Ir al contenido principal

Cuando la protección daña (el desenlace)

Con algo de retraso, expongo hoy la continuación del caso que comencé la pasada semana (click aquí). Se trataba de Lola, persona con la capacidad modificada a través de una curatela ejercida por nuestra entidad tutelar. Lola padecía parkinson que desembocó en un síndrome de Otelo hacia su pareja, Amalia.

De entrada, el procedimiento judicial fue muy lesivo para Lola. Su interpretación de los hechos fue que Amalia lo que pretendía con todos esas visitas al juzgado y al forense era divorciarse de ella, por lo que contrató a su propio abogado, que estuvo dilatando el procedimiento años, lo que empeoró aún más la convivencia. De hecho Lola durante un tiempo creyó que estuvieron divorciadas y que Amalia se quedaba en casa porque no tenía dónde ir.

Una vez que se dicta una medida entre los primeros trámites que las entidades tutelares hemos de hacer se encuentra el acceso a las cuentas bancarias, con lo que se bloquea el del resto de personas. Amalia se enfadó bastante al comprobarlo pues desconocía este proceder y que tuviésemos que pedirle cuentas de la economía familiar para rendir cuentas al juez cada año. Nadie les había explicado esto. Javier, el hijo de Amalia, nos llamó muy enfadado también porque no entendía que Amalia no pudiese sacar dinero libremente. Sus palabras textuales fueron ¿Y para esto queríamos ayuda? Mejor nos hubiésemos quedado quietos.

Amalia nos pidió que Lola siguiese teniendo acceso físico a la cartilla pues siempre sacaba la misma cantidad de dinero, así que hicimos escrito al banco para que Lola pudiese continuar los reintegros mensuales (de poca cantidad, porque Lola es muy ahorrativa) y asimismo autorizamos a Amalia, no sin un tremendo lío administrativo, y es que los bancos no están acostumbrados a estas cosas, y menos una sucursal a las afueras de una pequeña capital de provincia.

Sin embargo, lo peor vino cuando Lola fue a recoger una nueva cartilla porque la anterior se había gastado. En la nueva aparecían además de Lola y Amalia ¡tres mujeres más! nosotras, el equipo, porque las cuentas deben mancomunarse a dos firmas del personal del Instituto y debemos incluir una tercera firma por si alguna de nosotras se ausenta del trabajo ¿Quiénes eran estas mujeres? ¿Por qué estaban en la cartilla? El enfado de Lola fue monumental, hasta el punto de que Amalia tuvo miedo de sufrir una agresión. Conste que durante todo el proceso intentamos hacer entender a Lola quienes éramos y lo que sucedía, pero el psiquiatra nos aconsejó que desapareciéramos para no alterar más a Lola ¿Cómo ejercer una curatela desaparecidas?

Al final, no nos quedó más remedio que ejercer una curatela telefónica sin ninguna utilidad práctica y muy perjudicial para Lola, Amalia y Javier. Hubiese bastado con una mayor implicación en el asunto bancario por parte del hijo (en quien Lola confiaba) para adaptar la cuenta a la nueva situación o alguna medida no necesariamente judicial como el patrimonio especialmente protegido. Sin embargo se optó por un procedimiento judicial costoso en dinero y sufrimiento. Estos son los resultados de la excesiva judicialización de la vida y del desconocimiento de muchos profesionales del derecho acerca de la Convención de Nueva York.

Y en un giro argumental sin precedentes, el síndrome de Otelo de Lola ha comenzado a remitir tras recibir tratamiento antipsicótico atípico y ajustar el tratamiento antiparkinsoniano, por lo que hemos pedido a la familia que solicite la remoción de la curatela y la valoración de medidas alternativas que obviamente apoyaremos. Están en ello.


Mäbu & Rayden
La locura

Comentarios