jueves, 29 de marzo de 2018

Ensayo sobre la ceguera


Vivimos en un mundo que se ha vuelto loco. Un mundo, o mejor dicho, un país en donde se cuelgan crespones negros en los cuarteles por la muerte de Jesucristo, porque se supone que se muere un año tras otro como en el día de la marmota según dice la Conferencia Episcopal y digo yo que pobre Jesucristo morirse repetidamente. Eso sí, luego resucita, así que ya me quedo más tranquila. Ahora que lo pienso, igual no solo nos hemos vuelto locos en España porque la solución que ofrece Donald Trump a la hemorragia de tiroteos en los institutos estadounidenses es que los profesores porten armas.  Profesores con pistola. En realidad, sólo algunos. Ya me quedo más tranquila. Donald Trump nos parece un perturbado por este tipo de iniciativas, en cambio no parece que nadie se haya echado las manos a la cabeza con la propuesta de nuestro gobierno, presidido por eme punto Rajoy y avalada por la FEMP, consistente en hacer de la policía local agentes tutores, es decir, educadores de calle de toda la vida. Bueno, sólo algunos agentes. Ya me quedo más tranquila. Y mientras las trabajadoras sociales, las educadoras y las psicólogas luchamos a tumba abierta por atrapar el trozo más grande de un pastel caducado, los profesores hacen de policías, los policías de educadores, los jueces de políticos, trabajadores sociales o estrellas de televisión y los curas hacen de jueces, en el mejor de los casos. Jesucristo sigue muriéndose año tras año y las pompas fúnebres más pompas y menos fúnebres. Las niñas se visten de manolas y los niños de legionarios, pero como se trata de celebraciones como dios manda no hay adoctrinamiento ni nada por el estilo. Dios ha muerto, dijo Nietzsche. Lo que no podía imaginar es que la posmodernidad lo resucitó después. Ya me quedo más tranquila.

Superstition
Stevie Wonder cover Wizar 54

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