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El hábito no hace al monje (o a la monja)

María Pilar Díaz López, especialista en diversidad funcional, es la nueva secretaria de Estado de Servicios Sociales ¿Una magnífica noticia para el gremio pues es trabajadora social? Así parece, pero mi propósito en esta entrada es demostrar que no

necesariamente.

Desconozco el currículum de Pilar Díaz. Igual es una colega reputadísima que trae ideas innovadoras o que tiene muy claros los cometidos de los servicios sociales y piensa dar un golpe de timón o simplemente arreglar el desaguisado. Lo digo sin ápice de ironía. No la conozco, sin más, así que no pretendo poner en entredicho su nombramiento sino aprovecharlo para contribuir a derribar otro de los mantras que pesan sobre nuestra profesión: la tecnocracia y el corporativismo mal entendido.

En primer lugar, ser trabajadora social per se no otorga un marchamo de calidad en servicios sociales. Es posible que la trabajadora social en cuestión sea una persona de mediocres capacidades o cortas entendederas técnicas colocada ahí por méritos políticos y no profesionales, esto es obvio y más frecuente de lo que las colegas ajenas a la política creen.

En segundo lugar, ser trabajadora social no es equivalente a mantener posiciones progresistas o contrarias a determinados recortes, como tampoco equivale a creer en un modelo de servicios sociales equis. Pensemos por ejemplo en las profesionales de la medicina: hay quienes entienden la sanidad como un derecho o quienes la entienden simple y llanamente como un negocio y no dudan en ponerse al frente de organismos públicos para privatizar la sanidad sin temblarles el pulso o, sin ir más lejos, tan alegres por dejar de atender a miles de criaturas que quedaron fuera del sistema sanitario gracias a las políticas del Partido Popular.

Lo que me lleva a la tercera consideración: la política del partido. Esa es la clave. No nos equivoquemos. Es la política del partido lo que marca las líneas de actuación de los diferentes ministerios y secretarías. No digo que las personas no sean importantes, al contrario, quienes están a la cabeza de los organismos dejan su impronta, no cabe duda, pero es la línea ideológica del partido la que pesa en las actuaciones y decisiones. Por eso es, en mi opinión, mucho más importante contar con trabajadoras sociales (con ideas claras, sean las que sean) en el interior de los partidos que en cargos públicos, puesto que es en el interior de los partidos donde se gesta la línea ideológica en una u otra materia y dentro de ellos existen grupos de presión para que tengan más o menos importancia dentro de lo general al margen de los contenidos. Dicho de otro modo, si hay muchas profesionales de lo social, aparecerá lo social, luego veremos qué social.

Y en esta línea es importante recordar los programas electorales, que aunque en España son papel mojado nos dicen mucho sobre qué es lo que el partido considera importante y en qué términos. Es muy fácil e interesante el ejercicio de contar palabras. Los resultados son sorprendentes.

Dicho esto, mi más sincera enhorabuena a Pilar Díaz, a la que le deseo toda la suerte del mundo. La va a necesitar.

Mismo sitio, distinto lugar
Vetusta Morla

Comentarios

  1. Dicho lo cual, con lo que estoy de acuerdo, añado: los puestos directivos y gerenciales en el sistema sanitario están ocupados por médicos al 90%, estimo. En el sistema de servicios sociales debe ocurrir igual: el 90% deben estar ocupados por trabajadores sociales. Otra cosa es la competencia de cada profesional concreto... Un abrazo.

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    1. Sí, es cierto y comparto lo que dices, pero matizo para el resto de lectoras: Una cosa es ocupar los puestos de staff técnico en servicios sociales y otra los cargos políticos, a los que se refiere esta entrada. Besotes.

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  2. Pues es verdad que ser Trabajadora Social no es garantía, que por otro lado debiera ser de al menos unos mínimos. Aún así ennprincipio parece buena noticia. Estaremos atentas.
    Me parece muy interesante lo de la disciplina de partido. Primero porque a ver si nos vamos enterando que los modelos que tenemos de servicios sociales, educaciòn, sanidad, vivienda, empleo.... tienen detrás una ideología y muy clara. Más nos vale a cada quien reflexionar sobre la implicación que tiene y nuestra propia ideología para saber diferenciar lo técnico y lo político y junto con el Código deontologico de la profesión no se nos olvide lo que es tener una vida digna para toda la ciudadanía. Besos

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    1. Completamente de acuerdo. Y por añadir algo que se me olvidó incluir en la entrada, no es lo mismo ser graduada en trabajo social que trabajadora social. Un abrazo apretao.

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