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Llevo limpiando toda la mañana, por Pau Gómez

Hoy cedo este espacio a un compañero, Pau, que se ha puesto en contacto conmigo para compartir una historia dura y tristemente frecuente sobre abuso sexual a menores aparecida en los medios. Quiero, en primer lugar, dejar claro que todo lo que cuenta el compañero ha aparecido previamente en prensa. En segundo lugar le doy las gracias por compartir su sentir y tener la valentía de escribirlo y en tercer lugar me gustaría que esta entrada fuese un acicate para poner en valor el magnífico trabajo que también se hace en servicios sociales comunitarios.

Llevo limpiando toda la mañana, mucho más a conciencia que otras veces, con más detergente, hasta un chorrete de lejía le he añadido al cubo. He notado que me he pasado al ver que casi intoxico a mi familia con tanto olor a aromas artificiales; y es que nosotros somos más de vinagre.

A veces me pasa. Le quité importancia cuando, comentando un caso con una compañera psicóloga, me explicó que la usuaria tenía rituales de limpieza. Entendí que algo así hacía yo; invita a la reflexión personal, a encajar las ideas complejas, a meditar incluso; y a sobrevivir cuando trabajas en los servicios sociales. Vamos, que lo llegué a legitimar como depuración de malos rollos esos días durillos al llegar a casa. Y es que esta última vez venía a casa cargado de narices: rabia, indignación… un sabor agridulce de etapa resuelta pero no. Os sitúo: Hace ya unos cinco años comencé a trabajar con una familia que acudía con una demanda, digamos normal y corriente. Sin embargo fue una de esas familias que esconden secretos, sobre las que las cabezas de las profesionales de los servicios sociales se ponen a formular hipótesis sin quererlo, de forma casi instintiva.

En este caso mi hipótesis se relacionaba con una relación de pareja muy dañada, extremadamente desequilibrada. Aunque cueste entenderlo, hay personas que creen que no pueden separarse si el matrimonio no les satisface. Con tantos secretos como había, el trabajo se centró en generar confianza y un vínculo seguro para apoyar a la mujer.

Fue un trabajo relajado y de esos de granito a granito que desveló (además de otras cosas que no mencionaré) un abuso sexual a la hija menor de edad por parte de su padre. Esos relatos que duelen, con los que te tiemblan las piernas e intentas aparentar seguridad ¡Vaya marrón! Te viene a la cabeza: ¡cancela la agenda!, ¡fuera teléfono!, ¡se acabaron los pañuelos! Expliqué que se trata de un delito y conseguí que ella misma lo denunciase.
  • Obstáculo número 1: Contar la historia a diferentes profesionales (más o menos sensibles). Conocerse de antemano tiene cosas buenas y malas, y te conoces mejor en conversaciones distendidas. Yo aconsejo a todos los profesionales de los servicios sociales mantener este tipo de conversaciones con los diferentes profesionales de los diversos servicios con los que nos toca trabajar, así veremos si nos dan confianza o rechazo. En este caso, dada la gravedad del asunto opté por concertar directamente una cita con la señora jueza. Algo cuidado, respetuoso, sin uniformes, cámaras y armas. Hubo una acogida muy buena, que lo agradezco aún hoy, y en el mismo día se llevó a cabo la declaración de la menor, igualmente cuidada. Se dictó orden de protección y se detuvo al agresor. Hubo algunos problemas que tampoco mencionaré, pero que me llevan a señalar que debería haber oficina de atención a víctimas de delito en todos los juzgados. 
  • Obstáculo número 2: Los servicios especializados. Creo que hay situaciones en las que las personas necesitamos recursos especializados cercanos y cálidos, y si no los hay públicos debería haberlos. En este caso, la atención psicológica se planteaba a muchos kilómetros de casa, sin vehículo propio, en transporte público, lo que supone perder casi todo el día en tránsito y por tanto,impide seguir con la vida cotidiana (trabajar, estudiar, llevar a los niños al colegio…). Además, no se pueden plantear este tipo de acogidas en sesiones de 20 minutos, con tabique de pladur y con mujeres con brazos escayolados y ojos llorosos esperando contigo. Hubo que buscar una alternativa.
  • Obstáculo número 3: la justicia. Después del relato de la menor a jueza, psicóloga 1, psicóloga 2, abogada del recurso especializado que llevará su defensa, equipo psicosocial del juzgado -y sin cuestionar que todas ellas hayan tenido en cuenta la delicadeza necesaria- llegamos a la última batalla: la prueba preconstituída. Esta fase del procedimiento pretende evitar la revictimización (aunque llegue tarde en mi opinión). Así se lo expliqué yo. No fue del todo cierto. Y es que la justicia es algo impredecible, como lo es la vida misma. La inasistencia de una parte provoca que se pueda repetir, y eso pasó. El cómo plantear a la familia que puede haber otra exposición de sus intimidades es frustrante y vergonzoso.
Durante los meses eternos (son más largos, de verdad) que el procedimiento ha durado aparecieron angustias, nervios, arrepentimientos… la familia cambia (“se ajusta”, decimos los del gremio). Los servicios sociales de atención primaria, esos que teóricamente no intervenimos en casos de abuso intrafamiliar, continuamos el acompañamiento y una intervención para aprender a vivir sin una figura de la familia que es el pilar fundamental cual monolito de plaza de pueblo español. Aprender a tomar decisiones, a poner normas, a cuidar y querer bien, a gestionar dinero, a crear un proyecto de vida en definitiva. La reparación del daño se hace en el contexto de la terapia, sin culpabilizar en ningún momento por esos sentimientos ambivalentes hacia un maltratador ¡Es su padre! Y el titular de una hipoteca y el asesor y gestor de las decisiones familiares.

Estoy viendo la serie Creedme por recomendación de la compañera Belén Navarro y me ha tocado muy dentro. Se ha solapado con el juicio final y tengo claro que quiero una inspectora como las de la serie para todas aquellas víctimas de delitos violentos. Hay detrás compromiso, y eso es lo que los servicios sociales hemos intentado ofrecer en este largo proceso. Creo que no ha salido del todo mal.

El resultado del juicio es una reducción de pena de prisión en casi 7 años por atenuantes como reconocer los hechos y reparar el daño. Lo que ha reconocido desde el principio es una agresión sexual a una menor (dejemos los detalles). Y en lo que se refiere al perdón, la religión y el gimnasio ya sabemos que lo perdonan todito todo ¡No me lo puedo creer! ¡Vaya con la Justicia! Me quedaré con el recuerdo de las profesionales que humanizaron durante el proceso el trato a la víctima, que la cuidaron. Gestionar la frustración podría ser el obstáculo número 4.

La conclusión es que en servicios sociales hacemos muchas cosas mal, y con frecuencia vamos atropellados por el ritmo frenético de las urgencias con las que lidiamos, pero en otras ocasiones se intenta acompañar en el dolor y la incertidumbre desde lo más íntimo. Creo que muchas intervenciones salen adelante por ese compromiso del que hablaba anteriormente de los profesionales con las personas usuarias, porque en muchos casos, somos los únicos que sabemos hacerlo y tenemos ese deber. De dolor de tripa a dolor de tripa. Creo que voy a seguir dándole a la lejía unos días más, a ver si funciona contra la impotencia.

Comentarios

  1. Enhorabuena, Pau, por realizar un trabajo tan delicado y valiente en la protección a una víctima tan vulnerable. Y gracias por compartir y poner en valor el trabajo que en estos casos se realiza desde los Servicios Sociales de Atención Primaria, fundamentales para la detección y tratamiento (sí, he dicho bien, tratamiento) de las víctimas. Un abrazo.

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    1. Gracias chino! Es importante ofrecer estos relatos que nos identifiquen como colectivo. Compartimos más de lo que pensamos en atención primaria, y ello favorece nuestra identidad. Con vuestros blogs habéis puesto mucho empeño en ello.

      Un abrazo!

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  2. Excelente Pau, y terrible a la vez. A ver si los que diseñan los planes de atención se dan cuenta de una vez de que los tiempos nonse pueden medir.con bisturí. Que atendemos cuestiones muybdelicasas y situaciones que requieren entrevistas largas. Y que el.vincul no.se crea en 10.minutos. y la crraciondel vinculo
    es nuestro trabajo. Y especialmente gracias por no mirar a otro lado, por acompañar, enfrentar y denunciar. Olé por ti.

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    1. Karina! Qué ilusión que te guste! A ver si nos conseguimos quitar la losa de la tramitación... Cómo dices, esto es trabajo social, y no se consigue encorsetado en citas de 10 minutos. Ánimo!

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  3. Reitero lo dicho paul. Olé por ti y tu trabajo que es o debería ser el trabajo social: estar ahí, crear vínculo , acompañar , seguir, cuidar, mimar...
    Te felicito y animo a contar este trabajo nuestro tan difícil, cercano y único.

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  4. Reitero lo dicho paul. Olé por ti y tu trabajo que es y debería ser del trabajo social: estar ahí, crear vínculo , acompañar , seguir, cuidar...
    Te felicito y animo a contar este trabajo nuestro tan difícil, cercano y único.

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    1. Gracias a tí! Hemos de conseguir equilibrar esa balanza.

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  5. Jo Pau, gracias por poner en valor esta tarea tan fundamental de los Servicios Sociales de atención primaria o generales (según la provincia). Esta es la real tarea que debiéramos dedicarnos. Acompañamos y además tramitamos cosas y no al revés. Has explicado muy bien y claramente la delicadeza de la intervención, de ese acompañamiento tan importante y además las dificultades con los otros sistemas. Estoy con Karina en el tiempo que necesitan los vínculo y lo importante de no mirar para otro lado. Muchas reflexiones me surgen de tu relato. Leer esto me hace sentirme menos sola como profesional, aprender como enfrentarme a situaciones ( ya sabemos que en esta profesión no dejamos de aprender y la necesidad de seguir formándonos para afinar nuestras intervenciones). Gracias a las dos: a Belen por darle voz en tu blog y a Tí Pau, por compartirlo.

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    1. Gracias por tu aportación. Totalmente de acuerdo en el peso de la intervención en nuestro trabajo. Lo demás, aprendiendo a hacerlo mejor cada día. Me alegro que te haya invitado a reflexionar. Un abrazo!

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  6. Pfffff Pau, qué durísimo, qué valiente tu relato y cuánta dignidad se ve en tu forma de ejercer este oficio nuestro. Gracias por compartirlo compañero. Obviamente no es magia, no. Abrazos

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    1. Ania! Un beso muy fuerte. Tú sí que sabes de dignidad!

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  7. Gracias Pau por el relato en el que se refleja tan bien el sentir profesional. Gracias Belén por compartir tu espacio. Puedo entenderte, yo también tengo días que limpio muy concienzudamente cuando llego a casa después de atender en primaria.

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    1. Ana, hay otras maneras de limpiar y ventilar jajaja. A mí, un baño en el mar me lo cura casi todo!
      Un abrazo!

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  8. Muy buen post. Gracias por identificar los obstáculos. Son muy ilustrativos y educativos.

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  9. Muchas gracias por los comentarios alentadores, de verdad que dan fuerza para seguir remando a contracorriente en estos momentos de burocratización y del do it yourself.

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  10. Un relato interesante desde la cotidianidad profesional y el quehacer diario. ¡Enhorabuena!

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