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Perder o no perder poder, esa es la cuestión

Leyendo a Marina Garcés me dio por pensar en los mantras que pesan como losas en nuestra profesión y la necesidad de revisarnos con ojo crítico. Por ejemplo, no es verdad que el trabajo social es una profesión poco conocida. No es cierto ¡Qué va a ser cierto! Las vecinas de mi madre saben perfectamente a qué me dedico, en cambio ve y pregúntales por el trabajo de un social media manager. Y, según observo, tampoco es acertado afirmar que reflexionamos poco pues al menos a mí no me da tiempo a leer todo lo que se publica en revistas de trabajo social, y eso que leo mucho y rápido.

Es más, confieso que me ha fastidiado descubrir que la Revista de Treball Social del Colegio de Cataluña publica sus números también  en castellano porque ahora es otra revista a la que seguir, no sólo por el idioma sino por los contenidos. El último número es un monográfico sobre el trabajo social y el poder. El poder. Nada más y nada menos.

Pedro Celiméndiz hace un tiempo escribió sendas entradas sobre el poder, que puedes leer aquí y aquí. Recomendables ambas para iniciar una reflexión sobre el poder en trabajo social. Posteriormente María José Aguilar ha escrito un artículo que tiene mucho que ver con el poder. Se refiere, concretamente, a los procesos de empoderamiento desde el trabajo social. Puedes leerlo aquí. Luego volveré sobre el artículo, ahora quiero explicar por qué traigo este tema a colación.

El hilo es el siguiente: El trabajo social, como disciplina, también se ha visto influenciado por eso que las sociólogas denominan posmodernidad. Como resultado, cobran fuerza los enfoques eclécticos, que tienen ciertas características en común (al final de la entrada referenciaré esto por si a alguien le interesa profundizar):

  1. Una perspectiva de la persona en su entorno imbuida de la teoría de los sistema ecológicos.
  2. Énfasis en el desarrollo de una relación de apoyo que favorece el empoderamiento
  3. Utilización flexible del modelo de resolución de problemas al objeto de proporcionar una estructura y una guía de actuación para el trabajo con los clientes
  4. Valoración multinivel de carácter holístico que incluye el enfoque en asuntos relativos a la diversidad y la opresión así como en las fortalezas
  5. Utilización flexible y ecléctica de una amplia gama de teorías y técnicas seleccionadas por su relevancia con respecto a situaciones individuales y únicas.
Quedémonos con el punto 2. Como vemos, el empoderamiento es una constante en el trabajo social actual, lo que incluye prestar atención a:

  • los enfoques basados en capacidades, 
  • el aumento de la autonomía de las personas atendidas 
  • y la consideración de que las personas son las verdaderas expertas en su propia vida. 

Aspectos todos estos que guardan una estrecha relación y se están tratando de trasladar de la disciplina a la profesión con herramientas tan interesantes como el diagnóstico relacional colaborativo, de Cardona y Cía, por poner un ejemplo. La cuestión es: ¿Estamos preparadas desde la profesión para incorporar estas metodologías? Porque de poco nos sirve incorporar estas perspectivas si en nuestro quehacer cotidiano seguimos actuando desde la perspectiva clásica.

Es significativo lo que me ocurrió el otro día dando una clase. Expliqué el diagnóstico que he mencionado y al acabar, una alumna me preguntó: Entonces, se trata de ir llevando por donde tú quieres al usuario con la entrevista ¿no? Con humor contesté que eso tiene un nombre: subterfugio. Lo que quiero decir es que estas nuevas aportaciones implican un proceso de deconstrucción que debe comenzar inexorablemente por nosotras mismas. Esto me recuerda al mantra, también conocidísimo, de que hay que estar más en la calle, que muy bien, pero digo yo que sacar nuestro cuerpo a la calle, gobernado por un cerebro asistencialista no parece muy innovador que digamos.

A riesgo de destripar el artículo de María José (odio el término spoiler), le robo un párrafo para concluir esta entrada:
Empoderarse implica dotarse de poder, apoderarse, fortalecerse frente a otro u otros. Significa sentirse y ser capaz de actuar como sujeto protagonista de la propia vida, individual y colectivamente. Y eso, en un contexto o situación donde unos tienen el poder y otros no lo tienen, que éstos últimos se empoderen en un proceso participativo y comunitario, sólo puede significar y conllevar que quienes hasta entonces habían detentado el poder de decidir sobre los demás, pierdan parte de dicho poder. Sin transferencia o traspaso de poder no hay verdadero empoderamiento, puede haber paternalismo, pero no empoderamiento. 
Perder o no perder poder, esa es la cuestión.

Snap VS Motivo
The power of Bhangra

(*) Un enfoque generalista-ecléctico de la práctica del Trabajo Social (N. Coady) en Sobremonte de Mendicuti, E. (2012). Epistemología, teoría y modelos de intervención en trabajo social: reflexión sobre la construcción disciplinar en España. Retrieved from http://cataleg.ub.edu/record=b2096547~S1*spi

Comentarios

  1. Excelente entrada. De todo el argumentario quiero destacar la frase ¿Estamos preparadas desde la profesión para incorporar estas metodologías? En Navarra va a ser obligatorio pasar el diagnóstico de valoración social del Gobierno Vasco, en el segundo año de cobro de la renta garantizada. La profesión se pregunta de dónde vamos a sacar tiempo. Urge redefinir los servicios sociales usando el nivel prestatario hacia un sistema basado en la intervención social para lo que es imprescindible diagnósticar

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    1. Gracias por el comentario. Sí, el diagnóstico es un acto profesional complejo que implica intervención por lo que hay que darle la importancia que tiene, y sobre todo, debemos abandonar la gestión de una vez y perder los miedos a la intervención pura y dura.

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