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Mostrando entradas de febrero, 2018

Análisis de la demanda

El otro día encontré en un libro sobre metodología del trabajo social dos afirmaciones que me dejaron con las patas colgando, una expresión de mi tierra que me encanta:

La visita domiciliaria es una técnica privativa del trabajo social.La visita domiciliaria nos define.
Incapaz como soy de evitar una polémica, mostré mi opinión en facebook y pude constatar, una vez más, lo mucho que molesta al gremio esto de cuestionar la visita domiciliaria. Dado que ya le dediqué una entrada no voy a volver a explicarme, aunque he traído la visita domiciliaria porque me sirve como ejemplo de la sobrevaloración que en trabajo social se otorga a unas herramientas y la infravaloración que padecen otras, como el análisis de la demanda.

La demanda no es tampoco un concepto exclusivo ni privativo del trabajo social, no obstante cobra una importancia especial en nuestra profesión, más aún si se desempeña en servicios sociales. Pedro Celiméndiz escribió hace tiempo una entrada titulada La Danza de la demanda

Cómo hacer trabajo social

La pasada entrada expliqué que algunas compañeras, angustiadas, me hacen consultas relativas a cómo intervenir. No lo escribí entonces pero esta pregunta también me la hacen compañeras noveles en los cursos que imparto. En estos cursos, como en las consultas que me han hecho, la gente suele pedir un bálsamo de fierabrás que les convierta en Jane Addams, así, de golpe y porrazo.


Aportó Nuria Fustier, trabajadora social, profesora universitaria (y bloguera) en mi anterior entrada una reflexión que suscribo:
Faltan instrumentos para la relación de ayuda: desde la universidad tengo la sensación que dedicamos "demasiado" (así entre comillas, que nadie se escandalice) a asignaturas teóricas y muy poco tiempo a trabajar sobre las herramientas (e, incluso, los modelos teóricos) de la intervención directa, de la relación de ayuda. Asimismo, Luis Barriga, de directoras gerentes, compartió la tesis doctoral de Arantxa Hernández Echegaray, de la Universidad de Valladolid, que aborda el

El bálsamo de fierabrás

Recibo correos de vez en cuando enviados por trabajadoras sociales que se dirigen a mí en calidad de bloguera. Me cuentan a modo de desahogo que tienen problemas en el trabajo y buscan mi consejo, ya ves. Esperaría leer que tienen dilemas éticos, roces con sus superiores, cansancio, quemazón... pues no. Los correos que he recibido guardan una alarmante similitud: Todas se sienten sobrepasadas, impotentes, torpes ante el alud de problemas diversos que se les presentan y han de resolver. Todas coinciden: No sé intervenir ¿Qué hago? Todas parecen buscar el bálsamo de fierabrás.Y empleo todas porque todas son mujeres.

En este sentido se podría inferir que mi observación no tiene nada de particular puesto que la mayoría de trabajadoras sociales somos mujeres. Por esa regla de tres lo lógico sería que la mayoría de cargos de responsabilidad en instituciones sociales fuesen ocupados por nosotras al ser mayoría, sin embargo no es así, por lo que mejor dejemos la lógica a un lado.

En mis vein…