sábado, 14 de abril de 2018

Sobre trabajo social con grupos

El trabajo social con grupos es aquella especialidad dentro del trabajo social que se orienta a recuperar y fortalecer, mediante la interacción grupal y la realización de actividades conjuntas, las capacidades sociales de los ciudadanos, para aumentar su enriquecimiento personal y mejorar su funcionamiento social.

Así definen Tomás Fernández García y Antonio López Peláez el trabajo social con grupos. Dejemos por el momento la teoría y vayamos a la polémica suscitada esta semana. En la entrada anterior expliqué que se ha producido un debate, sanísimo en mi opinión, sobre qué es y qué no es trabajo social con grupos. En realidad hay dos debates, uno en torno a lo que acabo de decir y otro relativo a la pertinencia de los grupos informativos en servicios sociales. Según mi parecer mezclar estas dos cuestiones es lo que está enturbiando el asunto, yo me voy a manifestar por separado pues entiendo que no tiene nada que ver una cosa con la otra.


El trabajo social con grupos es, según los autores anteriormente mencionados, una disciplina científica dentro del trabajo social. Hay un libro al respecto que suelo recomendar por su profundidad y es Trabajo Social con grupos y pedagogía ciudadana, de Teresa Zamanillo. Ahí se explica, entre otras muchas cosas, qué es y qué no es trabajo social con grupos. Dos son las premisas: Que el objetivo a trabajar por el grupo exija la interacción entre sus miembros y la realización de un valor. Pondré dos ejemplos:

  • Grupo formativo con personas voluntarias: El objetivo es la formación, para alcanzarlo no se requiere interacción, por lo que no es trabajo social de grupo, son sesiones formativas.
  • Grupo de ayuda mutua de cuidadoras: El objetivo es el soporte emocional. Requiere interacción. Es trabajo social grupal.

En la praxis esta diferenciación es importante por tres razones. La primera, que el trabajo social grupal implica la puesta en marcha de una serie de técnicas concretas que sería muy largo explicar aquí, la segunda es que si llamamos trabajo social de grupo a lo que no lo es incurriremos en un error epistemológico que no solo genera un empobrecimiento de la disciplina sino que tiene consecuencias prácticas, tales como una mala aplicación del formato.

Y la tercera razón es que, tal y como está sucediendo en la intervención individual familiar, vendrán otras profesiones más expertas a hacer lo que nosotras no estamos haciendo, creyendo que sí lo hacemos. Por lo tanto los grupos si son meramente informativos o formativos no estarían catalogados como trabajo social grupal. Ni, por ejemplo, la visita domiciliaria define la intervención familiar en trabajo social ni un formato grupal per se es trabajo social con grupos, por mucho que en ambos casos sean herramientas manejadas por las trabajadoras sociales. La pregunta ahora es ¿Son pertinentes los grupos informativos en servicios sociales? Mi respuesta es sí.

No conozco en profundidad los grupos de atención de Madrid, así que me limitaré a explicar lo que se suele hacer en el centro donde yo trabajaba, a propuesta de los propios trabajadores sociales: Al llegar convocatorias sobre subvenciones, ayudas... se publicitaba una o varias sesiones grupales con el objetivo de dar una primera información, proporcionar las solicitudes, aclarar dudas, etc. Después, aquellas personas que no podían tramitar la prestación por sí solas o querían consultar en privado, pedían cita previa sin ningún problema. Esto nos facilitaba mucho la vida a las profesionales y a la ciudadanía ya que muchas personas no necesitaban venir a cita individual. Incluso contamos con un archivo de personas interesadas en para avisarles cuando salían subvenciones que previamente habían venido a consultar.

En nuestro caso, hemos optado por estos grupos siempre y cuando se tratase de informaciones simples, que no abordasen cuestiones sensibles y con asistencia voluntaria; la verdad es que nos ha funcionado bien. Optimizar recursos es una obligación de las empleadas públicas y es algo deseable siempre y cuando no redunde en un perjuicio para la ciudadanía, claro está.

Termino esta entrada como comencé la entrada anterior, animando al debate respetuoso acerca de cuestiones como estas, de calado para la disciplina. Felicito a la persona que colgó el post en la plataforma y espero que debates como estos se produzcan más a menudo, bastante más interesantes que los cursos de masaje tántrico. Que no tengo nada en contra del masaje tántrico, conste.

Jorge da Rocha
Joga (Björk cover)

martes, 10 de abril de 2018

Mecheros y debates

El debate constituye un sano ejercicio para la sociedad en general y el Trabajo Social en particular. Siempre. Aunque se aborde un asunto tan espinoso como la mediación en violencia de género, uno de los ejes del I Congreso Internacional de Mediación, que se celebrará en Alicante el próximo junio. Yo no soy experta en violencia de género, por lo que no me siento legitimada para defender mi postura, a medio camino entre la sorpresa y la indignación. Al margen de que la ley lo prohíbe expresamente, considero que no es aconsejable desde una perspectiva terapéutica, pero como digo, no es un tema que domine a fondo, así que prefiero que se expresen otras compañeras blogueras, y no señalo a nadie en particular...

Además de la cuestión de la mediación, ha surgido otro debate en facebook sobre el trabajo social grupal en relación con esta noticia, referida a sesiones de información grupal desde algunos centros de servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid. Se ha lanzado la siguiente pregunta ¿Podemos considerar este servicio como trabajo social grupal?


Yo me he puesto muy contenta al ver este post en el muro de la Plataforma en Defensa del Trabajo Social. Habitualmente me encuentro en todas las páginas de trabajo social, todas, debates insustanciales de cuyo contenido no quiero acordarme, anuncios sobre cursos, técnicas de yoga, alimentación, bendiciones y memes sobre nuestros presuntos superpoderes, por no hablar de las oleadas de indignación cada vez que aparece una oferta de empleo en la que pone asistente social. Que no digo yo que tenga que poner asistente social, que nadie me apedree, lo que digo es que hay cosas más importantes y esta es una de ellas.

Es curioso, en los dos debates que he mencionado ocurre lo mismo: Se presta más atención a los aspectos colaterales que al debate en sí. Sobre todo me llama la atención las alusiones continuas al respeto y a la agresividad, como si el hecho de discrepar constituyese un acto agresivo o intolerante. En ninguno de los dos debates he observado faltas de respeto o agresividad por parte de ninguna de las intervinientes, sin embargo cada día tenemos la piel más fina y eso empobrece el intercambio de ideas y la confrontación dialéctica. Cosas de la posmodernidad y lo políticamente correcto, supongo.

Todo esto me recuerda a un episodio protagonizado por el magnífico jugador de fútbol Carles Puyol en un clásico hace algunos años. En el Bernabéu lanzaron un mechero que impactó en Piqué y éste fue a mostrárselo al árbitro. Puyol se interpuso, lanzó el mechero fuera del campo y envió a Piqué a seguir jugando. Qué maravilla de jugador, Pujol.

Pues eso mismo pido yo, lanzar el mechero fuera del campo y jugar. En este caso y en cualquier otro lo verdaderamente enriquecedor es debatir simple y llanamente con argumentos. Nada más. Y si se separa el argumento del argumentador, mejor. Por lo tanto, me propongo debatir sobre trabajo social grupal al hilo de esta noticia en la próxima entrada, que saldrá el viernes. Opino que este sí es un debate sustancial y me parece importante demostrarlo. Hasta el viernes.

Beastie Boys
(You gotta) fight for your right (to party)
 El rap de los 80 y 90 me fascina, es tan incorrecto...