantice la subsistencia, a recibir servicios sociales, etc. 

Después cabría diferenciar dos asuntos: qué sistema ha de gestionar ese derecho y si la articulación del derecho en particular requiere de una valoración profesional. Pondré como ejemplo la renta básica, tan en boga últimamente, suponiendo que existiese como derecho subjetivo en nuestro país:
  1. Si abogamos por la renta básica incondicional, sería un derecho a garantizar por un sistema (inexistente) de garantía de rentas o por la propia Agencia Tributaria.
  2. Si abogamos por un sistema de renta mínima incondicional habría que tramitarlo para las personas con rentas bajas, por lo que es necesaria una criba, pero tampoco requeriría de valoración por parte de ninguna trabajadora social, puesto que es una criba meramente económica.
  3. Si abogamos por un sistema de renta mínima condicionado a la inserción laboral, debería gestionarse por el sistema de empleo y por una profesional cualificada para diseñar y acompañar en el itinerario de inserción laboral, que podría ser trabajadora social de los servicios de empleo.
  4. Si abogamos por un sistema de renta mínima condicionado a la inserción social, debería gestionarse por el sistema de servicios sociales y por un equipo o trabajadora social para diseñar y acompañar en el itinerario de inserción social (no me interesa en este punto entrar en quién o quiénes).
En los casos 3 y 4, la trabajadora social habría emitido prescripción facultativa (que puede ser vinculante o no) previa al proyecto de intervención, prescripción producto de una valoración diagnóstica, para la que se requiere la cualificación que nuestros estudios nos proporcionan y la colegiación profesional, además del encargo institucional a través de las funciones que en nuestros contratos de trabajo o relación de puestos de trabajo se establecen.

Se puede dar el caso contrario, es decir, actos profesionales que sean objeto de los servicios sociales y no requieran valoración profesional, como puede ser la tramitación del título de familia numerosa, en cuyo caso tampoco debería ser objeto de atención de la trabajadora social sino de unidades administrativas, ya que en realidad es un acto administrativo que no requiere ninguna valoración ni diagnóstico ni mucho menos intervención.

La elaboración del diagnóstico, sustento de la prescripción facultativa, no es tema menor. Requiere de un análisis o estudio en profundidad de las circunstancias de la persona a través del manejo de herramientas científicas, como pueden ser escalas, además de las técnicas propias de la disciplina y el momento. Implica una evaluación preliminar y ofrece una guía para acompañar a la persona o familia en la mejora de su situación. Nada más y nada menos.

Realizar un diagnóstico es un acto profesional que, como diría María Jesús Brezmes, significa desplegar la mirada experta, ver más allá. En mi opinión, hay dos momentos clave en intervención social: el análisis de la demanda y el diagnóstico (en otra entrada hablaré del análisis de la demanda). Si somos capaces de realizar un buen diagnóstico con la participación de la familia en el proceso, la prescripción facultativa posterior no debería ocasionarnos conflictos. Y si aún así existe reclamación, que sería raro, estaremos preparadas para asumirla con la tranquilidad de haber hecho un buen trabajo, como es nuestra obligación.

The Cranberries
Animal instinct
Dolores O´Riordan DEP