sábado, 19 de mayo de 2018

A Juana


Hola, Juana:

Comienzo esta carta con fastidio por no poder utilizar tu nombre real. Son tantos años los que hemos vivido en el centro de servicios sociales que me cuesta pensar en ti con el nombre de Juana, aún así trataré de fijar tu nombre y tu cara en mi mente mientras escribo esta carta que posiblemente nunca leerás.

Aunque me encanta mi nuevo trabajo me acuerdo mucho de ti, y también de otros usuarios (¡No te enfades, que nos conocemos!) ¿Recuerdas cuando te expliqué que tú eras una usuaria? Aún me río cuando lo cuento. Tú me contestaste medio sorprendida medio ofendida ¿Y eso qué es? Yo soy Juana y soy tu amiga. Y en verdad llegaste a ser una amiga pues compartíamos preocupaciones, tuyas y mías, y tú te interesabas de verdad, como te interesas por todo el mundo, hasta por los dos perroflautas que te encontraste en la calle comiendo gusanitos del suelo. Entraste al centro con los dos ¡Qué imagen imborrable! Una gitana de taitantos años acompañada de dos jóvenes punk con perro gritando ¡Belén, dales un bocadillo o algo que están ermayaos! (cuando se marcharon me susurraste qué lástima, pero qué peste echan ¡Con lo que tú eres para la limpieza!)

Podría escribir párrafos y párrafos recordando las mil anécdotas que he vivido contigo y tus graciosísimas ocurrencias, sin embargo estoy preocupada por ti y ese es el motivo por el que te escribo. He preguntado y las compañeras dicen que ya no eres la misma. Me cuentan que no bromeas, que se te está cayendo el pelo y que ya no te cuidas tanto porque te van a echar del piso. Que esta vez va en serio. Que el asunto está en el juzgado. Que ahora no es el abuelo sino los nietos los dueños del edificio y estos no se andan con contemplaciones. Que no sabéis que vais a hacer tu Ana y tú. Que tampoco te dan la nueva renta activa por no sé qué historia de tu hija. Madre de Dios.

Me dice la compañera que me sustituye contigo que está muy pendiente de ti porque teme que hagas cualquier idiotez. Que no ves salida. Y es para estarlo, Juana. Este mundo es una mierda, muchas veces lo hemos hablado en el despacho, es verdad ¿Pero sabes una cosa? Tú haces del mundo un lugar mejor, Juana. Tú haces que el mundo sea menos mierda. El mundo te necesita y la compañera que te atiende ahora te necesita también, porque tú haces mejores a los profesionales, Juana. Que no se te olvide nunca. Por mi parte, esta que dice ser tu amiga te debe un café. Más pronto que tarde.

Un beso fuerte.

Juan Quintero
Para llevarte a vivir 
(Versión de Javier Ruibal)

sábado, 12 de mayo de 2018

Yo acuso

Yo no debería escribir sobre feminismo. Descubrí el feminismo muy tarde, es más, no me considero feminista sino aprendiz de feminista ya que aún estoy en proceso de reconstrucción y aprendizaje. Actitudes, creencias y conductas machistas perviven en mí y me resulta muy difícil desprenderme de ellas, aunque lo intento: Leo y me observo. Y trato también de mirar la realidad con las famosas gafas violeta, lo cual resulta bastante desagradable pues se te aparecen de pronto situaciones como los que me han empujado a escribir hoy sobre feminismo, a pesar de todo. Se lo debo a las compañeras maestras en feminismo porque me han abierto los ojos y porque todo apoyo es poco ante tanto despropósito.

Hace un tiempo inicié una polémica en facebook al colgar en el grupo de la Red feminista de profesionales del trabajo social una conferencia sobre mediación en violencia de género, dos términos irreconciliables, y no lo digo yo, se trata de una prohibición expresa incluida en la Ley Integral 1/2004 de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de genero. Como era previsible se montó una buena discusión. Hasta ahí, lo normal e incluso sano. Lo malo es que nuestras críticas hacia la conferencia tuvieron como respuesta que aquellas que defendían al conferenciante (hombre) nos acusaron de supuestos ataques hacia él. Dejémoslo ahí, por el momento.

En otro congreso más reciente se ha presentado un póster desde un hospital del área de Osuna (Andalucía) y como el comité científico no aceptó la comunicación han repartido unos folletos con el mensaje central del póster, en el que se equipara la violencia machista y la de los hombres maltratados. Hay más información en este hilo de facebook y en otro hilo de twitter.

Que el feminismo se abre paso en la sociedad es un hecho. Que el patriarcado está contraatacando con virulencia es otro. No descubro América. No he venido aquí para eso. Vengo a señalar con el dedo. Vengo a acusarte a ti, conferenciante mediador, arrepentida por no haberlo hecho anteriormente. Te acuso a ti y acuso al trabajador social que ha repartido el folleto. Yo os acuso. Ese magma cultural que hemos acordado denominar patriarcado está compuesto por hombres como vosotros. El patriarcado en sí no es nada. Sois hombres como vosotros los que alimentáis a la bestia. Y tratar de escudaros en planteamientos pseudocientíficos es incalificable.


Estaréis en vuestro derecho de intentar perpetuar un sistema que lleva siglos poniéndonos el pie en el cuello, no me cabe duda. Lleváis toda la vida disfrutando de los privilegios que vuestro género ha consolidado a costa nuestra, pertrechados tras mil y una falsedades. Posiblemente si yo fuese hombre también lo haría, pero mi madre me parió mujer y además tengo las gafas puestas así que yo también voy a hacer uso de mi derecho a señalaros, machistas retrógrados. Faltaría más.

Bomba Estéreo
Fuego

sábado, 5 de mayo de 2018

Perder o no perder poder, esa es la cuestión

Leyendo a Marina Garcés me dio por pensar en los mantras que pesan como losas en nuestra profesión y la necesidad de revisarnos con ojo crítico. Por ejemplo, no es verdad que el trabajo social es una profesión poco conocida. No es cierto ¡Qué va a ser cierto! Las vecinas de mi madre saben perfectamente a qué me dedico, en cambio ve y pregúntales por el trabajo de un social media manager. Y, según observo, tampoco es acertado afirmar que reflexionamos poco pues al menos a mí no me da tiempo a leer todo lo que se publica en revistas de trabajo social, y eso que leo mucho y rápido.

Es más, confieso que me ha fastidiado descubrir que la Revista de Treball Social del Colegio de Cataluña publica sus números también  en castellano porque ahora es otra revista a la que seguir, no sólo por el idioma sino por los contenidos. El último número es un monográfico sobre el trabajo social y el poder. El poder. Nada más y nada menos.

Pedro Celiméndiz hace un tiempo escribió sendas entradas sobre el poder, que puedes leer aquí y aquí. Recomendables ambas para iniciar una reflexión sobre el poder en trabajo social. Posteriormente María José Aguilar ha escrito un artículo que tiene mucho que ver con el poder. Se refiere, concretamente, a los procesos de empoderamiento desde el trabajo social. Puedes leerlo aquí. Luego volveré sobre el artículo, ahora quiero explicar por qué traigo este tema a colación.

El hilo es el siguiente: El trabajo social, como disciplina, también se ha visto influenciado por eso que las sociólogas denominan posmodernidad. Como resultado, cobran fuerza los enfoques eclécticos, que tienen ciertas características en común (al final de la entrada referenciaré esto por si a alguien le interesa profundizar):

  1. Una perspectiva de la persona en su entorno imbuida de la teoría de los sistema ecológicos.
  2. Énfasis en el desarrollo de una relación de apoyo que favorece el empoderamiento
  3. Utilización flexible del modelo de resolución de problemas al objeto de proporcionar una estructura y una guía de actuación para el trabajo con los clientes
  4. Valoración multinivel de carácter holístico que incluye el enfoque en asuntos relativos a la diversidad y la opresión así como en las fortalezas
  5. Utilización flexible y ecléctica de una amplia gama de teorías y técnicas seleccionadas por su relevancia con respecto a situaciones individuales y únicas.
Quedémonos con el punto 2. Como vemos, el empoderamiento es una constante en el trabajo social actual, lo que incluye prestar atención a:

  • los enfoques basados en capacidades, 
  • el aumento de la autonomía de las personas atendidas 
  • y la consideración de que las personas son las verdaderas expertas en su propia vida. 

Aspectos todos estos que guardan una estrecha relación y se están tratando de trasladar de la disciplina a la profesión con herramientas tan interesantes como el diagnóstico relacional colaborativo, de Cardona y Cía, por poner un ejemplo. La cuestión es: ¿Estamos preparadas desde la profesión para incorporar estas metodologías? Porque de poco nos sirve incorporar estas perspectivas si en nuestro quehacer cotidiano seguimos actuando desde la perspectiva clásica.

Es significativo lo que me ocurrió el otro día dando una clase. Expliqué el diagnóstico que he mencionado y al acabar, una alumna me preguntó: Entonces, se trata de ir llevando por donde tú quieres al usuario con la entrevista ¿no? Con humor contesté que eso tiene un nombre: subterfugio. Lo que quiero decir es que estas nuevas aportaciones implican un proceso de deconstrucción que debe comenzar inexorablemente por nosotras mismas. Esto me recuerda al mantra, también conocidísimo, de que hay que estar más en la calle, que muy bien, pero digo yo que sacar nuestro cuerpo a la calle, gobernado por un cerebro asistencialista no parece muy innovador que digamos.

A riesgo de destripar el artículo de María José (odio el término spoiler), le robo un párrafo para concluir esta entrada:
Empoderarse implica dotarse de poder, apoderarse, fortalecerse frente a otro u otros. Significa sentirse y ser capaz de actuar como sujeto protagonista de la propia vida, individual y colectivamente. Y eso, en un contexto o situación donde unos tienen el poder y otros no lo tienen, que éstos últimos se empoderen en un proceso participativo y comunitario, sólo puede significar y conllevar que quienes hasta entonces habían detentado el poder de decidir sobre los demás, pierdan parte de dicho poder. Sin transferencia o traspaso de poder no hay verdadero empoderamiento, puede haber paternalismo, pero no empoderamiento. 
Perder o no perder poder, esa es la cuestión.

Snap VS Motivo
The power of Bhangra

(*) Un enfoque generalista-ecléctico de la práctica del Trabajo Social (N. Coady) en Sobremonte de Mendicuti, E. (2012). Epistemología, teoría y modelos de intervención en trabajo social: reflexión sobre la construcción disciplinar en España. Retrieved from http://cataleg.ub.edu/record=b2096547~S1*spi