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La insoportable chulería de Adela

Hace un par de semanas introduje un personaje en este blog para ilustrar algunos aspectos interesantes que observo en eso que solemos llamar intervención social. El personaje en cuestión es Adela. Adela, como dije, es exigente, agresiva, intransigente y chula. Eso dificulta ostensiblemente la generación de vínculo, un elemento imprescindible en la relación de ayuda, lo que me sugería un punto de partida para compartir qué posiciones, en mi opinión, ayudan a establecerlo y qué otras lo cortocircuitan.

Adela sería, en definitiva, una excusa, y poco me importa lo demás; ha llegado a este blog con una misión.

Adela además de agresiva sería otras muchas cosas (si yo quisiese) que nos demostrarían que nada tienen que ver los rasgos de personalidad con el trastorno mental, si es que Adela tuviese rasgos de personalidad. De hecho, es de las primeras cosas que aprendes cuando comienzas a tratar con personas que conviven con el trastorno mental: No existe ninguna correlación.

El caso es que Adela no tiene rasgos de personalidad porque Adela no existe. Adela es, simplemente, fruto de mi imaginación. No hay ninguna persona tutelada en el IAT que guarde la mas mínima relación con Adela. Adela no existe por lo que puede ser chula, agresiva, intransigente y exigente. Y lo que se me vaya ocurriendo.

No esparaba comenzar la historia de Adela puntualizando dos premisas, a mi juicio, básicas: Una, que el trastorno mental per se no modela la personalidad, y dos, que cuando te lanzas a escribir hay una serie de licencias que te tomas para captar la atención de quien te lee, para remover conciencias, generar debate y provocar. Siempre he creído que en la vida y en el desempeño profesional una pequeña dosis de incorrección es sana, lo que nunca imaginé es que tendría que justificarla.

Este es un blog sobre trabajo social, para profesionales de lo social, y poco importa lo demás, así que vayamos al grano y aprovechemos esto para sacar algo en claro ¿Qué pasaría si existiese una Adela chula, agresiva, intransigente y exigente? ¿O qué pasa, que no existen usuarias Adelas insoportablemente chulas? Al menos en Madrid alguna habrá, digo yo.

¿Qué sería lo correcto desde el plano terapéutico? ¿Obviar la emoción que Adela nos genera y repetirnos para nuestros adentros una y otra vez "me cae bien me cae bien me cae bien" hasta conseguir que nos caiga bien? ¿Ignorar la emoción que Adela nos produce y atenderla desde la neutralidad o pararnos a analizar la emoción, la información que nos proporciona y cómo gestionarla? ¿No es más inteligente partir del conocimiento de todo eso? ¿Y qué es más honesto, confesarle a Adela, por ejemplo, que sus gritos nos asustan y pedirle, qué digo pedirle, exigirle que no nos hable así o atenderla desde la neutralidad rodeada de gente porque en el fondo nos da miedo entrevistarnos a solas?

Hace tantos años que opté por lo primero por evidente que no pensaba al escribir que lo tuviera que explicar, pero así es.

Bitch, I´m Madonna
Madonna

Comentarios

  1. Todavía no comprendo muy bien ni porqué ni para qué ha aparecido Adela en tu Blog... pero ¡empieza a caerme bien!

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  2. Doy fe que al menos en Asturias existen Adelas, y trabajar con ellas es todo un reto, como tu blog, siempre se me hace corto, me recuerda a mi infancia cuando compraba comits, uno al mes, y tenia q esperar al siguiente para continuar la historia 😁

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    1. Ya decía yo que Asturias es la Andalucía del norte. Seguiremos informando. Gracias mil por el interés!!!

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Claro que existen Adelas, y Adelos, en la historia de vida profesional de cada Trabajador/a Social. Los que obligan a revisarnos metodologías, deontologías, éticas y competencias personales. Cuánto agradezco que invites a conversar sobre esta cuestión porque, en este momento de mi vida profesional, tan solo me apetece conversar sobre aquello que me sitúa en un lugar de incomodidad y duda. Ale, aquí me quedo, con inmensas ganas del próximo capítulo.

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    2. Me alegro mucho de leer tu comentario porque es justo lo que pretendía. Estas personas son las más apropiadas para revisar nuestra praxis profesional, y las más necesitadas de nuestra competencia. Muchas gracias por comentar!

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  4. Para mí las Adelas son aquellas que cuando somos noveles nos hacen movernos por nuestros sentimientos de impotencia, miedo y enfado, con mi primera Adela hice una intervención de mierda. Pero fue esa Adela la que ha hecho que me exigiera que en mi vida profesional no volvería a suceder algo así. Ahora mis Adelas son mujeres que llevan una gran carga encima, maltratadas por todos hasta por el propio sistema y con las que intento ganarme su confianza y hacer un buen trabajo. Lo que no quiere decir que por momentos cuando veo su nombre en las citas de la mañana me agote sólo de pensarlo. Por cierto, recientemente tuve la oportunidad de pedirle disculpas, ella no se acordaba porque yo era una de tantas que lo hizo mal, pero yo me liberé después de más de 15 años.

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    1. Las disculpas, esa rara avis de la intervención social...Y muy bueno el comentario sobre "una de tantas que lo hizo mal". Eso sucede en demasiadas ocasiones. Me incluyo. Un abrazo fuerte.

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  5. Bravo....
    Veo que normalmente, me incluyo, entendemos la intervención social a partir del vínculo, digamos ligada al afecto. Otra posibilidad que entra en la idea de neutralidad "primero derechos", es atender desde el efecto conseguir algo. También podía ser útil el significado, ligado a las emociones si nos provoca miedo y nerviosismo, irá, son cuestiones que están ahí. Se pueden poner encima de la mesa y dedicar uno o dos minutos a "jugar" con distintas conductas, en ocasiones es útil cambiar de silla, un role-playing y nosotras hacer de Adela y ella de nosotros. Todo esto con prudencia según la persona que tenemos junto a nosotras, no todo vale para todo el mundo. Especial sensibilidad con personas que sufren un trastorno mental o están en situación crítica. Un tema interesantísimo que sería super bonito para trabajar en un taller.
    Gracias Belén por creación, todas tenemos Adelas y Adelos. Es la realidad

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    1. Hola, hombre, ligado al afecto no necesariamente, en mi opinión son las técnicas las que mejor ayudan a generar vínculo, pero son mucho más difíciles de aplicar si la persona que tenemos enfrente nos cae requetemal pues al fin y al cabo somos humanos. Me hace mucha gracia que hayas mencionado lo de la silla, yo lo he probado y realmente es sugerente. Buenísima idea la de aplicar todo esto en un taller ¡Un abrazo!

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