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Abrazos

Somos tendentes a fustigarnos bastante tanto hacia dentro como hacia fuera. No conozco otra profesión que trabajando con "material tan sensible e intenso", derrochando en la mayoria de las veces tanta humanidad y cercanía, se le mime y automime tan poco. 

Las palabras con las que empieza esta entrada son de Chelo, una lectora de este blog. Escribía un comentario al hilo de mi anterior entrada, que trataba sobre la reactividad con la que a veces nos tomamos desde el trabajo social las opiniones ajenas. El comentario de Chelo (del que he colocado solo un fragmento) me dio mucho que pensar así que hoy, festivo en Andalucía, me decido a escribir sobre ello bajo el sol de un febrero demasiado caluroso incluso para Almería.

Son varias las compañeras que me piden que escriba sobre aquello que hacemos bien porque opinan, como Chelo, que nos fustigamos demasiado, y es verdad, no hay más que comprobarlo haciendo el ejercicio de recordar aquellos casos que tuvieron un buen final y aquellos en los que fracasamos. Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa murmurábamos de niñas en misa y bien se nos grabó la letanía en la sesera.

Hacemos muchas cosas bien, no me cabe ninguna duda, aunque mimarnos no es una de ellas. Este trabajo tan ansiógeno, que diría Luis Barriga, nos sitúa en una permanente contradicción entre aquello que nos exigimos frente a las personas que atendemos y aquello que hacemos con nuestras colegas. Muchas buenas profesionales han acabado por quemarse, sobrepasasadas por la presión asistencial, mientras el resto vivíamos ajenas a los infiernos que ellas pudieran padecer, como la canción de Fangoria.

Es nuestro deber rescatarlas, no juzgarlas. Yo he juzgado a muchas compañeras injustamente y el comentario de Chelo me lo ha recordado, pero hoy no voy a fustigarme por ello. Hoy, sonrojada, giro o más bien derrapo y hago un alegato a favor de la palabra amable, la mirada amiga, el silencio cómplice y la mano tendida a las compañeras. La otredad también se aplica a ellas, es decir, a nosotras, como bien explicó Silvia Navarro en su maravilloso libro Saber femenino, vida y acción social


Cada una de nosotras lucha cada día con su propio demonio interior y en más ocasiones de las que nos gusta reconocer necesitamos apoyo, cuidados, mimos, abrazos. Comenzaré por mi pareja, también trabajadora social, que está viviendo con preocupación dos casos muy complicados que acabará por resolver porque es una buena profesional aunque no lo sabe y yo, tonta de mí, no se lo digo lo suficiente.

Beatiful tango
Hindi Zahra

Comentarios

  1. Muy bueno, Belen querida, pero muy triste y no sé por qué. Me pregunto una y más vece si es por la mezcla de pobreza, mujer, baja inversión en el sector, y mil cosas más que están en los intramundos de nuestra, escasa formación. Esto es todo lo quiero decir hoy, en una taberna de Lavapies, sola, viviendo cierta decadencia postmoderna. No lo sé. El caso es que ya basta de tanto lamento. ¿Qué podemos hacer para salir de este bucle?

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    1. Gracias, maestra, a bote pronto en la entrada ya hay una solución que es el cuidado mutuo. Otra gran solución ya la aportas tú en tu comentario: SUPERVISIÓN. Es un honor recibir tus comentarios.

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  2. Me encanta como escribes Belén. Sí,
    también entiendo a.muchas compañeras sobrepasadas por la realidad laboral. Siempre lo he dicho, estar en las trincheras no es fácil, es muy duro, y debería estar reconocido y valorado de.muy distinta manera. Teresa.Zamanillo, me duele tu tristeza, has sido y eres referente para tantas profesionales!!!! No decaigas, el enemigo es fuerte, el sistema es duro! Pero hay mucha gente intentando hacer las cosas lo mejor posible. Un abrazo para las dos, compañeras!!!!!

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    1. Karina, pues a mí me ha encantado tu comentario: hay mucha gente intentando hacer las cosas lo mejor posible ¡Ole ole y ole! Besos mil.

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  3. Creo que toda esta carga y presión, debe canalizarse en la supervisión como espacio de reflexión y formación, además de lugar donde poder drenar el dolor que causa el sistema.

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  4. Gracia Belén por el artículo, creo que es muy acertado.
    También opino como Teresa que la supervisión y la intervisión son claves en nuestra profesión para poder abordar nuestro trabajo.
    También creo que potenciar y dignificar roles y funciones de sosten emocional de los equipos de trabajo no debería ser optativo o algo que los profesionales busquemos de forma externa sino que tendríamos que luchar por que fueran nuestros empleadores los que asignarán esos recursos. Esto sería bueno para la profesión en una doble vertiente por un lado habría un profesional que se preocupara de nosotras y como TS nos insertaríamos laboralmente en estos puestos que podemos desempeñar de manera idónea.
    Un abrazo

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    1. "Creo que potenciar y dignificar roles y funciones de sosten emocional de los equipos de trabajo no debería ser optativo o algo que los profesionales busquemos de forma externa sino que tendríamos que luchar por que fueran nuestros empleadores los que asignarán esos recursos" ¡BRAVO, BRAVÍSIMO! Muchas gracias por comentar, este blog se alimenta de opiniones como la tuya. Otro abrazo de vuelta.

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    2. Gracias a ti por visibilizar la profesión y tus inquietudes. Pido perdón porque no se la razón de que el comentario haya salido como anónimo
      Y una petición: me gustaría trabajar a partir de tu articuar con mi alumnado de la familia profesional de servicios socioculturales y a la comunidad. ¿Me permites hacerlo?

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    3. Por supuesto, Miguel. Muchas gracias por tu interés...

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  5. Comparto lo de destacar lo que hacemos bien y reflexionar sobre lo que podamos mejorar y sea menester. Últimamente me toca trabajar con diferentes equipos de trabajo. Observo 4 diferencias, algunos (generalizo) operan desde la queja y el reproche, desde el victimismo y el ataque de quien se sabe maltrada, pero no terminan de dar forma a estos sentires y emociones que surgen de experiencias reales. Una de las cuestiones que trabajo con ellos (vuelvo a generalizar porque hay detalles, ámbitos y matices muy diferentes) es convertir esto en quejas y reclamaciones formales, llegando a proponer cierta disidencia, siendo conscientes de que nuestro papel es intentar que las cosas cambien, podemos influir en ello mediante diferentes recursos (publicaciones, colegios profesionales, foros de discusión, organización de profesionales desde zonas básicas a áreas, comunidad autonóma.... Estado), la decisión final no es nuestra peero el compromiso de cambio está en cada una de nosotras.
    Siempre estimulante leerte, gracias compañera

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    1. "...no terminan de dar forma a estos sentires y emociones que surgen de experiencias reales", esta es la clave y me ha gustado mucho que lo apuntes. Salir de la queja es la gran asignatura pendiente de la profesión. Tus comentarios también son estimulantes, gracias por tus aportes.

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  6. Mil gracias Belén una vez mas por tu acertada y necesaria entrada. Hace tiempo que le doy vueltas a lo de la queja de las trabajadoras sociales de base, a esa ambivalente posición entre la personas y el reconocimiento institucional. Posición a veces refugio, pero que no podemos dejar de mirar. Pues también me cansé de quienes se quejan de las que se quejan, y articulan sobre ello una nueva posición,con rasgos prepotentes. Por ello tenemos que acoger la queja, resignificarla con supervisión, mimos o sonoridad como bien apuntais en este hilo. Un abrazo mimoso. De Lucia

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    1. Gracias Lucía por tus comentarios y por el abrazo mimoso mmmmmmmmm...

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    2. Gracias belen por recoger mi sentir y ampliarlo tan magnificamente. Me encanta leerte.

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    3. Qué va, gracias a ti por mantener vivo este blog y por ser fuente de inspiración.

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  7. Hola Belén, me encanta como cuentas las cosas que sentimos todas y todos. Hoy lo voy a debatir con las alumnas. Por compartir problemas y soluciones. Un abrazo,

    Raúl Soto

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