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Lavarnos las manos

Será porque mis padres han comenzado a manifestar signos evidentes de su ancianidad o simplemente porque es vergonzosa, esta semana apareció una noticia que me partió el alma, el desahucio de un matrimonio de ancianos en Oviedo y su permanencia dos días al raso. Dos días durmiendo en un parque, solicos.

Más allá del dolor (físico) que me produjo la noticia y del sentimiento de rabia e indignación, el mismo que cualquier persona con cierta empatía experimentará, observo algunas derivas de esta tragedia que quiero compartir. En primer lugar, detengámonos en la reacción del juzgado que decretó el desahucio, publicada en Cuatro:

El Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ha asegurado este lunes que el Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Oviedo no estaba informado de la situación de vulnerabilidad de los dos ancianos desahuciados en Oviedo que pasaron dos noches en el Parque San Francisco. "Si los ocupantes de la vivienda eran las personas y con esas condiciones, no habían puesto en conocimiento del Juzgado su situación y la misma, por tanto, no ha podido ser conocida ni valorada por el servicio correspondiente", aseguran.

Entiendo que el desahucio es el último acto judicial tras un juicio en el que, imagino, se habrá puesto de manifiesto la situación de estas dos personas, por lo que debería existir conocimiento previo de la vulnerabilidad, y si no lo hay es porque la justicia funciona como una escopeta de feria, ya que tendría que haber un expediente al que cualquier juzgado pudiera acceder. Pero voy más allá: ¿El simple desahucio de dos personas de 74 y 72 años no canta vulnerabilidad por soleares? Y añado: ¿Es que estas personas tenían que poner su situación en conocimiento del juzgado? ¿Cómo se hace eso? ¿Y si no lo hicieron el juzgado no podía hacer algo tan simple como preguntar? Llegadas a este punto sería interesante conocer la opinión del abogado de esta familia.

Después de que el juzgado se sacudiera las pulgas, los medios de comunicación buscaron a un nuevo culpable girando el foco sobre los servicios sociales que, raudos y veloces, se apresuraron a decir que estas personas no habían acudido a solicitar ayuda. No demanda, no party. Obvio. 

Si bien es cierto que los servicios sociales no podemos actuar si desconocemos lo que ocurre, más valdría preguntarnos por qué estas personas no acudieron a pedir ayuda, en lugar de echar balones fuera al igual que el juzgado. Hablemos claro: La realidad es que muchas personas en situaciones diversas de emergencia no acuden a los servicios sociales porque no encuentran respuesta y otras no acuden sencillamente porque ir a los servicios sociales en este país es motivo de estigma. Es así. A mucha gente le da una vergüenza horrible pisar un centro de servicios sociales. Por algo será.

Una vez que las administraciones han demostrado su culpabilidad cero y todos nos hemos lavado las manos en este asunto, no quedan culpables a los que quemar en la plaza pública ¿O sí? ¡Bingo! Son esos dos ancianos que no pusieron su situación en conocimiento del juzgado y tampoco acudieron a los servicios sociales. Los que tenían la exclusiva responsabilidad de arreglar sus asuntos, pues a la vista está que el desahucio es cosa suya. Ni de la familia de estas personas, ni de vecinos, ni del juzgado, ni de los servicios sociales, ni de la nula política de vivienda del gobierno, ni de la inexistencia de una garantía decente de ingresos, ni del alcalde de Oviedo, ni del susuncorda.

Estamos condenados, como lo ha observado agudamente Ulrich Beck, a buscar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas. Buscamos una salvación individual para problemas comunes. Pero esta estrategia está lejos de traer los resultados que estamos buscando, porque deja las raíces de la inseguridad intactas y más aún, este repliegue a la solución y a los recursos individuales, es precisamente lo que “contamina” el mundo, con la inseguridad de la que deseamos escapar.  
De Vidas desperdiciadas por Zigmunt Bauman.

Ojalá estos ancianos hubiesen hecho como Willy Toledo y se hubiesen cagado en dios en el juzgado, al menos así tendrían un techo garantizado.

 La Piel
Maruja Limón

Comentarios

  1. Yo me pregunto, como podemos ayudar.
    Que indignacion����������

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    1. Es terrible, Beatriz, y como bien dices es indignante. En mi humilde opinión podemos ayudar poniendo de manifiesto las carencias del sistema y contraargumentando a quienes piensan que la gente se la apañe sola. Muchas gracias por comentar.

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  2. Genial Belen . ¿sera que a la ceguera de la justicia se le sumanla cojera de los servios sociales y la afonía social ? Triste

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    1. Pues creo que sí, compañera. Muy triste...Gracias por comentar...

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